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Primero una
aclaración para que se vea claro al gran milagro a que me
refiero
Me ayuda Lewis con
su libro Los Milagros del que ya hemos hablado en alguna
ocasión. Expone de manera magnífica que el milagro central
establecido por el cristianismo es la Encarnación con la que
Dios se hace hombre. Cualquier otro milagro prepara el camino a
la Encarnación o es su consecuencia. Nos muestra que el
cristiano no sólo debe aceptar los milagros, sino regocijarse en
ellos como el testimonio del compromiso del Dios personal y
único con su creación. El que haya leído al profesor Lewis
conoce su claridad y lucidez, tanto de pensamiento, como de
razonamiento. Desafía a racionalistas, agnósticos, deístas y
escépticos en su mismo campo, y establece los fundamentos para
demostrar la irracionalidad de sus presupuestos.
Si lo pensamos, los
tres grandes milagros a los que nos abrimos o nos enfrentamos de
inmediato son el hecho de la Creación, el de la Encarnación, y
el de la Resurrección. Y es fácil entender lo que nos dice
Lewis de que todo prepara el camino a la Encarnación o es su
consecuencia. ¿Quién es el ser humano para trazar la línea a
Dios de lo que Le es posible o imposible hacer? ¿Que ser humano
puede tener atado y bien atado el poder Dios, el amor de Dios,
la grandeza de Dios, la misericordia de Dios, la paciencia de
Dios?
Pero yo estoy
pensando en el gran milagro que es la conversión humana. ¿No es
el gran milagro, el milagro por antonomasia no que Dios haga lo
que quiere el hombre, sino que el hombre, con su libertad, haga
lo que quiere Dios? ¿Cuando Dios realiza lo que llamamos
milagro, de la índole que sea, no está en la raíz la conversión
del corazón? Cada vez más hemos de penetrar en las palabras de
Jesucristo: ¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? ¿Qué es
más fácil decir “tus pecados están perdonados”, o decir
“levántate y anda” ?
Mi conversión. La
conversión del corazón. Cuando en el interior sentimos lo que
sentimos ante personas que creemos nos han hecho daño, ante
personas que no nos gustan sus juicios sobre nosotros, y a ellas
tampoco les gustarían nuestros juicios, la conversión, la
limpieza de corazón es el gran milagro. Y en realidad eso es lo
que Dios con su “milagro central” quiere de nosotros. Ese es el
milagro que realmente cada uno cada uno necesita. Buscad el
reino de Dios y su justicia y lo demás se os dará por añadidura.
Me ha hecho mucha
impresión la frase de Jesús en el Evangelio de Lucas cuando está
advirtiendo de manera fuerte a fariseos y escribas: Con todo,
dad limosna de lo que hay dentro, y lo tendréis limpio todo. Dad
limosna, dad lo que se da a cambio de nada. Limosna es dar lo
que es bueno para el otro, lo que el otro necesita y de manera
gratuita. Esto es entrar en la dinámica de Jesucristo, el amor.
Y lo tendremos limpio todo. Es la constante llamada de Jesús al
gran milagro que nos puede acontecer en la vida: la conversión
del corazón, la limpieza de corazón en nuestras relaciones y
actuaciones. Y lo de siempre, no está nuestro mal en lo que nos
viene de fuera, sea los que sea, injurias, incomprensiones,
daños, sufrimientos, sino en nuestro interior. “Con todo, dad
limosna de lo que hay dentro y lo tendréis limpio todo”. La
raíz de todos nuestros problemas, de todas nuestras tristezas,
está en nosotros mismos.
En el libro de Jose
María Cabodevilla La Jirafa tiene las ideas muy elevadas, uno de
los monólogos de Javier Montesinos Olcoz, el viajero del tren en
el trayecto de Madrid-Barcelona, está centrado en torno a “el
milagro”. Y una reflexión suya es: la esposa de un jubilado en
situación económica nada brillante, que no puede permitirse
ningún gasto extraordinario, ha decidido peregrinar a Lourdes en
busca de salud. Un día antes de partir, renuncia al viaje por
amor a su marido ¿no es esto un verdadero milagro? ¿Qué es mayor
milagro que un enfermo sepa con fe, y hasta con alegría, aceptar
su dolencia o ser curado milagrosamente?
Por cierto cuenta
algo graciosísimo. En una oficina de correos de Valencia se
recibió una carta con este destinatario: “S. Antonio de Padua en
el Cielo”. Y no se sabe bien si por curiosidad o por ver si
había más detalles sobre lo que se quería, el empleado de turno
decidió abrir el sobre. La carta venía firmada por un obrero en
paro, el cual pedía al santo 10.000 pesetas que necesitaba
urgentemente. Allí mismo los empleados de correos hicieron una
colecta y recogieron 8. 000 pesetas que acto seguido fueron
enviadas al remitente. Días más tarde llegó otra carta con la
misma dirección y la misma firma, decía: S. Antonio bendito, ya
sabía que tu me ayudarías, pero ten cuidado otra vez que te
pidan dinero, porque en Correos se han quedado con 2.000 pesetas
de las 10.000 que me enviaste” Tengo que acabar ¡la de cosas que
podríamos comentar del milagro que hizo S. Antonio por
delegación¡
Vuelvo al inicio, a
lo que es la raíz de todo en mi vida: el gran milagro es que yo
me convierta, que quiera a los que no me quieren, que ame a mis
enemigos y ore por los que me persiguen y calumnian, que no haga
frente a los que me agravian. Al contrario si uno me azota en la
mejilla derecha, que le presente la izquierda…Sí, son las
palabras de Jesucristo: el habéis oído que se dice…pero Yo os
digo.
¿Cada uno sabe cuál
es el gran milagro en su vida? Otra vez las palabras de
Jesucristo, que Dios quiera empiece a vislumbrar: con todo, dad
limosna de lo que hay dentro y lo tendréis limpio todo.
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