Sólo, amarillo y sediento de vida, mirabas volar las golondrinas. Para ti eran flechas que pasaban y no te herían Brillan los aceros al aire descargan su furia latente ¿Contra quién?, contra nadie, o quizás, contra espíritus invisibles que dañan, atemorizan y huyen cobardes a esconderse lejos del hombre valiente, entre las faldas del viento, entre las risas de muertos, detrás de muros caídos, y dentro de hombres violentos. |