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Luis Javier Moxó Soto

 

 

"ESTAR O NO ESTAR... CONECTADOS"

Es un auténtico fastidio no poder disfrutar, a casi cuatro meses del cambio de domicilio, de una serie de comodidades o posibilidades a las que me había acostumbrado, y que, por ello, consideraba obvias e imprescindibles: el teléfono fijo, la conexión a internet mediante tarifa plana o algo así,... No es pijismo, aunque suene a eso. Reconozco que puede haber a quien no le importe esto. Incluso podría sonar a cierta "liberación"; lo de estar desconectado, pero no es así
realmente. Vivimos en un mundo conectado, globalizado, comunicado,... unido.

Y se trata de estar o no... conectados a esta cultura que nos ha tocado vivir, que somos, que nos afecta. O, por el contrario, permanecer de forma retrógrada o inmovilista en una situación desconectada, desligada,... Parece ser que poniendo unos catorce kilómetros por medio entre nuestra anterior casa, en la ciudad, oscura (de un bajo, con necesidad de mucha luz artificial) y pequeña (piso, menos del doble de espacio,...) y ésta nueva (de pueblo, pero nueva, un chalet muy luminoso, acogedor, adosado,...) tuviéramos que "pagar" esas incomodidades. Y es que uno se acostumbra a lo que tiene. Antes, nos conformábamos más.

Sí, porque hemos estado unos doce años en la otra y parece cómo si hubieran pasado rápido. Ahora estos meses sin esa comunicación, necesaria para poder publicar aquí, se me hacen largos, muy largos, contando cada día la falta de una comunicación mayor. No sólo mediante el teléfono e internet, sino a través del correo, pues entre ayuntamiento y oficina postal nos tienen ignorados. Y todo porque no ha habido aun un sustituto para un señor que se dedicaba a hacer las chapas de las calles cayó enfermo hace un año.

Así, aprovecho cualquier contacto con un equipo conectado para ponerme un poco al día. Aunque sea, como ahora desde la biblioteca popular de mi pueblo. Por tanto ahora estoy conectado, sí, pero no del todo, no desde casa, que es desde donde realmente uno puede estarlo. Porque uno está unido a aquello que le es propio. Ahora lo mío es escribir e interpelar un poco.

Estar o no estar... conectado. ¿Usted lo está realmente ahora? A internet sí. Pero me refiero al tipo de uniones y comuniones que a usted le aseguran una cierta pertenencia. Si es cristiano, y más si es católico, le felicito, pues ha venido a parar a un blog que se considera así.

Sin forzar mucho esta reflexión sobre nuestras conexiones, comuniones y pertenencias diría que algunas veces creemos estar o pertenecer a algo cuando realmente no lo estamos de verdad, en nuestro interior, de corazón.

Pero de verdad, de verdad, ¿lo estamos? ¿los que decimos ser cristianos, y católicos, no hemos de hacer constantemente un ejercicio de purificación en caridad para mejorar nuestras actitudes por unas de mayor respeto y amor verdadero, en esperanza por adquirir mayores certezas de aquello en lo que creemos, y en fe para afirmarnos con más seguridad en lo que Jesucristo a través de su Iglesia nos ha prometido? Y ¿qué pasa cuando no se corresponde nuestra acción, intención y reacción, cristianas, y en ese proceso de cambio, superación y purificación, con la interpretación que hacen de nosotros los demás? ¿qué hacer cuando nos malinterpretan, insultan, atacan y denuncian públicamente? Todo menos callarnos, porque analizamos que estos barros tuvieron sus lodos, que ya vimos antes en la historia hace tiempo. El anticlericalismo volteriano, lo
recordaba un conocido compañero a través de la radio, hoy se asoma de nuevo después de casi más de quinientos años. No nos asombremos tanto. Las ideologías totalitarias pretenden surgir de nuevo queriendo aplastar las dignidades y derechos personales reconquistados relativamente hace poco, unos sesenta o setenta años. Es la repetición cíclica de la historia que no se acaba de aprender, porque no conviene hacerlo, pues así se manipulan mejor los ciudadanos para papá poder, llámese Estado (o Gobierno). Las estadísticas ni el consenso son ni pueden ser fuente de verdad para nadie.

Aunque cuando faltan los más elementales principios de dignidad, valor y decencia humana a cualquier cosa se le llama referencia y modelo. Lo estamos viendo estos días los cristianos muy especialmente con las maniobras políticas de captación de votos y de distracción hacia temas en
los que se pretende, igualmente y una vez más, la manipulación política, la censura a la libertad religiosa de la Iglesia católica, sin conseguirlo en absoluto.

Sin pronunciarnos a favor de esta o cual ideología, de tal o cual candidato, porque nos caiga mejor, más o menos respetuoso, que vaya más o menos con nuestras ideas. De verdad, ¿qué es lo que me importa de los políticos? ¿que gestionen bien la cosa pública? ¿que haya libertad y derechos para todos? ¿que no se metan donde no les corresponde (p. ej. en la educación de los padres)? ¿que no se pongan a impartir o cambiar leyes sin verdadera demanda o necesidad social?


De verdad que son temas fundamentales, que no se corresponden con ninguna sección ni ultra ni conservadora (ni neoconservadora) de ninguna facción de ninguna iglesia, ni siquiera de ningún partido político. Revisemos bien y veamos cómo entendió los siguientes conceptos y realidades la Iglesia desde siempre, antes de lanzarnos a decir que su interpretación ha variado tanto, o que actualmente hay tanta discrepancia entre los obispos de la Iglesia en España. Realidades como: persona humana portadora de dignidad, derechos y obligaciones; defensa y respeto a la vida humana desde su concepción hasta su fin natural; libertad de expresión religiosa –para todas las religiones-; aceptación y respeto para todo tipo de personas; acompañamiento en el discernimiento del amor de pareja, y apoyo de la realidad matrimonial y familiar, especialmente en momentos de crisis y separación;... y, sobre todo, Jesucristo, el centro de nuestra vida que da sentido a todas estas realidades, desde el que éstas se iluminan. Así, sólo así, desde la Iglesia que nos muestra a Jesucristo podemos ver que Su amor, como la vida, nosotros disfrutando de ella y viviendo su realidad, dando gracias y pidiendo, intercediendo unos por otros, poniéndonos a Su servicio,... así podemos ser auténticamente felices, aquí y allí, para siempre.

No es otro el mensaje de siempre de la misma Iglesia. Sí, y pese a quien pese. Ésa, la de Pedro, Juan, Santiago,...Pablo,... Benito, y luego Juan XXIII,..., y más reciente Juan Pablo II y Benedicto XVI. Hoy somos unos mil millones de personas en todo el mundo, sí, es verdad, cada uno de nuestro padre y nuestra madre, pero en comunión, diversos pero unidos, por obra del mismo Espíritu, y caminando a una fraternidad aún mayor, ecuménica, en Jesucristo. Y ésta Iglesia es una, sí una, aunque nos pudiera parecer a veces increíble. Una en su origen, una en su dimensión,
una en un sólo corazón y sentir, una en el amor. Y esto escandaliza porque no se llega a creer del todo, porque no se cree ni se comparte por quien dice estar y realmente no está dentro. La Iglesia en España no es jerarquía por un lado y fieles por otra, no es así. No es que estén veinte obispos por un lado y el resto por otro. No es así. Y no es así porque haya un sector carca o neoconservador que lo diga, sino porque esa es la verdad de la identidad de la misma Iglesia, esté en España o en Sebastopol. Si no, no sería la Iglesia, sería otra cosa si no hubiera ni tuviera comunión y unidad. No se da oposición en grado tal de confrontación, ni se dan campañas para conseguir determinado poder o influencia social.

Estar o no estar conectados, ser o no ser, he ahí la cuestión, he ahí la comunión y la unidad. Y para esto uno ha de fijarse en la oración de Jesús. A mí siempre me ilumina mucho pensar así. Que todos sean uno. Y lo pido también para los que se creen católicos y realmente no lo son. Si son sinceros consigo mismos deberían repetírselo frente a sí mismos, para que no digan: “es que esta Iglesia que sale por Cibeles manifestándose a favor del derecho de educación de los padres, o en Colón a favor de la familia no me gusta...”. ¡Que no! Digan más bien: "La Iglesia no me gusta". Es más honrado, de verdad. Y además así no confunden a nadie. En la Iglesia no se está por estar ni por figurar hoy en día. Hoy se trata de un compromiso. O estamos o no.

Acerca de ser Iglesia o no, es decir, de estar o no conectados o no con la unidad y comunión con Jesucristo, pongo el ejemplo de las primeras comuniones (en muchos casos últimas). ¿Cuántos padres y madres desean que sus hijos realicen el fiestorro, las fotos, los regalos,... bajo pretexto de hacer la comunión? Pues lo mismo. Que muchos niños y niñas, junto con sus padres, reciben la comunión sin estar en comunión con la Iglesia real, la de cada día y fin de semana, la de la parroquia del barrio o pueblo, en absoluto. Y, en la mayor parte de los casos no hay segunda comunión.

Pienso que incluso porque ni ha habido primera realmente. Esto es un auténtico escándalo, utilización de la fe, atropello a la religiosidad auténtica. Y seguimos tragando. Creerse que uno es católico, o como poco cristiano, no significa que lo sea o esté realmente, si no está en comunión de lo esencial. No hay una Iglesia católica paralela de progresía light frente a otra carca y retrógrada. ¡A ver si se enteran de una vez! Procurar valorarlo todo y quedarnos con lo bueno. Eso es. Pero no a costa de cualquier realidad, que luego se nos quiere poner de referencia y ejemplo para una pretendida permisividad o tolerancia, llámese identidad de género, interrupción voluntaria del embarazo, matrimonio homosexual, divorcio exprés, educación para la ciudadanía,... o como quieran llamarlo. No nos engañan. No están conectados.

Los ciegos no guían, los engañados engañan, los falsos falsifican, los destructores destruyen, los alejados alejan,... ésa es la verdad, y solita está saliendo, sin pretender nada más. Porque, por más que les pese a algunos, la verdad, es decir, Jesucristo, nos hace libres y no, nunca, viceversa, como decía ZP: Sólo la libertad nos hace verdaderos. ¿Verdaderos qué? (sin comentarios)

 

LA DEFENSA DE LA VIDA POR ENCIMA DE LA DE LAZOS, BANDERAS, MONUMENTOS, PALABRAS, INSTITUCIONES Y PARTIDOS

La defensa de la vida no tiene que ver, en el fondo, con ninguna sigla política ni con nada más que con la esencia de nuestra humanidad: origen y destino común de un pueblo, el nuestro, que podría vivir con más paz hoy en día.

Siempre será mucho más importante la vida y sus valores que el signo, nombre,... de la persona, partido o institución que las defiendan. A mí me parece que es absurdo y necio pensar lo contrario. Y cuando se da más importancia o trascendencia, en este caso al mensajero que al mensaje, se pervierte éste último. Tendemos a politizar y a agrupar dentro de nuestro prejuicio según quien diga tal o cual cosa, aunque sea verdadera.

Porque en el fondo qué más me da a mí o a usted quien sea el que diga lo que sea si su palabra en este caso y sobre este u otro tema son verdaderas. Pues no señor, porque es tal o cual persona, y porque pertenece a esta u otra institución, o porque me cae así o asá, no lo acepto (o sí). Nada más falso que juzgar la verdad por quien y cómo la dicen, dejando a un lado lo que se dice, ya sea en forma de anuncio o denuncia.

Estoy convencido que defender la vida, desde el primer instante en que ésta se verifica hasta su fin natural, es anterior a cualquier palabra de nadie, a cualquier color, a cualquier bandera y a lo que diga o deje de decir ningún político o quien sea. Es el VALOR de los demás valores.

Pretender politizar todo es el síntoma de una gran decadencia. Hay valores que a estas alturas no deberíamos de discutir sobre su veracidad, autenticidad e importancia. Hay valores que no deben ser exclusivos de ningún programa, sino de todos, es totalmente absurdo y sin sentido. Respecto de la vida, no se entiende que se hagan recortes o .apaños. a su derecho, o se despenalice en determinados casos su agresión o vulneración.

Hay quienes defienden la vida, la paz, la seguridad, la educación, ... y no por ello están en contra de ningún partido y a favor de otro, si no que habría que percatarse sin ningún tipo de prejuicio (examinémonos todos bien de esto) si acaso aquello que anuncian o denuncian estas personas, estén donde estén y formen parte o no de la institución que sea, están más a favor que en contra de nadie.

No creo que a quien cree y defiende firmemente los valores, el primero el de la defensa de la vida, le guste politizar o que le politicen sus palabras o discursos.

¡Qué casualidad que sea la Iglesia Católica la más atacada ahora también porque tenga que sacar las castañas del fuego .sociales. (que no políticas, no nos confundamos), acerca de la defensa de la vida (y de los demás derechos humanos), en estos últimos tiempos y no lo hagan quienes les corresponde en primera instancia y en todos los casos!

¿Faltan políticos y gobernantes de verdad (no sólo con "carisma" de buena imagen u oratoria) y que lleven  a la verdad común, que no confundan y no sean confusos hasta para los de su propio partido y votantes? Más bien no hay pactos ni consenso cuando quienes les votamos lo esperamos de corazón. Más bien les vemos enfrentarse, darse la espalda y discutir insultos contra insultos. Eso no es lo que espera el ciudadano, contribuyente, o votante medio. Como tampoco es cierto que todo se resuelva en elegir entre una y otra lista cerrada de candidatos, cada vez menos representativos de la voluntad popular, cada vez menos soberana de hecho.

Y es que todos, en el fondo, y pese a nuestras diferencias y pasividades, estemos en el lugar ideológico o político que estemos (que eso en el fondo es lo de menos), no queremos contentarnos con lo menos malo, sino con el bien mejor para todos, el bien común, que no vemos manifestarse por muchos lugares en el espacio público, sobre todo actualmente.

Menos mal que a los cristianos (sí, cristianos, de cualquier adscripción política) nos queda el consuelo de saber que la vida, siempre brota, emerge, vuelve a su cauce, por mucha distracción, desviación o mordaza política, o de cualquier otro tipo, que se le pretenda poner encima. Y quien pretenda retrasar su avance tal vez acabe derrotado por su imparable energía.

A la vida (lo sabemos muy bien los cristianos, o debiéramos recordárnoslo) no se la puede detener, ni maltratar ni derrotar impunemente, porque su Autor ya venció en Sí mismo todo lo que pretendía aniquilarla, someterla, ..., pues matando la muerte y al mentira nos dió la Verdad y la Vida.

Pero eso, que sabemos que es cierto, es un .ya sí pero todavía no. que veremos cumplirse poco a poco, pero lo veremos. Ya se cumplió en ÉL y se va haciendo en nosotros en virtud de Su Gracia. El hombre viejo va muriendo y el nuevo, en Cristo va creciendo. Donde abundó la mentira, la desobediencia, el pecado, la muerte, sobreabundará la Verdad, el abandono en Dios, la Gracia, la Vida,...

Y para conseguir el triunfo de la paz y de la vida, como el de la justicia y la verdad no hagamos caso de quien diga que tengamos paciencia que el camino es difícil o que está aquí o allí la salvación de todos los males, pues donde hay que empezar es por uno mismo.

Cuando yo y tu, y el otro, y ése que piensa tan distinto de nosotros en política, religión o en lo que sea, estemos dispuestos a ver la vida como lo más digno de ser valorado y defendido, entonces la paz vendrá sola y sin dificultad, la verdad nos hará libres (no al contrario) y la justicia dará a cada uno lo suyo.

¿A qué esperamos para salir en defensa de la vida, de la nuestra y de la que están con nosotros en este mundo cada día? Seamos conscientes de lo mucho que nos jugamos: el futuro en paz de nuestros hijos, de nuestro mundo. ¿Quién quiere parar ya de una vez la violencia dándose cuenta que sólo el perdón, la reconciliación, puede traernos la paz de Dios y hacer que vivamos en paz entre nosotros?


 

CUESTIÓN DE COHERENCIA VITAL, NO SÓLO INTERNA

Cuando hacemos una observación o juicio de algo o alguien, ¿nos paramos un momento antes a pensar si estamos implicados de alguna manera, si estamos cumpliendo, evitando o cayendo en lo mismo que analizamos o criticamos? Sí, por mucho que nos cueste reconocerlo, algo de parte tenemos en lo que sale de nuestra cabeza, corazón y manos. Y no estamos tan alejados de lo
que otros piensan, sienten y hacen. Sean quienes sean. En los demás estamos y ellos en nosotros, de alguna manera.

Ser y obrar con los demás como esperamos que sean y nos traten desde luego es algo esperado y practicable por todos. Pero la coherencia o correspondencia entre lo que decimos pensar, valorar, creer y lo que al final vivimos y expresamos ahí se juega, en un ámbito a veces adulterado con un filtro o cliché que tenemos o tienen los demás de nosotros, más o menos acertado.

¿Quién puede decirse del todo coherente, sincero, transparente entre lo que dice que es o debe ser y lo que comunica o expresa hacia el exterior? Las palabras y gestos de quien se dice coherente, en todo caso, no lo son en virtud de su propia integración personal, sino sobre todo en función de su grado de afianzamiento a una verdad objetiva, trascendente e interpersonal, social, que constantemente sea una referencia de conversión, de rectificación, depuración o perfección (aunque ésta última palabra esté hoy en día bajo cierta sospecha).

Y es que esa constante depuración es necesaria para todos. La raíz de la misma es nuestro desconocimiento: muchas veces no sabemos bien lo que pensamos, sentimos y hacemos. Por eso nos equivocamos. Por eso no actuamos bien. Por eso no somos coherentes del todo. Por eso la coherencia es un don y hay que pedirla y mendigarla cada día. Se trata de ser en el Ser, de ser luz en la Luz, de ser y estar en la Vida, ser destello de la Verdad.

Sólo sabiéndose parte de Dios, dependiente de Él y necesitado de amarle y unirse a Él, uno puede aspirar a la perfección, que no es otra cosa que la felicidad. Porque lo más coherente, en el fondo, es ser felices, veraces, auténticos, nosotros mismos, hijos del mismo Padre y por tanto hermanos entre nosotros, que para ser salvados de la mentira, del sufrimiento, de la muerte, de todo lo que nos limita, hemos sido hechos y para eso se nos ha dado la vida. Demos importancia a la coherencia en nosotros, a enseñar con el ejemplo, pero más aún permitamos que la Vida, el Ser, la Verdad crezca y se desarrolle en la nuestra, y la perfeccionen y re-creen en cada instante.