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En Puntos de vista | Jesús Fuentes Lázaro hoy 

redacción
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TORNERÍAS

JESÚS FUENTES LÁZARO  

 

PASÓ LO MALO, SE ACERCA LO BUENO
 

Tras el discurso de la Sra. Cospedal en el debate de la Región, se da por finalizado lo malo y se anuncia, como en una nueva parusía, el comienzo de lo bueno. Todo es cuestión de lenguaje e imaginación. El año que viene será mejor que el pasado. El siguiente mucho mejor y llegaremos al año de las elecciones autonómicas en el que el paraíso estará a la vuelta de la esquina. ¡Aleluya!
Aunque analizado someramente lo dicho, nada es nuevo. Se ajusta a las instrucciones de cualquier manual de cómo conseguir olvidar la realidad, esa que le impide a Rajoy cumplir su programa, para adentrarnos en los universos de la ficción, en los que son especialistas los comunicadores del PP. En la política, entendida a la manera del PP, lo que importa no es la gestión de la realidad, sino la gestión imaginaria de una realidad imaginada. Resulta más agradecido inventarse una realidad y gestionarla que manejar la que existe.

Mientras tanto, en este año perdido por la herencia ajena y la incapacidad propia, en la realidad real se ha destruido empleo y se ha incrementado el paro hasta cifras, años antes, impensables. La sanidad pública actual ya es bastante peor que en meses pasados, las listas de espera se disparan a fechas insoportables, cada vez los servicios se deterioran un poco más, se masifican las consultas y las soluciones que se ofrecen es reducir personal o cobrar a los sin papeles. Las ayudas a las personas dependientes se han reducido y a nadie le interesan las tragedias que se producen en las familias de los afectados. ¿Qué decir de la educación, de la Universidad, de la investigación? La realidad diaria de la Región ha empeorado objetivamente.

Pero volvamos a la ficción. Ante nosotros se perfila un futuro fantástico. Sólo hay que tener fe, esperanza y no pasarse con la caridad, que no están las cosas para alegrías. En ese nuevo tiempo todos seremos emprendedores y nos emplearemos, por ejemplo, en la economía del vino. ¡Tiembla Rioja y Ribera del Duero! Nuestros caldos servirán para “euforizar” (para no emplear “emborrachar”) al mundo. Lo mismo sucederá con el turismo. Los nativos tendrán que salir de sus lugares para dejar espacio a tanto turista. ¿Y qué decir de nuestros productos agrarios? Se liberara suelo para que junto a cualquier plantación se pueda instalar una planta de transformación agraria. Campo e industria marcharán de la mano, como en un sueño arbitrista. Aunque, recurriendo a la memoria, esta ficción es antigua, muy antigua. Anterior a que Castilla-la Manchase organizara como Región.



¿QUE HERENCIA QUERÍAN?
 

Situémonos en una cuestión absurda, aunque últimamente la política local y regional están plagadas de situaciones absurdas, a la que tampoco escapa la política nacional. El asunto no es otro que el recurso del PP, confuso, reiterado y aburrido, a la herencia recibida, para “blanquear” la propia incompetencia. Lo aceptado en política es referirse a lo mal que lo hace el adversario, para justificar lo bien que lo hacemos nosotros. Hasta aquí, normal. Pero nos supera, y supera cualquier situación de lógica no enfermiza, la alusión permanente a la herencia. Incluso empleada como amenaza contra la oposición. Si mantuviéramos esta lógica, de lo que se trataría es de que la oposición, en lugar de controlar y elaborar alternativas creíbles, dictara al gobierno de turno la herencia que tendría que dejar en el momento que perdiera las elecciones. Absurdo, ¿no es cierto?

¿Qué herencia hubieran querido que les dejaran? Porque si hacemos caso a las actuaciones del PP, no le viene bien que haya hospitales públicos ni centros de salud con estándares de calidad homologables a Europa. Ni le viene bien una educación pública para todos, no segregacionista, ni elitista, sino integradora y plural. Tampoco le gusta la Universidad. Ni que se atienda a las personas dependientes para que nadie pierda jirones de la dignidad a la que tiene derecho, más allá de su fortuna personal o familiar. No le cuadra que existan buenas carreteras, mejores comunicaciones por tren, polideportivos, ni centros cívicos. Ni tampoco que se incremente la inversión en cultura o en investigación o en el uso de nuevas tecnologías. Les descoloca que se destinen fondos al medioambiente, cuando para ellos el cambio climático es un cuento chino (Aznar dixit).

Han heredado instalaciones, prestaciones de servicios, personal, infraestructuras, edificios que hay que terminar, mantener y gestionar y esto no luce nada o casi nada, es verdad. Hubiera sido preferible dinero para distribuir y gastar en lugar de inversiones financiadas, como es lo habitual para los gobiernos, con préstamos ajenos. A los políticos se les juzga por lo que hacen, ha dicho Feijoo. O sea, no por los resultados de una contabilidad más que sospechosa o para retroceder en oportunidades, derechos y progreso a costa de llegar a cumplir un objetivo tan discutible y cuestionable como el déficit cero. ¿Cuál será su herencia, cuando les toque abandonar el gobierno?



HACIA EL RESCATE
 

Se equivocan quienes creen que Castilla- la Mancha no debería recurrir al Fondo de Liquidez Autonómica. Se equivocan también quienes, escondidos tras un burdo tacticismo, no lo dicen abiertamente, cuando se sabe – hasta Rajoy lo conoce – lo que pedirá cada Comunidad Autónoma. Sería un error mantener la indefinición actual, máxime a raíz de los últimos virajes: el de Valencia y el de Cataluña. Antes que solicitara la ayuda Cataluña podrían caber dudas sobre las implicaciones de un posible rescate. Tras su petición, no recurrir a este Fondo será un dislate. Para ello hay que entender cómo, presumiblemente, funcionará el invento.

La solicitud de Cataluña – aún con actitudes dudosas o precisamente por eso – abre paso a que el concepto “rescate”, tal como le han presentado hasta ahora, pierda sus connotaciones de supeditación y cesión de autonomía, para convertirse en un Fondo extraordinario y excepcional para las CCAA. El mecanismo ya funcionó en distintas ocasiones con los Ayuntamientos. El recurso al Fondo se asimilaría a una de esas operaciones periódicas que acometieron diversos Gobiernos para aminorar los déficits de los entes territoriales. El “factor catalán” es lo que introduce matices esenciales en el Fondo de Liquidez Autonómica. Así que es el momento de que, una vez más, el “café sea para todos”. La asimetría, por ahora y en este aspecto, no debe funcionar. Un poco más allá ha ido Valencia, cuyo Presidente pretende chalanear con las asignaciones de ese Fondo.

Hemos entrado en un escenario en el que lo pragmático consiste en participar en el Fondo de Liquidez Autonómica y exigir, desde unas posiciones de izquierdas, que no se desmonte el actual estado del bienestar; ni se continúe el deterioro de la sanidad hasta concluir en su privatización; que se elaboren y se presenten proyectos de inversión que dinamicen una economía, como la de Castilla-la Mancha, en estado catatónico; que se incrementen los recursos en economía productiva, investigación, formación, cultura, energías renovables y medioambiente. Este debería ser el marco del rescate. Por cierto, no muy distinto al de la Política y diferente al de la gestión aseptica.

 

ALANCEAR A LA BESTIA

Con el lenguaje gélido y enrevesado de un Reglamento – el Decreto 131/2012, de 21 de agosto – en Castilla-la Mancha se viene a regular una práctica salvaje, arcaica. ¡Qué digo arcaica, mejor, mítica! Es la caza del jabalí con lanza. Lo más semejante a una moderna reencarnación de San Jorge, esta vez con casco y móvil en el bolsillo, y el alanceamiento de un dragón plurimorfo.

Y es que, como algún consejero/a debiera declarar, esta es una tierra conservadora y recia que no podía dejar que se perdiera esta modalidad cruel de caza. Simboliza, por otro lado, una forma de entender la política: recuperar el pasado, por muy absurdo que pueda ser, sin descuidar el presente. Un presente que está plagado de parados y que la caza puede contribuir a paliar. Por cierto, y puestos a crear empleo con el pasado, se podría recuperar el trabajo de inquisidor, o de familiar de la misma, o golilla de las huestes de la Santa Hermandad para colaborar con ASAJA en su empeño contra los ladrones del campo.

La reactualización de una práctica tan brutal corre el riesgo de su trivialización por el periodismo enemigo. Así que no nos dejemos llevar por la superficialidad de un izquierdismo buenista, defensor de los animales, y centrémonos en los contenidos ocultos y cultos de la cuestión. Cazar a la bestia, tras el acoso de hombres con lanza, nos retrotrae a uno de los más ancestrales rituales de la humanidad. A aquellos tiempos de brumas incesantes y caos ontológico en los que el lobo, el oso, el dragón o el jabalí suponían la representación zoomórfica del maligno. Seres concebidos en los fondos del averno por ingenieros diabólicos para desgarrar vidas humanas. Para combatirlos surgieron unos pocos caballeros – con grandes fincas y recursos dinerarios importantes- y librar así al pueblo llano de aquellas criaturas infernales. Más tarde, con la liberalización de las costumbres, a mujeres, preferiblemente doncellas que, “sí o sí”, pronto dejaban de serlo.

Es esto, aunque los legisladores lo ignoren, lo que Castilla-la Mancha recupera ahora en ese Reglamento de caza. Pero, además, la sangre vertida alevosamente de los jabalíes alanceados en las grandes fincas de La Mancha, servirá en el presente para redimirnos de pasados errores. Las diversiones de los ricos siempre tienen efectos sobre los pobres. Son los albores de nuevos tiempos.

 

LAS VALLAS DEL CONGRESO

¿Qué ha pasado en la política española para que los representantes de los ciudadanos se tengan que proteger de quienes les votaron? ¿Qué ha pasado para que el Congreso, al que los ciudadanos se acercaron, tras el golpe de Tejero, para defender la democracia, ahora tenga que estar rodeado de vallas? Algo seguramente, y muy profundo, ha cambiado en la política y en la percepción que de ella tienen los ciudadanos. No es que una y otra vez las encuestas descubran la desconfianza hacia los políticos, es que un resorte más íntimo y crucial se ha disparado en el interior de quienes, tal vez de manera ingenua, creyeron en la política como instrumento de gestión de sus problemas.

Mal asunto, y para la reflexión, es que, cuando han aparecido los problemas serios, los representantes de los ciudadanos hayan optado por protegerse de ellos. Algunos, dicen, se manifiestan con agresividad. Se escenifica con vallas metálicas la brecha sicológica entre unos y otros. La cuestión, sin embargo, es lo que vendrá a continuación. ¿Caminamos hacia una atomización y dispersión de la representación política que haga imposible el pacto y el acuerdo para salir adelante?

Este sería un buen momento – la profundidad y persistencia de la crisis lo posibilitan – para que los políticos actuales hicieran variados ejercicios de humildad e inteligencia. Ejercicios que pasan, primero, por volver a encontrarse con los ciudadanos, escucharles y explicarles. Segundo, apostar por una reconstrucción de la imagen exterior de España, pero también de su economía real en el interior. Hubo un tiempo que, casi con todo en contra, fue posible. La emergencia no era igual, pero exigía la misma decisión: reforzar la democracia. A la apuesta se le llamó, en su momento, Pactos de la Moncloa. En el compromiso estuvieron todos. Cada uno cedió en su parte correspondiente. Y los ciudadanos los agradecieron. En las siguientes elecciones optaron por más democracia.

Ahora corresponde formalizar una apuesta similar. Se llame como se quiera y se configure con el formato que se quiera. Eso sí, la apuesta implica más democracia ética y ejemplar y más Europa. Una forma de acabar con las vallas que aíslan a los Diputados elegidos de los ciudadanos electores.

 

OPOSICIÓN Y RELATO

No es suficiente para ganar unas elecciones el descontento de la gente. Se necesita un relato. La oposición tiene que proveerse de un relato que resulte creíble y algo fiable. No disparatado como la “insumisión democrática” de Cayo Lara. Lo cual no es fácil, dado que ya nadie cree en nada ni en nadie. Tampoco es necesario que sea un prodigio de literatura política. Basta con que genere un poco de esperanza. Los ciudadanos tienen que atisbar, aunque sea ilusoria, la posibilidad de que algo puede mejorar.

El PSOE se engañaría si se conforma con el descontento de los ciudadanos y el desgaste feroz. Estos pueden estar hasta las narices y, cuando llegue el momento de votar, tapándose las ídem, elegir a los mismos contra los que se han manifestado. Máxime si carecen de perspectivas de otras opciones. Son numerosos los casos de política práctica que avalan este fenómeno.

El PSOE viene obligado a diseñar la narrativa de lo que haría en caso de gobernar. El relato que ofrezca a los ciudadanos debe disponer, al menos, de dos partes esenciales. Una, que los ciudadanos se convenzan de que es preciso cambiar, porque con los actuales gobernantes resulta imposible desembocar en algún punto de tierra firme. Dos, que las medidas que se le presenten, en un porcentaje razonable, son factibles. Ya no valen las generalidades de los ricos contra los pobres ni otras demagogias seudoizquierdistas, porque diferentes gobiernos socialistas dilapidaron ese capital. Tampoco vale el recurso a la trayectoria histórica, la fe o la confianza, menos la invocación a los milagros, porque ya nadie recuerda la Historia, espera milagros ni cree en las virtudes, sean estas capitales o teologales. Quien más, quien menos, excepto los fanáticos incondicionales – con esos no se ganan elecciones – han experimentado más de una decepción. Y nada más hostil que un votante decepcionado.

Pero que nadie se engañe: construir ese relato no es algo que se pueda hacer en dos días. Y menos que cale en unos ciudadanos que aún tienen frescos los desastres anteriores. Ni lo puede hacer cualquiera. Es tan complicado como que vuelva la burbuja inmobiliaria

 

NO HUMILLEN A LOS CIUDADANOS

No tendrían que engañar a unos ciudadanos que no tienen más alternativa que, de buena o mala gana, hacer importantes sacrificios. No debieran maltratarles: son adultos, aunque, en ocasiones, no se comporten como tal y voten a quien votan y lo que votan. ¡Qué le vamos a hacer, es lo que tienen!

Supongamos, pero sólo por carencia de imaginación, que hay que masacrar a los funcionarios públicos, porque en nuestro ADN sociológico se mantiene activo el tópico de que son unos vagos y en la filosofía de la derecha existe la idea de que hay que disminuir la función pública. Supongamos que hay que pagar más – ya se pagan impuestos, aunque no quienes debieran – para que la sanidad pública se mantenga en estándares de calidad como los conseguidos hasta ahora. Supongamos que hay que ajustarse para que la educación infantil, básica, media y universitaria sea compensatoria, equilibradora y ofrezca igualdad de oportunidades a todos. Supongamos todo eso, mucho más y peor que es lo que está sucediendo.

Los ciudadanos estarían más dispuestos a los esfuerzos requeridos, si quienes han hundido Cajas de Ahorros y entidades bancarias estuvieran procesados y en la cárcel. Si los empresarios y directivos especuladores devolvieran sus beneficios delictivamente opacos. Si los defraudadores y otros delincuentes del capital no dispusieran de protección política y jurídica. Si los jueces no trasmitieran la impresión de que están reñidos con la Justicia y que lo único que les importan son sus prebendas corporativas. Si los políticos, además de representar de verdad los intereses de los ciudadanos, fueran elegidos en listas abiertas, sus mandatos fueran limitados y la dedicación a la política no fuera considerada como un empleo más. Si la contraposición democrática no fuera para sus actores una representación en la que se mezcla el compadreo con la actuación teatral y la defensa de intereses propios y de las direcciones de los partidos políticos que les nombran. Así resultaría más fácil pedir sacrificios y esfuerzos a los ciudadanos.

Ah, y no nos digan que lo que están haciendo es lo único que se puede hacer, porque es radicalmente falso. Ni insulten ni humillen, por favor, a los ciudadanos.



DEUDA BUENA, DEUDA MALA
 

Según la lógica de la Sra. Cospedal, una lógica muy suya, existiría una deuda buena y una deuda mala. La buena, sería la contraída por ella para pagar, por ejemplo, a proveedores y suministradores. Casi tres mil millones de euros. A pesar de lo cual, no hay que olvidar que la pagarán los ciudadanos de Castilla-la Mancha en los años venideros. Es decir, el pago de las deudas buenas recaen sobre el ciudadano y sobre el futuro.

En el otro lado, se encontraría la deuda mala. Que es la que los socialistas, unos derrochadores, comprometieron durante sus años de gobierno para incrementar la calidad de la sanidad pública, que ahora ellos están recortando; para mejorar la enseñanza pública, que ahora ellos deterioran; para atender a discapacitados, enfermos, y otras dependencias, que ahora ignoran; para levantar infraestructuras, construir colegios, hacer hospitales, que ahora están paralizados etc. Esta deuda, por supuesto, también les corresponde amortizar a los ciudadanos. Con lo que deberán hacer frente a dos tipos de deudas: la buena y la mala. Ambas producirían efectos diferentes sobre el presente e iguales sobre el futuro. ¿Dónde establecer, entonces, la distinción entra una y otra? Solo en la egocéntrica concepción de lo bueno y de lo malo de la Sra. Cospedal. Es bueno lo que hace ella; malo, lo que hacen los demás.

La Sra. Presidenta, en unas recientes declaraciones a “La Tribuna” , manifestó: “hay uno (un defecto) que no quiero tener y es que me digan que he dejado a Castilla-la Mancha endeudada por los años de los años e hipotecados a nuestros hijos y nietos..” De acuerdo con tales declaraciones, la deuda de cerca de tres mil millones de euros, suscrita recientemente, la pagará ella, cosa improbable. O habrá sido un regalo de las entidades financieras a este Gobierno, cuestión más improbable aún. O simplemente, sus declaraciones son pura demagogia y palabrería. ¿Cual elegirían los lectores? Aunque, debiera considerar una opción más razonable. Y es que una Región, y más como la nuestra, para progresar, necesita deuda. Por cierto, como cualquier otra Comunidad Autónoma o país. Y que no hay deuda buena o mala, sino malas administraciones y malos gestores. Esa, en cambio, sería la historia de porqué quienes nos gobiernan hacen lo que hacen y no otras cosas.

 

LA DESAFECCIÓN

Es evidente: cada día que pasa los políticos van por un lado y los ciudadanos por otro. Sin posibilidad, por el momento, de convergencia. Cada uno emplea su propio relato. Los dirigentes políticos hablan para ellos, entre ellos y por ellos. Nadie les entiende. Los ciudadanos hablan de sus problemas y dificultades. Nadie les escucha. Es así como pueden explicarse las recientes encuestas de opinión y la situación actual. Mientras el PP pierde apoyos, ese descrédito no lo rentabiliza nadie. El PP baja en la estima de los votantes, pero el PSOE no sube en intención de voto. Un fenómeno de desgaste tan radical, sin alternativa posible, nos puede abocar a una situación de riesgo: la fragmentación política, la exacerbación de los nacionalismos, la atomización del voto. La encrucijada griega.

¿Cómo hemos llegado a esta desafección? Básicamente porque uno de los partidos con vocación mayoritaria, el PSOE, se ha olvidado de defender a los trabajadores – muchos ahora parados – y a las clases medias – muchos de ella en recesión -. El partido socialista no habla en nombre de los débiles, de los pobres, de los sin trabajo, de los que están perdiendo poder adquisitivo, de los colectivos ilustrados. Construye un monologo para defenderse a sí mismo, para contener el sistema en su actual estado neoliberal y conservador. Rehén de la herencia de un pasado reciente, sus líderes anuncian conferencias y reuniones que serán pura traca de feria. Lo comprobaremos al día siguiente de la fiesta.

En cuanto al PP, en esta ocasión se ha precipitado hacia la defensa de intereses muy minoritarios y la implantación de medidas neoliberales. No les importa el Estado, ni la Administración, ni los servicios públicos. Sólo su promoción inmediata y su colocación después. La Administración y el Estado son su botín, que hay agotar rápidamente, por si acaso no diera tiempo. Tras ellos, quedará un paisaje social arrasado. Un desierto en el que la democracia y los derechos tendrá grandes dificultades para continuar creciendo.

Ambos comportamientos pudieran ser la causa, y alguna de las razones, de la desafección entre los ciudadanos, la política y los políticos.

 

QUE ALGUIEN DIGA ALGO, LO QUE SEA

 

Pasado un tiempo tenemos la impresión de que nos aproximamos al vacío. Difuminándose paulatinamente la campaña anti-socialista – cada vez hay menos gente dispuesta a creerse lo de la herencia – los gobernantes actuales de la Región empiezan a ser vistos como en una radiografía. Es decir, en el esqueleto. Si prescindimos del ropaje de los insultos, descalificaciones al adversario y otros montajes varios, se están quedando en nada. Su discurso en general, cuando no anuncia recortes, se limita a promesas y deseos para un futuro inconcreto. Sueños que nos tienen atrapados en una paralización catatónica.

Ha transcurrido un año desde las elecciones autonómicas y municipales y seguimos en la incertidumbre de los primeros momentos. ¿Cuál es el futuro de esta Comunidad? ¿Cómo se organizarán los servicios públicos en los años próximos? ¿En qué trabajará la gente de las cincos provincias? Un año es escaso tiempo para sacar un proyecto adelante, si es que existe proyecto, es cierto, Pero es que aún no hay modo de ver nada. Y lo que vemos, oímos y se rumorea, sería mejor ni contemplarlo ni escucharlo. Delante sólo tenemos anuncios de recortes, despidos, reducciones de servicios. Parecería una batalla, pero no lo es. En consecuencia no podemos ni tan siquiera preguntarnos cómo será el paisaje tras la batalla. Sólo intuimos que esto quedará como un desierto por mucho que se empeñen en hablarnos de un mañana mejor, de la salida del túnel y otras retóricas. ¿En qué sociedad viviremos tras esta tormenta, brutalmente ideológica, de recortes, supresiones y privatizaciones?

Un año después no vendría mal que alguien contara – a ser posible con rigor y sin populismos de mitin de campaña - hacia dónde nos dirigimos como Región. Sobre todo para mitigar la inquietante sensación de que nos movemos – cuando nos movemos - por impulsos erráticos. En idéntico sentido vendría bien conocer quién dirige la Región. Porque de nuevo estamos ante la percepción de que la Presidenta hace los discursos, pero quien ordena y manda es otra. Existe una dualidad al timón de este barquito y la sensación de que los remeros que bogan, lo hacen con órdenes desacompasadas en una corriente errática de un futuro imprevisible. De ahí, la impresión de deriva.

Como era de preveer el experimento de ser Presidente/a de una Región y Secretario/a General del partido a nivel nacional no está funcionando. Hay acumulaciones de cargos y responsabilidades que no pueden funcionar, salvo que se sea superman o superwoman. Y esos son personajes, no se olvide, de cómic. El cargo del partido aportará proyección mediática, imagen pública, pero es inevitable la impresión de orfandad en la que la Región se encuentra ante los graves problemas que tiene.

En el día de la Comunidad Autónoma, resultaría alentador para la gente sensata conocer, de una vez por todas, cuáles serán los hitos claves del futuro. Disponer de una hoja de ruta, como se dice ahora, para los próximos tres años. Transcurrido ya un año desde las elecciones no es posible continuar desmontando los modelos del pasado e ignorar qué se levantará sobre las ruinas. Sería bueno saber sí cómo Comunidad Autónoma tenemos futuro o carecemos de él, Sí se continuará como hasta ahora o la Administración Autonómica quedará reducida a un mínima expresión de la descentralización. ¡Que alguien diga algo, lo que sea! Y si fuera posible, serio y riguroso!

 

EL SILENCIO DE LOS PATRIOTAS

 

Callan los patriotas. Se mantienen en silencio. Ha sido siempre así desde el Siglo XIX. Cada vez que aparecen problemas fuera, se refugian en el interior. Y aquí, dentro se produce la algarabía. Se utiliza un patrioterismo rancio, que excluye a quienes ellos disponen.

Si REPSOL – YPF hubiera sido nacionalizada por Argentina, estando en el Gobierno Zapatero, los patriotas que ahora callan habría gritado de todo y lo hubieran extrapolado hacia el patriotismo dudoso de la izquierda. Si a continuación hubiera ocurrido lo de Bolivia y RED ELECTRICA, entonces los insultos y la zarabanda patriótica se hubieran elevado hasta el infinito. Sería una situación insoportable. Para dimitir por traidor a la patria. Como ambos conflictos, sin embargo, han surgido gobernado la derecha, lo prudente es el silencio. Mejor nos centramos nuestros asuntos internos. Nada importa que se haga el ridículo internacional, nosotros a los debates estériles, a nuestras discusiones sin fundamento, a nuestras peleas o peleíllas de patio de vecindad. Al esperpento de Extremadura en el que el Presidente, a una cuestión tan seria como es el trazado del AVE, responde con un “si tens collons…” Estrambótico.

A colaborar en esta interiorización del patriotismo se han sumado los traspiés de la Monarquía. Ni pintiparado. Ya tenemos algo en qué entretenernos y además con raíces en la Historia. Y así es como hemos vuelto a esa discusión tan apasionante como aburrida sobre Monarquía y Republica. Una forma de pasar el tiempo: unos, los de izquierdas, que preconizan la excelencias de la República, creyéndose más rojos; otros, los de la derecha, considerándose más patriotas cuanto más defiendan a la Monarquía. O sea, lo de siempre.

Entre tanto, y como ya sucediera en crisis precedentes, nadie se ocupa en buscar soluciones duraderas a los problemas estructurales del desempleo; nadie dedica el mínimo esfuerzo a reforzar la debilidad heredada de la economía patria; o a conseguir que los empresarios se profesionalicen y no sean meros especuladores o a disminuir la incompetencia de la diplomacia, si del exterior tratamos. Más fácil es reducir, acortar, ajustar, reorganizar, suprimir, privar, privatizar, nacionalizar algunos bancos, en nombre de la austeridad ideológica que se vende como solución a cualquier problema. Conseguimos así mantener al pueblo asustado. Sin atreverse a levantar la cabeza para mirar más allá de su estrecho ámbito.

 

GRÚAS DESMONTADAS
 

Una grúa, desde lejos, puede ser un trazo en un horizonte difuso. De cerca, puede parecerse a un monstruo amable, si sirve para trabajar, o un esqueleto feo, si se encuentra en una obra paralizada. Para atenuar esa sensación de irrealidad y absurdo que significa la paralización del hospital de Toledo es por lo que, tal vez, solo tal vez, la Consejería de Sanidad ha desmontado las grúas. Aunque, al parecer al Consejero de Sanidad la fealdad de una obra paralizada no le molesta lo más mínimo. ¡Como no está mucho por aquí!

El que estaba llamado a ser el mayor hospital de Europa – según propaganda triunfalista del momento – ahora será el símbolo de uno de los fracasos – hay otros - más espectacular de unos territorios que soñaron con disponer de Autonomía y mejores servicios. ¿Quien se atreverá a establecer fecha para el nuevo hospital? ¿Quién pagará el coste económico y social que supone no disponer de ese nuevo hospital, además de las inversiones que habrá que hacer en el antiguo para que no se venga abajo? “Sine die”, Toledo continuará con el invertebrado hospital Virgen de la Salud.

Lo más insólito, no obstante, no ha sido el desmontaje de las grúas, sino el silencio abstruso e incívico que ha acompañado el desmantelamiento. ¿Alguien explicará las indemnizaciones por los contratos anulados? ¿Alguien pedirá cuentas por los costes de las siguientes adjudicaciones? En economía existe el principio de los costes que implica no hacer las cosas, ¿quién contabilizará el importe de las muertes producidas por carencias de medios; de las enfermedades no tratadas oportunamente; de las esperas para intervenciones por carecer de los recursos? ¿Quién valorará todo esto? Solo existe el silencio. Ni los ciudadanos ni sus representantes políticos están yendo más allá de algún gesto testimonial. Si la desaparición de las grúas se empleara como un test para medir la conciencia cívica de los pobladores de Toledo, el resultado sería un fracaso vergonzoso.

Ese silencio ovino sobre un acontecimiento tan grave, explica mejor que ninguna teoría el axioma de que los pueblos tienen lo que se merecen. Y es que o conquistan su progreso o se resignan con su atraso. Luchan por lo que se les debe o aceptan, como si fuera un regalo inmerecido, lo que ellos pagan con sus impuestos.

 

SABOR VINTAGE

 

En unos territorios en los que todos somos de derechas, incluidos los de izquierdas, reconocerán que el pasado, cuando estaban los socialistas, era más entretenido. Resultaba distraído convertirles en los culpables de nuestro cabreo difuso. Ahora parece que todo vuelve a la monotonía anterior a la democracia. ¡Contra los socialistas, era más divertido! Aunque, habrá que admitirlo, no todas las trayectorias “sociatas” fueron iguales.

Con Bono, como era de derechas – los de derechas disponemos de un sexto sentido para identificar a los nuestros – el mundo giraba según el orden establecido. Es verdad que había que soportar alguna extemporaneidad, pero no afectaba a lo esencial. Los valores – no se olvide, o son de derechas o no son tales – no estaban sometidos a cuestión. Se mantenían inmóviles como rocas. Era una forma de entender y practicar la política, “el bonismo”, que se prolonga hoy en sus herederos.

La cosa se torció algo cuando llegó Barreda. Y es que nada hay tan irritante como la cuña de la misma madera. Se convirtió en nuestro objetivo. De hecho, tan fuerte fue el descrédito, que aún perduran las descalificaciones. A ello colaboró su empeño en parecer de izquierdas. Bueno, en realidad, actuaba como el converso: todos los esfuerzos se orientan a demostrar lo contrario de lo que se es, de lo que se siente, de lo que se piensa. Así que llegó un punto en el que era preciso darle boleta. Y lo hicimos. Nosotros, todo hay que decirlo, y con la ayuda de algunos de su partido. La solidaridad entre compañeros sostiene que para el éxito de uno es preciso triturar a muchos.
En este momento todo empieza a ser muy “vintage”. Tiene un sabor especial: entre rancio y “cool”. Lo cual genera quietud, pero también aburrimiento. Se prohíbe criticar a los nuestros, aunque los nuestros sólo fastidien al personal. Nos anuncian que no habrá ninguna inversión, ¡qué bien! Ratifican que reducirán servicios y privatizarán otros, ¡qué maravilla! Nos repiten con insistencia que su preocupación es el desempleo, pero este no hace otra cosa que crecer, ¡ya se arreglará solo! Ni será la primera ni la última vez que esto sucede. Cuando quien está en el poder es a quien le corresponde y cuando los que mandan son los que deben – es decir, la derecha – lo que carece de solución no debe ser causa de preocupación y si la tuviere, ya se resolverá cuando se resuelva
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AL NORTE DE LISBOA

 

El jueves pasado fue enterrado en el cementerio de “dos Prazeres”, al norte de Lisboa, Antonio Tabucchi.

¿Quién es ese?, pregunta uno de por aquí. Un profesor, que ha sobrevivido a todas las reformas y a las que puedan venir, responde: hasta su fallecimiento fue un escritor de nacionalidad italiana, pero estrechamente vinculado a Portugal. Portugal se convirtió en su lugar de inspiración. Algunos de sus libros más conocidos son: “Sostiene Pereira”, “Tristano muere”, “Requiem” o “Nocturno hindú”, entre otros. Fue, además, un intelectual comprometido con su época y su tiempo. Su última batalla la peleó contra Berlusconi y en favor de la “desberlusconización” de Italia. Es decir, erradicar las formas, las maneras y los modos que popularizó el personaje y que han sido compartidos por un número no pequeño de italianos.

Pasó gran parte de su vida en Portugal, como gran admirador de Pessoa que era y, decididamente colaboró a su difusión por el mundo. ¿Y ese tal Pessoa, quien es?, pregunta otro de por aquí. Un profesor, distinto del anterior, pero igualmente superviviente de todas las reformas, explica que Pessoa es uno de los más reputados escritores portugueses. Que, precisamente, fue enterrado en 1935 en el mismo cementerio “dos Prazeres”, al norte de Lisboa. Coincidencias exquisitas o no tan coincidencias.

Pero, ¿por qué escriben de estos temas en un periódico local, en lugar de hacerlo sobre cosas más cercanas?, plantea otro de por aquí. ¿No será que el autor de este articulo es uno de esos “culturetas”, moñas y pesados, que se empeñan en escribir de cosas que, a los mortales de medio pelo nos quedan muy lejanas? ¿No es preferible atenerse a cuestiones locales, por ejemplo, por qué Vega Baja sigue abandonada; o por qué no dispone la ciudad de un museo de arte moderno y contemporáneo?

Un enseñante de la perseguida asignatura de “Educación para la Ciudadanía”, llamada a desparecer según promueven los ideólogos de la derecha, sostiene que nada hay tan peligroso para la convivencia como las identidades localistas, que son reduccionistas, estrechas y ciegas. Que los localismos son la antítesis de la convivencia. Y que nada resulta más útil para reformar mentalidades, además de viajar y leer, que saber de acontecimientos generales.

 

LOS NIÑOS DE TOULOUSE

 

En las antiguas casas de vecindad de las ciudades antiguas, al menos, había un gato. Lo habitual, era más. Por los ratones, por la soledad. O por ambas cosas a la vez. En la casa que ocupo hay uno que le llaman “Buster”, (Keaton, de apellido) y lleva antiparras. Según cuenta, tuvo que recurrir a ellas tras la lectura voraz de la “Metamorfosis” de Kafka, en una noche de poca actividad y escasa luna.

Con tal nombre y semejante porte, supondrán que tiene poco de felino. En cambio es un filosofo de la historia, con una mirada – ¡ay, el lenguaje de los ojos! – toledana. También puede decirse de él que es, en el sentido pleno de la palabra (Machado) un gato bueno. Por lo mismo, poco apto para el éxito. Este suele estar reservado para caracteres más enrevesados o más simples, que de todo hay. Se considera un gato culto, comparado con el resto de la tribu.

Inquieto por el asesinato de los niños judíos de Francia, ha empezado diciendo que durante años hemos creído – egolátricos hasta en lo malo – que los españoles éramos más antisemitas que nadie. Y es verdad que lo somos, como también antiárabes y racistas, pero ni estamos solos ni somos únicos en tan miserable trayectoria. La persecución de los judíos – continua diciendo – ha sido un recurso en la Historia de una parte de la humanidad. Allí donde se asentaban, tarde o temprano resultaban perseguidos. Tanto da que fuera Inglaterra, Francia, Alemania, Austria o Rusia. Así que en este aspecto, como en tantos otros, nuestros hechos son tan vulgares como los de los demás.

Anota “Buster” que cada vez que se produce una gran crisis económica y social, aparece la persecución contra los judíos. Por eso los asesinatos de Toulouse pudieran ser una casualidad, aunque una extraña casualidad que coincide con un tiempo critico en toda Europa. Los acontecimientos, aparentemente inconexos, suelen ser los primeros que anotan los historiadores como síntomas precoces de lo que después se ha convertido en una gran masacre.

El gato “Buster”, (Keaton, de apellido), se marcha. En Francia se clama por no romper la cohesión social por el racismo. Claro, que habría que erradicar los discursos que sin parecer xenófobos, lo son; sin parecer intolerantes, lo son. O las políticas económicas que aumentan las desigualdades, procuran las discriminaciones, engendran resentimientos.

 

POR FIN, UN DISPARATE MENOS

En los campos de la provincia de Toledo antes había perdices bravas, ahora solo hay, cuando las hay, de criadero. Quedan, en cambio, conejos, a pesar de que periódicamente los agricultores les convierten en plaga para justificar su exterminio. Los conejos es que son muy voraces, como los ciervos, los lobos, los pájaros, los agricultores, etc.

Entre los conejos existe tipología variada: aprovechados, tontos que se creen listos, mentirosos compulsivos, ególatras enfermizos, acomplejados con déficits de autoafirmación y otros. El catalogo no cabría aquí. De entre ellos uno, con el que hablo de vez en vez, se llama “Fermín”, un conejo, protestón y enamoradizo. El conejo, misántropo como cualquier vertebrado con autoestima equilibrada, nada más verme ha empezado a perorar sobre el kafkiano vertedero que en su momento se estableciera en Toledo. Solamente – ha afirmado - en una ciudad con un urbanismo tan disparatado como el que esta tiene, pudo ser posible un vertedero tan disparatado como ese. Eso si, si alguien busca responsables, no encontrara ninguno. Las cosas por aquí suceden o no suceden.

Con motivo de la inauguración del nuevo vertedero, el diario “La Tribuna” hizo la semana pasada un despliegue más allá de la simple información. Se echó de menos la cronología de la urbanización de la zona. Sería ilustrativo saber qué fue primero si el vertedero o la gallina. Recordaba, a este respecto, el conejo la resignación de los ciudadanos, salvo algunos que pronto plantaron cara al disparate. Entre ellos, Carlos Martín Fuertes que, de haber sido de izquierdas, integraría el santoral de los líderes vecinales. Seguro que se conforma con ser amigo de sus amigos, entre ellos Marcelino Casas, el cura. Mencionó la miserable actitud de políticos que, por motivaciones no menos miserables que su comportamiento, contribuyeron a retrasar las soluciones. Y se acordó, por qué no, de quienes fueron incapaces de controlar unos hedores nauseabundos que impregnaban la ciudad en el amanecer y en el ocaso.
Tras la inauguración de las nuevas instalaciones, se han formulado grandes discursos. Ya se ha olvidado todo lo ocurrido. Y es que la desmemoria y la incomprensión de su pasado son atributos de las sociedades débiles.

El conejo cierra el monologo con el recurso típico de los dibujos animados: morder una zanahoria y guiñar un ojo cómplice. Aunque, ¿quién ha demostrado que los conejos de verdad prefieren las zanahorias a las lechugas?

 

GANAN LOS GÁNSTERES, PIERDE EL RESTO

Veo una rata grande, enorme. Tal vez no sea una rata. Cruza la carretera. Por la expresión de su rostro, agachado, como de preocupación reconcentrada, pienso que es una princesa en expectativa de un príncipe salvador. Aunque también pudiera ser un economista en paro; un banquero intranquilo por los beneficios; un funcionario al que no dan trabajo para justificar la ineficacia de la administración pública o un emprendedor que no sabe qué emprender. Me inclino por el emprendedor, que es la figura con la que nos han dicho va a desaparecer el desempleo. Llamo a la rata, digo al emprendedor. Pregunto por los motivos de su consternación. Responde.

Resulta desalentador ver cómo un juez, que ha intentado descubrir una de las mayores tramas de corrupción de la democracia (al margen quedan Marbella, Galicia, Baleares, Madrid, más Cajas de Ahorros y otras que ni se investigan), es expulsado de la carrera judicial. Y, en paralelo, nos tratan de convencer que la Justicia es imparcial.

La ONIF (Oficina de Investigación del Fraude, de la Agencia Tributaria) que descubrió la trama Gürtell o el caso Urdangarín es descabezada. O lo más descarado, se pone al frente de los restos a quien fue sospechosa de colaborar en una estafa piramidal de altos vuelos. En cien mil millones se cuantifica el fraude actual. Y, luego, pretenderán hacernos creer que los sacrificios serán por nuestro bien.

Es muy difícil – continúa – desechar la idea de que los gánsteres siempre ganan y los que no lo son, siempre pierden. Aunque – prosigue – la convicción de que esto es y ha sido así desde el comienzo de los tiempos, como la prostitución, no debiera obligarnos a aceptar que la corrupción y sus prácticas carecen de solución. La resignación es el relato de los gánsteres para seguir siendo gánsteres.

 

HABÍA UN OLOR EXTRAÑO EN DINAMARCA

Hay semanas en las que es más fácil escribir. Abundan los temas. Se puede elegir. La pasada, ha sido una de esas.

Se ha conocido la última sentencia – acerca de las investigaciones de las muertes del franquismo- sobre el juez Garzón por la que se le declara absuelto. Hubiera sido demasiado escándalo nacional e internacional. En otros de los procesos, fue sobreseída la causa por haber expirado los plazos, aunque eso ya se sabía. Y en el primero de los juicios - la de los abogados de la Gürtell – resultó condenado y expulsado de la carrera judicial. Tres sentencias, que tal como se han tratado y producido, no dejan de exudar, ¿cómo lo diría?, un indescriptible olor, ¿cómo lo diría?, ¿a tongo? Todo ha trasmitido la impresión de estar intencionalmente calculado para destruir al personaje, pero sin pasarse. ¿Algo que ver con el extraño olor de Dinamarca?

El siguiente suceso es la aparición en nuestra depauperada sociedad del dudoso magnate americano Sheldon Adelson y su proyecto de instalar en España un remedo de Las Vegas. Suelen ser espectaculares este tipo de apariciones. Tanto o más que la de vírgenes y santos. Lo más sobresaliente de la noticia, no obstante, es que ha sido recibido en Madrid y Cataluña por los máximos representantes políticos, de nacionalidad o autonomía, sin que lo hayan denunciado en comisaría por sus planteamientos mafiosos y sus peticiones al margen de la ley. Todo sea por la pasta.

Claro, que oportunamente se empareja con la crisis de empleo. Y entonces se muestran en su real autenticidad los valores de esta sociedad. Trabajo a cualquier precio, viene a defender la gran mayoría. Qué importa que haya que saltarse las leyes o qué haya que aceptar prácticas corruptas o qué se implanten métodos propios de la mafia o qué no haya control sobre el dinero o que se incremente la prostitución y el proxenetismo. Lo que interesa son los puestos de trabajo que se crearán, incluidos los de prostituta o proxeneta.

Estos mismos ardorosos defensores de saltarse las leyes serán los que, más tarde o en paralelo, elaboren discursos sobre la pérdida de los principios; invoquen la religión y sus preceptos de uso para cada momento; reclamen mano dura contra los delincuentes; defiendan el orden establecido o enuncien grandilocuentes teorías sobre al trabajo productivo. ¿No parece todo esto al extraño olor que Shakespeare percibía en Dinamarca?

 

LISTAS DE ESPERA Y OTRAS MALDADES DE LA SANIDAD QUE SE APROXIMA

Hay que escuchar atentamente a los Colegios de Médicos, entre ellos, el de Toledo. No son políticos, son profesionales. Son gentes comprometidas con su trabajo. Y desde esa posición, ven lo que se avecina: el deterioro sistémico de la sanidad pública de Castilla-la Mancha.

A ellos se deben los niveles de calidad – siempre mejorables – que se han obtenido. Y avisan. Avisan de que ese proceso de mejora se puede perder. Se están incrementando las listas de espera con indicadores que se habían reducido con esfuerzo de todos, incluso el estadístico. Empiezan a faltar camas, servicios y guardias. E irá a más. Se había conseguido disponer de, cada vez, mejores profesionales. Con capacitación, ambición de investigación, voluntad de perfeccionamiento. También pueden desaparecer.

Se habían movilizado recursos, pero ¿puede haber algo más económicamente rentable para la sociedad que la salud de sus ciudadanos? Todo puede derrumbarse por razones estrictamente políticas, no técnicas ni presupuestarias. Ni siquiera por la tópica herencia socialista. ¿Por qué hacen esto a los ciudadanos? ¿Por qué les quieren maltratar? ¿Qué mal les han hecho, salvo votarles y confiar en el sistema democrático como solución de conflictos? ¿Les eligieron para estimular negocios – fondos de inversiones, generalmente extranjeros- sobre la salud de la comunidad?

El objetivo venía prefijado: introducir el beneficio privado en la sanidad pública. Por eso hay que conocer lo que están haciendo alumnos y profesionales de la Universidad de Albacete (sanidadpublicaysostenible.com) sobre los efectos perversos y pervertidos de las privatizaciones de la gestión de la sanidad en otros lugares. De ahí las advertencias de los profesionales de la medicina, asustados por que de lo único que se habla es de reducir, recortar, suprimir. Nada se dice de organizar, optimizar, introducir gestiones más eficientes. Se recurre al serrucho en lugar de al bisturí.

Claro que eso significa esfuerzo, trabajo, dedicación. Y es conocido que a quienes dirigen este cotarro no les interesa nada lo de aquí. Ni la salud pública ni el bienestar ciudadano. Es más no quieren estar aquí, es una estación para estar en Madrid.

 

EL MonsTRUO AMABLE

Tras el Congreso del PSOE en Sevilla podemos adentrarnos en las vías muertas de la Historia. Es decir, especular con lo que hubiera sucedido si una organización, estructuralmente machista, hubiera sido dirigida por una mujer. O cómo hubiera transcurrido la política nacional, conflictos territoriales latentes, incluidos, con una catalana en la oposición. Pero lo cierto es que el Congreso lo ha ganado Pérez Rubalcaba. ¿Tiempo de transición? ¿Suicidio colectivo? ¿Intento de los perdedores de resistir hasta que escampe? ¿Posibilidad de relanzamiento de un nuevo proyecto de izquierdas? Lecturas habrá para todos los gustos.

Lo que no es discutible es que tras el ejercicio democrático – perfectible y mejorable, por supuesto – del Congreso de Sevilla, la política ya no será igual. Bueno, en realidad, ya no está siendo igual. Desde que la derecha llegó al poder nos hemos adentrado en unos territorios nuevos. Excepto en algunos sitios, dónde aún andan vociferando, insultando o con modales de arrabal, la derecha se viene transformado a nivel mundial en lo que Raffaele Simone ha llamado el “Monstruo Amable”. (El Monstruo amable. ¿El mundo se vuelve de derechas?, edit. Taurus).

En el libro se describe a la derecha del siglo XXI. Ya no es aquella derecha arcaica, troglodita en la que algunos siguen instalados. Ahora es “una de las formas planetarias de la modernidad”. Algo cool. ¿Quién no defenderá que Rato deje de ganar dos millones o más de euros y que con las nuevas medidas sólo reciba, el pobre, seiscientos mil? ¿Quién no estará feliz con la pretendida leña a los bancos? ¿Quién no suscribirá el discurso – nada que ver los discursos con la acción - de castigo a los corruptos?

Para hacer frente a esa neoderecha se necesitará una nueva socialdemocracia. Será necesaria más inteligencia partidaria que esperar al desgaste natural que supone la acción del gobierno. Más generosidad que la estricta supervivencia de quienes aspiran a vivir toda su vida de la política. Y es que lo del desgaste tal vez tenga algún valor a nivel nacional – a constatar -, pero no es igual en los ámbitos locales o autonómicos. Para entenderlo mejor baste saber que ni los tiempos ni los ritmos en los ámbitos locales son iguales a los de la Nación. Solo hay que conocer la historia de esta Región. O analizar lo que está pasando en Madrid, Murcia, Valencia, La Rioja o Castilla-León.