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En Puntos de vista | Jesús Fuentes Lázaro hoy 

redacción
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TORNERÍAS

JESÚS FUENTES LÁZARO  

 

LAS PROPORCIONES DE LA DERROTA

 Hay derrotas que pueden ser consideradas normales. Hay otras que, en cambio, son una afrenta. Un insulto ético y de fondo a la praxis política. Un grito feroz de los votantes contra unas formas y maneras de estar y entender la política.

En las anteriores elecciones generales en Toledo ya se esbozó el primer acto de lo que en las recientes ha sido una hecatombe. Quien fuera candidato invicto a la presidencia de la Comunidad en sucesivas legislaturas, como primero al Congreso fue superado en votos con alevosía. El beneficiario de aquella abultada victoria resultó un casi retirado Arturo García Tizón, que consiguió más de treinta mil votos de diferencia. El aviso no sirvió para nada. Se miró para otro lado, se ignoraron los resultados para no amplificar humillaciones. Continuaron tan felices aquellos que algo habían pillado. Como consecuencia de aquellas actitudes aferradas al poder los ciudadanos en las recientes elecciones han propiciado una debacle más que una derrota.

La crisis se está llevando por delante diversos tipos de gobierno. En ese contexto de vuelco radical una derrota como la anterior hubiera resultado moderadamente comprensible, pero ¿cómo explicar las proporciones de la última? Entre seis candidatos al Congreso – lo normal hubiera sido tres y tres – el PP ha conseguido cuatro y el PSOE, dos. Como para despachar el asunto con generalidades y evasivas. Las dimensiones de la derrota indican algo más que cabreo por la crisis. ¿Qué se hizo tras las elecciones anteriores para reparar las vías que anunciaban el hundimiento? ¿Para que sirvieron los cargos electos y no electos, que son los mismos que los actuales?

Se buscará evitar responsabilidades con subterfugios, triquiñuelas, insultos y descalificaciones. La realidad, sin embargo, continuará siendo tozuda, incuestionable. A no ser que en lugar de defender objetivos superiores estemos en cosas más prosaicas.

 

TIEMPO DE INTELIGENCIA PARTIDARIA

Tras los resultados de las elecciones municipales, autonómicas y generales, una parte de la derecha conservadora puede tener – y caer – en la tentación de fomentar la división de la izquierda, buscando el fraccionamiento del voto. Se evitaría así disponer de una alternativa de gobierno en unos cuantos años. Ciertamente no toda la derecha puede estar dispuesta a aceptar tal tentación, pues aún hay gentes sensatas que consideran imprescindible para la marcha del país la existencia de una izquierda socialdemócrata que pueda acceder al gobierno de la nación, cuando la derecha falle. Un comportamiento semejante demostraría la madurez de un país para quien la rivalidad ideológica no debe ser más que un acicate para progresar.

Ahora bien, para que eso sea posible, la izquierda socialdemócrata, es decir el PSOE, está obligado a poner algo de su parte. Debe ganar el crédito perdido entre los ciudadanos y bastantes de sus dirigentes actuales, en los diversos ámbitos territoriales, tendrán que perder el inconfensable anhelo de la política como “modus vivendi”. El PSOE debe volver a los postulados que lo convirtieron en un partido imprescindible de la democracia española. Para eso necesita revisar – con carácter crítico aunque no flagelante, ni autocomplaciente- su pasado reciente. Aprender de los errores es un requisito básico de cualquier empresa que aspire a la excelencia, o sea, al triunfo.

Sin olvidar las nuevas situaciones de un mundo en transformación rápida, tiene que articular en los diferentes niveles territoriales unos programas que los ciudadanos compartan, primero, y hagan suyos, después. Lo que implica un cambio radical en la trayectoria seguida hasta el momento. Por un tiempo se pensó que, se hiciera lo que se hiciera, el PSOE no descendería en su suelo de votos. Se ha revelado incierto. Nunca, ni en las primeras elecciones democráticas – el franquismo aún fresco –, ha tenido unos resultados tan malos. Es posible, como hipótesis, ir a peor. Es, en consecuencia, tiempo para la inteligencia partidaria, del altruismo militante, de pasar por encima de mezquindades, de recuperar el papel vertebrador del PSOE en la sociedad española.

 

TOLEDO Y PANAMÁ

 

Seguramente el lector se sorprenderá. Porque, precisamente, Toledo y Panamá, no es que tengan muchos puntos para la comparación. Salvo si nos fijamos en una noticia que, casi, ha pasado desapercibida: el Taller de Arquitectura Sánchez Horneros (Tash) ha ganado el concurso para construir un hospital en Panamá. Lo cual es una noticia sobresaliente para los beneficiarios (un equipo de Toledo) y para nosotros. Un éxito de nuestros vecinos. Los triunfos de los vecinos debieran considerarse como propios. Un cierto orgullo local tendría que poseernos, cuando alguien de entre nosotros, dispone de los conocimientos, la tecnología y la audacia cómo para competir con Brasil, Méjico, Colombia, Corea, Francia o la propia España.

Lo interesante, además de la propia noticia, es que el proyecto está relacionado con la experiencia adquirida al planificar y desarrollar el esperado y necesitado hospital de Toledo. Se inspira en el de Toledo. Exactamente ese que, los rectores del gobierno regional, se quieren cargar. O privatizar. Sobre el hospital se suceden las declaraciones y no hay día que las mismas no nos sobresalten. La última la ha proferido, esta vez, el Consejero, quien ha manifestado que el hospital se hará, pero no con “criterios políticos”. (La Tribuna, miércoles 16 de noviembre). Estos, cuando no saben qué decir, emplean la política como sinónimo de maldad, como puño de descrédito, como estigma. Y es que para ellos, lo que ellos no hacen, siempre es político, o sea malo.

Si entramos en el asunto, sin embargo, nos costará descubrir la diferencia entre técnica y política a la hora de comprender la necesidad que tiene Toledo de su nuevo hospital. Así como su realización tardía. ¿Es política sustituir el destartalado y obsoleto hospital Virgen de la Salud? ¿Es política que los hospitales públicos aúnen la mejor gestión, la calidad profesional, unas instalaciones adecuadas y viables y la dignidad del enfermo? Lo que no se ajuste a estos parámetros, por muy técnico que no lo presenten, no dejará de ser una…..

 

EL TRIUNFO DEL DÉFICIT CERO

 

Llegará un momento, con los recortes en sanidad pública, en el que, tal vez, hayamos dejado el déficit público a cero, pero nos habremos quedado sin enfermos: se habrán muerto. Este bien pudiera ser el resultado de las campañas emprendidas en algunas Comunidades Autónomas, reduciendo prestaciones sanitarias. Así ha sucedido en Cataluña, dónde una mujer ha muerto – según publicaba un diario nacional - por un aneurisma, tras deambular por cuatro hospitales como consecuencia de los recortes sanitarios. El Gobierno de derechas del Sr. Más ha parado obras de hospitales, ha cerrado plantas, ha suprimido servicios, las listas de espera crecen a un ritmo vertiginoso.

En Castilla-la Mancha ya se ha iniciado idéntico proceso con el anuncio de que el nuevo, necesitado y esperado hospital de Toledo es un proyecto que debe ser revisado. Un señor llamado Jesús Galván, al parecer viceconsejero de Sanidad, ha manifestado que “no tiene sentido seguir haciendo un proyecto bajo un supuesto que ya no es cierto, ni en personas, ni en servicios ni en modos de acción”. ¿Qué habrá cambiado tan drásticamente? ¿Serán menores los enfermos que precisen una atención de calidad y pública? ¿Se podrá prescindir de especialistas cualificados? ¿Serán innecesarios servicios acordes a los tiempos que estamos? ¿Habrá que continuar con el hospital Virgen de la Salud, desmoronándose por todas sus costuras tanto físicas como profesionales?.

Los profesionales de la sanidad confiaban, para ejercer su profesión con dignidad, en ese nuevo hospital, concebido como una estructura ágil, modular, interdependiente. Si se recorta el proyecto, ¿cómo quedaremos ellos y nosotros, posibles clientes? ¿A qué hospital peregrinaremos, intentar ser salvados? Con las medidas anunciadas los enfermos de Toledo y su provincia tendrán menos posibilidades de vida, aunque, eso sí, el déficit público estará controlado. Sus artífices serán reconocidos por aquellos para quienes el déficit público – un simple artificio contable - es más importante que la vida de los ciudadanos anónimos. Será el triunfo del déficit cero. Y la derrota de nuestro derecho a ser iguales en la salud.
 

 

NO AL ENCOGIMIENTO DEL HOSPITAL
DE TOLEDO

 

Una forma indirecta de privatizar la sanidad pública, que es un bien colectivo, consiste en degradar sus instalaciones. Otra, no disponer del personal cualificado suficiente. Una más, no proveer los recursos técnicos adecuados. También, suprimir servicios, prestaciones o disparar hasta lo insoportable las listas de espera.

La Presidenta de Castilla-la Mancha ha lanzado –esperemos que como sonda – la necesidad de “rediseñar” (léase reducir) el futuro, necesitado y esperado hospital de Toledo. Para preparar el terreno ya se ha empezado a hablar de proyectos faraónicos, de obras megalómanas, acompañadas de las habituales recetas de economía casera en la que abunda el ahorro, la austeridad, no gastar más de lo que se tiene y que esta Región es pobre. Que haya pedido para este proyecto de recorte del nuevo hospital la comprensión del Alcalde de Toledo se inscribe en una maniobra política con varias y diversas derivaciones, que en nada afectan al fondo de la cuestión.

El fondo de la cuestión es que Toledo necesita ese hospital tal como está proyectado. También el fondo es que el actual Virgen de la Salud es insostenible, por viejo, inadecuado, indigno para los tiempos presentes y absolutamente obsoleto. El hospital de Toledo responde, por lo demás, a una concepción de la sanidad ya desaparecida. Su distribución de los espacios, los servicios comunes, las habitaciones y la propia interpretación de la enfermedad se emparenta con ideas del siglo XIX.

Para superar esta situación se concibió el actual proyecto de hospital con un planteamiento moderno y con una visión de la calidad asistencial que en nada son posibles en el actual centro. Por otra parte, reducir, encoger, achicar o como se quiera nombrar el actual proyecto, nos llevaría a algo ya conocido: antes de inaugurarse se habría quedado pequeño. Así que el proyecto, con las mejoras que se le puedan añadir, es imprescindible. Y que nadie se deje engañar con palabras como despilfarro, austeridad o proyectos disparatados.

 

LUíS BEJAR O LA DIFICULTAD DEL MITO

Desaparecido el individuo, tal vez sea el momento de empezar a construir su mito. Su voz ya no lo dificultará. Sus actitudes desafiantes o provocativas tampoco lo impedirán. Las dificultades provendrán de otros ámbitos.

En primer lugar de su filiación ideológica. En una ciudad de derechas, incluso dónde quien ocupa la izquierda es mental y anímicamente de derechas, reconocer méritos a alguien de izquierdas es más que improbable. Al menos, hasta ahora no ha sucedido. En segundo lugar, por su propia obra. No es un escritor mediocre, ni de sintaxis fácil, ni de expresiones simples. Su prosa es compleja, elaborada; su poesía comprometida, amarga. Lo que para el conciente intelectual al uso probablemente resultará insoportable. En tercer lugar por las características tribales de la propia ciudad. Como principio supremo de la envidia local viene establecido, desde antiguo, no reconocer valores a nadie, menos si es de la tierra. Pero es que además en una ciudad en la que un exceso de historia la ha convertido en una entidad “ahistorica” es casi imposible construir un relato continuado de sus hechos y de sus personajes que confieran a la ciudad identidad propia.

Queda, por último, el escaso numero de lectores. Por aquí nunca se ha leído demasiado. No vaya a suceder lo que al hidalgo manchego, que, por acumulación de lecturas, contrajo una incurable enfermedad que lo trastocó de un burgués provinciano en un loco aventurero. Por estas razones y otras, que Luís Alfredo Bejar se convierta en un mito intelectual de referencia local y más allá de lo local será lo más cercano a los trabajos de Hércules.

De poco servirán los actos públicos o los reconocimientos oficiales, que no vienen mal. Más pronto que tarde deambulará por el panteón del olvido. Y eso que su obra enlaza con el Blasco Ibáñez de “La Catedral”; con el Galdós de “Ángel Guerra”; con el Urabayen de la trilogía de Toledo. Y, también, para algunos, con el mejor Pirandello.