TORNERÍAS
JESÚS FUENTES LÁZARO PUENTES No hace muchos días en algún medio de comunicación local apareció una noticia que, tal vez por su ambición, pasó desapercibida. Es lo que sucede con las decisiones de futuro. El Ayuntamiento anunciaba su intención de convocar un concurso de ideas para construir varios puentes sobre el Tajo a su paso por Toledo. Probablemente porque los concursos de ideas son proyectos diferidos cuyos resultados son imprevisibles o por la desconfianza ante lo que no se ve o porque el asunto de los puentes está “quemado” por promesas, ningunas cumplidas, de las anteriores Corporaciones, lo cierto es que no ha habido reacciones. Aunque sé que algunos se han puesto a temblar ante el anuncio. No es la primera vez que escribo sobre los puentes de Toledo. Sobre los que existen y debieran existir. Ni seguramente será la última En esta ocasión ha sido una reflexion de Arcadi Espada la que me ha vuelto a actualizar el tema. Considera el autor un grave error mencionar a los ríos y no hacer referencia a los puentes. Sin puentes, dice, el río pierde su identidad fundamental que es la voluntad de simetría. Sin puentes el río es una frontera tribal, un barranco, un estéril finisterre sin actividad comunicativa. Exactamente lo que ha venido ocurriendo en Toledo de manera inveterada. Es esta una ciudad asimétrica. Sus barrios están tan separados como sus habitantes. Son como unidades autistas. No existen puentes ni materiales, ni sociales ni humanos entre ellos. Porque los ríos como la incultura aíslan. En realidad muchos de los habitantes de Toledo nunca han cruzado ninguna frontera. Ni siquiera las que separan los siglos entre sí. Nada digamos de otro género de fronteras. Por buscar una explicación geográfica al supuesto carácter particular toledano, si tal particularidad fuera cierta, es posible que se deba a la ausencia de puentes que ha impedido la comunicación de espacios y personas. Toledo, como fortaleza inexpugnable que aspiraba a ser, se construyó para facilitar la incomunicación. Pero esos usos se perdieron hace tiempo. Lo que no tiene sentido es que permanezca igual. Y por otro lado la única manera de defenderse de quienes quieren destruirla es facilitando alternativas diversas para la comunicación. |
EL TIEMPO ESCONDIDO… Y la Niebla Herida son los dos libros que se presentarán en la librería Taiga de Toledo el próximo día 26 de julio a las veinte horas. Son dos “best-seller” sin operaciones publicitarias. Los que se hacen con la recomendación de los lectores anónimos. Ese tipo de fenómeno que, contra las maniobras comerciales, posibilita que algunos libros sean escogidos por el público y se conviertan en festival literario de manera continuada. Son el triunfo de la narración. Y es que estamos ante las obras de una “Narrador” en el sentido múltiple y tradicional del término. Uno de esos autores capaces de atraparnos en sus historias sin que queramos que el tiempo pase o lo que cuenta termine. Joaquín M. Barrero, que es el autor de ambos libros, escribe con la paciencia de quien sabe que en literatura lo inmediato apenas sirve y con la habilidad de quien ha nacido para contar. Es decir, no tiene ninguna urgencia. Ni personal, ni literaria, ni comercial. Escribe porque tiene cosas que decir y no quiere que desaparezcan en la nada. Narra las historias de una España que fue y ya ha dejado de ser, pero que todos conocemos de manera incompleta. Es una España variada, antigua y moderna. Anterior y posterior a la Guerra Civil que cruza su libros como un tajo que hubiera dividido la Historia y las conciencias en dos mitades. Sus libros son atractivos, pero también sabios. Si algo define al autor, precisamente, es su sabiduría que se encabalga paralela con su humildad. No va de divo. No va de escritor. No adopta poses escénicas. No pretende moralejas, sino describir hechos. Los que investiga un personaje humano, demasiado humano, de nombre “algo ridículo” que en el tiempo actual da un repaso a un pasado que se ha querido olvidar y a un presente mixtificado. Corazón Rodríguez, que así se llama el investigador privado, es un detective sin prejuicios por ser español. No es ni cutre, ni acomplejado ni siente vergüenza de ser como es. Es una mezcla de hombre actual y futuro: duro y blando; cínico y crédulo. Con esa condición irá desentrañando los variados acontecimientos que se tejen y se han urdido diariamente en España. Es un prototipo universal. Así que si quieren recuperar el sabor de la literatura, el cine y las historias perdidas lean sus libros. Disfruten con su lectura como ya no parecía posible. |
HUELGA DEL TRANSPORTE Situemos para empezar la inexactitud del término “huelga” para nombrar lo que están haciendo los transportistas, históricamente reservado a las reivindicaciones de los trabajadores asalariados. Inexactitud del vocablo, pero también confusión de conceptos. Que es lo peor. Porque iguala derechos con dislates, reivindicaciones con intereses gremiales. Total, un mundo sin ideas ajustadas y en el que vale todo. En el otro lado, la “violencia informativa” empleada por los mencionados transportistas que nos recuerda otros tiempos, otros lugares. Cuando las sociedades no eran liquidas sino que en ellas se dilucidaban asuntos tan serios como la democracia, la justicia social o el expolio de los recursos naturales de países ajenos. Fue el caso de Chile. Una huelga del transporte sirvió de preparación al Golpe de Estado contra Allende y la dictadura posterior. Ya, ya se que ni esto es Chile, ni las circunstancias son las mismas ni incluso los que han pretendido paralizar el país tienen tanta fuerza, pero los efectos que han desencadenado no son de broma. Habría que cuantificarlos en euros de todos. No sea que con esta “huelga” nos hayamos hecho un poco más pobres. Tampoco se debe ser comprensivos con quienes han planteado exigencias impresentables. Más próximas a sociedades estamentales que a sociedades de economías de mercado. Curiosamente nadie ha sugerido la reestructuración de un sector que ha crecido anárquicamente y que ahora, mediante la coacción pretende transferir sus dificultades particulares a la sociedad en su conjunto. Pero bajando al terreno de lo local, la huelga de camiones ha puesto de manifiesto que varios de los problemas de tráfico de distintas entradas a Toledo se deben a ellos. Ha aflorado el enorme absurdo que es el paso de transportes pesados por algunas zonas urbanas. O el desastre que fue aquella circunvalación que impone que toda la circulación confluya en un punto de entrada de la ciudad: la rotonda de la carretera de Ávila. Lo cual obligaría a la urgente prohibición para que este tipo de vehículos pase por una parte de la ciudad. Sería un paliativo cívico a uno de los más estruendosos despropósitos de Corporaciones Locales anteriores. Y uno de los retos de la actual. |
|