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En Puntos de vista | Jesús Fuentes Lázaro hoy 

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 TORNERÍAS

 

        JESÚS FUENTES LÁZARO

 

 

LA ATRACCIÓN DEL LADRILLO

En fechas pasadas opté por dedicarme a una – las otras no las comentaré por ahora - de mis más bajas pasiones: la lectura. Ya saben: esa inclinación perniciosa que a algunos como a nuestro paisano, D. Quijote, convirtió en loco y a otros les hace críticos. Por lo que, para evitar tales males pandémicos, seguramente los pobladores de estos lugares decidieron, ya hace tiempo, no leer ni siquiera este periódico, que ya es error. Es preferible vivir en la ignorancia, pero cuerdo, a demente, aunque sabio.

Inmerso, como ya he dicho, en el ejercicio solitario de la lectura tuve como una revelación. Algo perecido al rayo verde de Julio Verne. Único, raro, esquivo. Descubrí el poder de atracción del ladrillo. El ladrillo que está ahí, desde antiguo, sin que, en general, se le mostrara excesiva consideración. Excepto algunos, que tempranamente intuyeron las ventajas de un material tan grosero. A estos descubridores de lo insólito podrían adscribirse quienes iniciaron su andadura humildemente en la política o en cualquier profesión y ahora alardean de sus riquezas, aunque se oculten tras “lavadoras y centrifugadoras”, inscritas a nombres ajenos.

Gentes ha habido que, como el Frodo, del “Señor de los Anillos”, sintieron el poder del ladrillo. Y tan pronto como les fue posible dedicaron su ingenio a conseguir sus ventajas. Y así, aunque ahora nadie se quiera acordar, - en estos asuntos cuanto más se olvide y menos rastros queden mejor - dieron los primeros pasos, obnubilados por el brillo del ladrillo. Como ejemplo próximo podríamos citar el caso de Vega Baja. Aquella operación que se presentaba como el comienzo de un gran negocio. Hasta que un cambio de orientación inesperado torció una parte de las expectativas calculadas. Eso sí, quien ha sentido la seducción del ladrillo, no se arruga fácilmente. Por eso sucedió lo que tenía que suceder. Aquellos que habían sido seducidos por el lado oscuro del ladrillo, se convirtieron en gestores de la pasta ajena para dedicar al ladrillo. Sería el delirio. Y lo fue. Aunque también, ahora ya lo sabemos, el desastre.

 

GRAVE RIESGO

¿Pueden unas elecciones, de cualquier ámbito, absolver a los partidos políticos o a sus militantes de sus casos de corrupción? Eso es, al parecer, lo que están pretendiendo trasmitir los mensajes del PP, al interpretar los resultados de Madrid o Valencia. Un grave riesgo para el sistema democrático. Y, desde luego, también para los propios partidos políticos y su funcionamiento en el formato actual. Buscar excusas, en razón de correlaciones de fuerzas internas o de supervivencia de unos dirigentes concretos, para los actos de corrupción, es empezar a destruir al partido. Hace algunos años sucedió en Italia y ahí deambulan los ciudadanos con Berlusconi, un remedo de emperador depravado, mientras la izquierda, victima así mismo de la corrupción, no es capaz de articular un proyecto creíble. Ocurre en Latinoamérica, en África o Asia y diariamente vemos sus efectos que causan injustificables sufrimientos a las poblaciones.

¿A cuantas militantes y de qué entidad estarían dispuestos a depurar los partidos políticos para mantener su imprescindible credibilidad? Seguramente los aparatos de los partidos políticos no puedan asumir el coste interno de acciones de limpieza, pero nadie debiera olvidar que, aunque la mayoría de las veces las organizaciones viven rehenes de sus oligarquías dirigentes, los militantes honrados son más y más importantes que esos mismos dirigentes, por lo demás todos prescindibles. Debieran ser las propias organizaciones políticas las más interesadas en la filtración – no como una farsa, según hemos visto en Madrid - de las conductas reprochables, aunque también corresponda a la sociedad demandar esa limpieza.

Hay quien sostiene que los ciudadanos son complacientes con la corrupción porque en su fuero interno todos querrían ser corruptos o corruptibles. Por eso votan identificados, mediante una proyección subconsciente, con los presuntos corruptos, para absolverlos. Absolviéndolos a ellos, se absuelven así mismos. Otro riesgo e igualmente grave. Porque supone la descomposición de la sociedad y la aparición de mafias y, limítrofes con las mafias, formas diversas de autoritarismos.

 

SOY MANUELA CABERO…

….un simple médico. Y el tiempo se quedó en suspenso. Como anestesiado. Por lo que dijo esta mujer en el día de la Región, una leonesa de corazón afincada en Toledo desde hace más de treinta años. Ocurrió en su discurso, posterior a recibir la medalla de oro de la Región. Ya se venía contrayendo el tiempo desde el comienzo de su intervención, pero se hizo evidente cuando habló de las guerras. Que detienen el progreso, que detienen la vida, que incluso muchos la pierden, que altera el futuro de quienes sin perder la vida, pierden todo lo demás. En ese momento el espacio se empequeñeció del todo, la gente se estremeció y hasta el calor, omnipresente, pareció evaporarse. Por unos momentos, en un acto institucional, alguien habló de rebeldía. De los actos humanitarios como una rebeldía personal contra un orden injusto en un mundo que no solamente ahora, sino desde siempre, ha sido convulso. Precisamente Cruz Roja nació tras la batalla de Solferino, cuando Jean-Henri Dunant vio el campo después de la batalla: la tierra negra de sangre congelada, cubierta de desperdicios, armas abandonadas, fardos y casacas; miembros esparcidos, fragmentos de huesos astillados y cajas de cartuchos; caballos sin jinetes olisqueando los cadáveres, rostros desfigurados por los estertores de la muerte..

Lo que vendría a continuación, fue un dejarse llevar por unas palabras bravas, por la memoria de cuantos no recibirán premios –minúsculas egolatrías que le sirven a las sociedades para seguir funcionando – porque la guerra se los llevó por delante. No hubo en este día de la Región otro discurso que el de Manuela Cabero, pues el Presidente, con buen criterio, renunció a ello ante la asfixia que amenazaba a los asistentes. Fue hábil al tomar esa decisión y así lo reconoció el público con el aplauso. O tal vez se le ocurrió pensar que había que dejar que continuara retumbando esa llamada de solidaridad y compromiso, pronunciado por esta mujer que vive en Toledo. No hizo, Manuela, ninguna concesión al sentimentalismo al que se suelen prestar este tipo de actos. Fue una intervención austera, que resonó como un latigazo en el espacio, más allá de la carpa. Es probable, pero esto tan sólo es una suposición, que los planetas y las estrellas se pararan una fracción de tiempo imperceptible, para continuar después su evolucionar por un éter que vemos azul.