BARRIO DE SANTO TOMÉ
Juan Ignacio DE MESA RUIZ
VAMOS A PEOR
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Mientras las familias
españolas que su situación económica se lo permita, se preparan
para las vacaciones de verano, las noticias económicas presentan
un panorama cada vez más sombrío. Ya se acepta que la tasa de
desempleo para 2009 se moverá en el entorno del 11% El parón
inmobiliario hace caer el superávit público en un 80% y pega un
recorte significativo a la recaudación de las Comunidades
Autónomas y Ayuntamientos. Las cifras de ingreso por IVA
disminuye un 17,8% sobre 2007 al igual que los ingresos a cuenta
del Impuesto de Sociedades caen en un 19,7%. El escenario no
puede lanzar señales más claras para indicar que es preciso
adoptar medidas anticiclicas que palien, en lo posible, la que
se nos viene encima.
Ya no es cuestión de volver
la vista atrás y reconocer que se ha perdido una ocasión
histórica para modificar las estructuras productivas de un país
en el que el boom de la construcción ha ocultado deficiencias
estructurales que siguen siendo el lastre fundamental de nuestra
economía. El déficit de nuestra balanza de pagos que obliga a
buscar una financiación exterior de más de 100.000 millones de
euros al año, con el problema añadido de la falta de liquidez de
muchas entidades financieras, que no pueden atender la demanda
de recursos de muchas PYMES, que ven como su situación
financiera pasa de preocupante a desesperada. A lo que se añade
el diferencial de inflación (se anuncia un 5,2% de tasa de
inflación para este periodo trascurrido del 2008) con los demás
países de la U.E., hace que nuestra economía pierda
competitividad permanentemente.
Y mientras tanto, Zapatero
intenta reeditar los Pactos de la Moncloa sin darles contenido y
dejándolos en una mera foto, en donde ni la calidad de los
personajes es comparable. En fin, sea por aquello de la Alianza
de Civilizaciones, que Javhe, Dios y Alá nos cojan confesados
ante la que se nos viene encima, porque del actual Gobierno
parece como si se hubiera adeñuado un complejo de Don Tancredo
que no saben o no pueden superar, y pocas medidas podemos
esperar. |
ROJAS
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Estoy encantado, este no
parece mi Toledo, que me lo han cambiado. Si la pasada semana se
merecían un homenaje Gregorio Marañón y Julio Porres, esta
semana recibe un homenaje indirecto con la inauguración de una
magna exposición de su obra, Paco Rojas. Reconocer a estas
alturas lo que Paco ha supuesto para el arte contemporáneo
toledano no sería más que una obviedad. La creación, a
principios de los setenta, del Grupo Tolmo junto con otros
buenos amigos comprometidos no solo con el Arte, sino con la
necesidad del cambio en los modos de verlo por una sociedad
anquilosada en modelos superados, ya es, por sí solo, motivo
suficiente para que Paco sea merecedor de que su obra más
reciente se exponga con todo el apoyo de la Junta de
Comunidades. Pero es que además del pintor, es la persona quien
merece el reconocimiento a su saber hacer durante todo este
tiempo. Su capacidad didáctica en la Escuela de Artes, su
compromiso con los amigos y con cualquiera que a él se
acercara para pedirle consejo en cualquier ámbito. Paco ha sido
un ejemplo que ha podido superar crisis que a cualquiera le
hubieran dejado sin fuerzas para seguir, no ya pintando, sino
siquiera viviendo. Su obra muestra la perfección de un trabajo
bien hecho que crea una comunicación directa con el espectador
que la contempla. A pesar del cambio que se ha ido produciendo a
lo largo de su vida, su obra tiene tal personalidad que es fácil
reconocerla, sea cual sea el momento en el que fue pintada. Que
ahora podamos ver los cuadros creados en los últimos años
colgados en Santa Cruz (¿para cuándo dejará de ser Santa Cruz
una “galería para volver a ser un MUSEO?) y en la Galería Tolmo,
va a permitir disfrutar de todo lo que Paco ha querido darnos a
conocer de su magnífica obra.
Gracias por poder ver la obra
de Rojas y gracias por pensar que Toledo empieza a ser
agradecida con sus gentes y a reconocer el valor de las mismas
por encima de cicaterías y envidias de patio de vecindad. |
COBERTIZOS
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Viernes 30 de mayo, son las
11 de la noche. Estamos enseñando los cobertizos a unos amigos,
antiguos compañeros de Colegio Mayor. Pasamos por la Plaza de
Santa Clara, un grupo escenifica un duelo a espada. Lo hacen
bien y tienen capacidad escénica para poner en situación lo que,
casi seguro, alguna vez sucedió en la realidad. Esto nos pone en
situación para entrar en el ambiente que, ya he anticipado mis
amigos, supone ese maravilloso enclave de los cobertizos
toledanos. La cosa se va estropeando debido a la entrada de unos
coches que vienen desde la Plaza de los Carmelitas. Esperamos
para poder recuperar el silencio necesario que nos permita
entrar en la Plaza de Santo Domingo el Real sin que se rompa el
encanto de una noche que, aunque oscura y sin estrellas,
acompaña con una
agradable temperatura. Al entrar en Santo Domingo el desengaño
es absoluto, coches copando todos los rincones hacen imposible
abarcar la vista de una plaza que siempre tiene una impronta de
lo que el pasado toledano fue. Ni la placa dedicada a Bécquer,
ni los dos cipreses alzándose al cielo ni explicación alguna que
puedas dar para recordar lo que esta plaza y el convento que en
la misma se encuentra significó en su día. Para colmo, hace su
entrada una motito de las de poca cilindrada y mucho ruido. Lo
que se vaticinaba como una noche de encanto al llegar a Santa
Clara, se ha convertido en un despotricar de todos contra una
sociedad que ha priorizado de tal manera el uso del coche que se
posterga cualquier otro tema a la servidumbre que del mismo se
tiene.
Salimos hacía la calle Real
para intentar recuperar el encanto en otros rincones de la
ciudad. Menos mal que Toledo hace que todos podamos recuperar el
pulso de la historia en cualquiera de sus rincones. No han
pasado treinta minutos, cuando estamos hablando de poesía y
poetas, de leyendas y de historia. Pero nadie borrará el mal
momento del motorista inoportuno, de los coches indebidamente
aparcados y de un encanto roto. ¿Para cuándo el paso definitivo
que permita recuperar la ciudad para los peatones y las plazas y
rincones para el encanto perdido? |
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