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INQUIETUDES NAVEGADORAS
Los romanos.
En antiguas crónicas quedó escrito: «Si no
puede decirse con suficiente motivo que Toledo es fundación de
romanos, a ellos debe su primer engrandecimiento».
Y en ese engrandecimiento debemos incluir las
inquietudes de los romanos y demás pobladores de Toledo por la
navegación, cuando, al lado del Circo Máximo, fueron capaces de
construir también una especie de estanque ó laguna, donde realizar
combates navales, conocido como Nanmachia, para que en las grandes
solemnidades festivas «campase todo regocijo y divertimiento».
La solución técnica que dieron para llenar el
enorme estanque de agua, se basaba en traer ésta encañada desde el
cercano río Tajo, como la llevaban desde el Tíber al lugar donde
tenía lugar en Roma la Naumachia.
«No sólo servía esta Naumachia para fiestas,
celebrándose en ella batallas fingidas, sino para el ejercicio y
enseñanza de los soldados, porque allí se enseñaba y aprendían a
gobernar y regir las galeras, a saber acometer y chocar con el
enemigo y a buscar la defensa del contrario. Dábanse ricas joyas a
los vencedores, mucha vaya y gritería a los vencidos»
Según esta descripción de antaño: «El adorno
de las barcas y navíos, las galas, las libreas de los remeros y
soldados, el crujir de las armas, el clamor y vocería, así de la
chusma que bogaba, como de los vencidos y vencedores, era cosa muy
de ver».
Como miembros de una civilización poderosa, no
hemos de extrañarnos que los romanos llegasen a realizar, en
beneficio de nuestra ciudad, construcciones tan trascendente como la
traída de agua potable desde lejanos lugares, haciéndola atravesar
el Tajo que circunda Toledo, por un enorme acueducto, del que aún
quedan vestigios. También han quedado huellas del lugar adecuado a
Teatro, del sitio reservado para la celebración de la Nanmachia y,
principalmente, fragmentos bien visibles, rescatados en diversas
excavaciones, del gran Circo Máximo, lugar de celebración de las
famosas carreras de cuadrigas, luchas de gladiadores, exhibiciones
de fuerza y arrojo,etc, donde los habitantes toledanos, romanos y no
romanos, se regocijaban conjuntamente. Vivían en tal estado de
conformidad y ajuntamiento que, según dejó escrito Estrabón «En su
tiempo no se podía fácilmente conocer ni distinguir, cuáles eran
romanos o españoles, tan transformados estaban en su lengua, vestido
y costumbres»
Han dicho expertos investigadores e
historiadores, que, a las construcciones romanas realizadas en
Toledo no las venció el paso de los siglos sino que, estos
monumentos, «fueron demolidos o despedazados por los godos y los
árabes». A pesar de ello, aún quedan indelebles huellas que se
resisten a desaparecer totalmente.
Edad Media.
Contamos con muy escasos datos de haberse
navegado por el Tajo en la Edad Media
Proceden estos de la «Historia de monseñor
Beltrán du Guesclin» mandada escribir en prosa el año 1387 por
monseñor Juan de Estouteville y traducida al español por don Pedro
A. Berenguer.
A nuestro conocimiento sólo ha llegado la
trascripción siguiente, que figura en la página 211 de la citada
historia: Y entonces estaba Don Pedro en la ciudad de Sevilla, el
cual había vuelto nuevamente del reino del Belmarín -reino de
Ceuta-, donde había hecho alianza con el rey de dicho país de tal
manera, que debía tomar por mujer a una de sus hijas, la que
quisiera Don Pedro, el cual, a su vez, debía abandonar la ley de
Jesucristo y hacerse sarraceno, y con esta condición el dicho rey de
Belmarín le prometió enviar en su ayuda -contra su hermano Don
Enrique- al puerto de Toledo a su almirante y diez mil sarracenos
bien armados.
Estos sucesos parecen algo inverosímiles. Pero
se asegura que en la mencionada historia consta haber llegado a
Toledo dicho ejército, que no pudo haber venido sino por el Tajo.
Este apunte puede servir de base inicial, si
bien la idea decisiva de hacer un Puerto en Toledo, llegó doscientos
años después.
ESTRATEGIA
DEFENSIVA CON BARCOS
Insurrección.
En la
insurrección ocurrida en Toledo en 1520 contra Carlos V, dueños ya
de la población y sus fortificaciones, «los insurrectos procuraron
ante todo asegurarse contra cualquier ataque exterior, poniendo en
las puertas y en los puentes, como en el alcázar y el castillo,
guardas de su confianza; repararon los muros; fundieron cañones con
el metal de las campanas apeadas de algunas iglesias; acopiaron
armas y pólvora; mandaron retirar los barcos que había en el río,
para impedir por él la entrada, y se dedicaron entusiastas y
valerosos a la defensa de sus lares, por si llegaba el caso de ser
acometidos».
Importante papel.
Como queda narrado, en la estrategia defensiva
jugaron un importante papel el cauce del río que abraza a la ciudad,
y los barcos varados en distintos puntos del Tajo. La orden que se
había dado era determinante: Este día (25 de Mayo de 1520) se
proveyó de mando por los susodichos (Don Pedro de Ayala, Regidor, y
Don Diego Serrano, Jurado) que se quiten los vareos del río y se
pongan en una casa
IMPULSO REAL.
Propuesta a S.M. Felipe
II.
En un reportaje periodístico, tras de un
profundo estudio analítico e investigador de nuestra Historia,
Segundo Gurumeta publicaba en la prensa toledana algunos pormenores
que motivaron la iniciación de un proyecto de hacer navegable el
Tajo.
Ultimados los
derechos que al cetro de Portugal había alegado el Rey de España,
Felipe II, y resuelta favorablemente la cuestión en fecha 15 de
diciembre de 1580, el ingeniero Juan Bautista Antonelli, propuso al
monarca un plan general de navegabilidad para los ríos de España.
«Suponemos -dice Gurumetaque-, al no existir un medio de transporte
para el suministro de los ejércitos de ocupación, se pensó realizar
este proyecto de Antonelli, comenzando por el río Tajo, con intento
de enlazar fluvialmente Lisboa con Madrid de la forma siguiente:
valerse del Jarama, entrar por el Manzanares y llegar hasta el Real
Palacio de El Pardo».
Partiendo desde la localidad portuguesa de
Abrantes, puso en práctica su plan de navegación Antonelli, llegando
hasta Alcántara. Vino después a Toledo el célebre ingeniero,
escribiendo al Rey manifestándole las buenas impresiones y las
facilidades que ofrecía el proyecto:
De la Puente del Arzobispo escribí a S.M. de
mi llegada a ella; dejé las cartas al cronista Ambrosio de Morales,
para que las enviase. Seguí mi camino, y pasado dos leguas encima de
la dicha Puente, hallé mejor tabla de río y mejores orillas y mejor
navegación hasta Talavera y Toledo; tanto que si no fuera los sotos
que embarazaban la sirga (maromas atadas al barco, para que por
tierra, desde una y otra orilla, las caballerías tirasen de ellas
arrastrando la embarcación corriente arriba,) con estas crecientes
que cubrían las presas, era tan buena navegación como la del Po; y
por la benignidad del Cielo y fertilidad de la tierra, paréceme que
se puede hacer otra Lombardia, aderezándose la navegación para de
invierno y verano, como se puede con mucha comodidad y despacho,
convidará a plantar olivares, viñas y frutales, y se llevarán, aquí
a Madrid, y a una parte y a otra, harto barato; y será de mucha
provisión, provecho y comodidad
Oposición toledana.
En unas Cortes
celebradas por Felipe II en Madrid, año 1583, se trató de votar un
servicio de cien mil ducados para continuar la navegación del Tajo
desde Alcántara Hasta Toledo.
Los planos correspondían al ingeniero Juan
Bautista Antonelli, una vez que por el mismo río se abrió la
comunicación hasta el primer punto desde Lisboa, luego que quedó
unida a Castilla la corona de Portugal en 1580
Los Procuradores del Reino no opusieron
resistencia a este pensamiento útil y provechoso.
Y mientras que los talaveranos aceptaron de
grado el satisfacer los ciento setenta mil maravedises que le habían
sido asignados, los ciudadanos de Toledo no acogieron bien la idea
riéndose de ella por abominable y dañosa, sin que alcanzaran a
convencerles las conferencias y disputas que tuvo con gentes muy
graves Esteban Garibay
Finalmente, a regañadientes, los toledanos de
la capital no tuvieron más remedio que pagar la cantidad que les
tocó en el repartimiento, decretado en las Cortes, que ascendió a un
cuento (un millón) y trescientos mil maravedís.
En los datos aportados por Gurumeta se
significa que con el dinero total recaudado en el repartimiento
«quedó abierta la navegación desde Talavera la Vieja (Cáceres), pero
a pesar de estar en uso hasta Toledo, llegando a bajar barcos de
tropas, galeotes y provisiones desde aquella ciudad hasta Lisboa,
las obras debieron ser solamente en cuanto a demolición de presas y
abrir algunas esclusas, lejos, desde luego, de una adecuada,
verdadera e inteligente canalización». Y llega a la conclusión de
que «ni siquiera el ingeniero director logró premio a sus afanes, ya
que en una carta dirigida al secretario de la guerra decía que
ganaba lo que un jornalero»
Construcción de barcas.
Además de la
cantidad indicada anteriormente, que tuvo que pagar Toledo en el
repartimiento, quedó obligada a ordenar construir, con gastos a su
cuenta, veinte barcas, según se la previno por Real Provisión de
Felipe II, fechada en Madrid a 12 de Diciembre de 1585
No pudieron evadirse nuestros antepasados de
las obligaciones que le venían dictadas por el Monarca, y así los
rectores del Ayuntamiento toledano mandaron disponer todo para que
fuesen construidas las veinte barcas citadas
Entre los documentos que celosamente guarda el
Archivo Municipal de Toledo, se encuentra el que nos ha servido para
conocer, directamente, lo relacionado con la Cuenta de los miles y
miles de maravedises cobrados y gastados en la fabricación de veinte
barcas para la navegación del río Tajo. 1586.

En uno de los asientos del Cargo, que copiamos
como testimonio fiel, se dice: Me libró el doctor Guillen, Juez de
la Navegación del Tajo, en Francisco Hurtado, Depositario General,
treinta y siete mil y cuatrocientos maravedís, de los que se han de
pagar de los fletes de los Vareos que han servido en el abrir y
romper las presas y canteras para la navegación. O sea que, además
de los miles de maravedises aportados por razón de repartimiento, y
los otros miles del costo de la construcción de las veinte barcas,
se incrementaban los gastos habidos para dejar expedito el sendero
acuático por el que tenían que navegar las dichas embarcaciones
Los demás asientos, con especificación de las
cantidades correspondientes, pertenecen, entre otros, a los pagos
efectuados por los acarreos de madera de encina, de álamo negro y de
pino, para hacer los barcos; por trabajos realizados por los
oficiales carpinteros y maestros que hicieron los barcos (estos
maestros eran portugueses); por los herrajes con destino a los
barcos, efectuados por el maestro cerrajero; gastos hechos en brear
y calafatear los barcos, así como los gastos efectuados en
adquisición de maromas, cordeles, lienzos y remos, que fueron
traídos de Bilbao
De los veinte barcos construidos, dos unidades
eran grandes, varias medianas y otras pequeñas
Rudimentario Astillero.
A juzgar por el inventario que nos ha sido
legado, los constructores de estos barcos debieron pasar no pocas
fatiguitas, ya que los medios técnicos con que contaban y las
rudimentarias herramientas empleadas, eran, más bien mediocres. Y si
no lo creen, juzguen por ustedes mismos:
En la ciudad de Toledo, a diecinueve días del
mes de Noviembre del año de 1587, en presencia de los señores
Comisarios, habiendo ido al taller y casa adonde se hacen los
barcos, a la ribera del Tajo, cerca de los Molinos de Azumel y
presente el Jurado Diego de Castro Verde, y Alonso de Sala, Sobre
estante de la dicha obra y fábrica, se hizo inventario de las cosas
que allí se hallan, que son en la forma siguiente:
Primeramente la casa y taller donde se labran
los barcos, que es toda de madera de pino muy bueno, con sus
puertas, cerraduras y llaves y un aposentillo de la misma madera,
con su puerta, llave y cerradura.
Una valla de madera que está delante de la
dicha casa y alrededor de ella.
Una caldera de cobre para derretir pez.
Unas trébedes y candil de hierro.
Unos hierros y mazos para calafatear los
barcos.
Dos bancos grandes para labrar la madera y el
uno con su husillo.
Otros dos banquillos medianos para labrar.
Un molejón para amolar herramientas.
Una garlopa de madera para ajustar las tablas,
con su hierro.
Botadura de la flotilla.
Terminada la
flotilla de barcas construidas en la ribera del Tajo, con tan
escasos medios, se procedió a la botadura de la misma. Y tras
comprobar que todas las embarcaciones flotaban milagrosamente, se
fijó fecha para la ceremonia de bendición de las naves, la cual
estuvo a cargo del Cura de la Parroquia de San Martín, el día 31 de
Enero de 1588.
En este mismo día, -según la crónica de
Garibay-, las barcas toledanas emprendieron su primer viaje, destino
Lisboa, con cincuenta galeotes (remeros forzosos) y alguna cantidad
de trigo, tripuladas por marineros portugueses al mando del capitán
Cristoval de Roda, sobrino de Antonelli (autor del proyecto de
navegabilidad del Tajo).
Y antes de que las naves llegasen a su destino
en tierras portuguesas, comenta el citado cronista que la gente
publicaba en Toledo naufragios y desgracias del viaje por el odio a
esta navegación.
Atribuye Garibay
esta resistencia a ignorancia de los toledanos, cuando más racional
sería atribuirla a un sentimiento de desvío hacia, el que el Rey
Felipe II, diez años antes, había preferido llevarse las Cortes a
Madrid.
Este proyecto
quedó abandonado en tiempos del Rey Don Felipe III, «aprovechando la
ocasión los dueños de los molinos, para cerrar con empalizadas las
esclusas».
ARRIESGADOS NAVEGANTES.
Los gancheros.
Consideramos
importante, o al menos curioso, incluir en este
trabajo de navegabilidad por el
Tajo a unos navegantes que no utilizaron embarcaciones, y que, sin
embargo, solían surcar las aguas de este río con frecuencia, y con
mucho riesgo para sus vidas. Nos referimos a los gancheros, expertos
operarios en el cometido de conducir los troncos de madera por vía
fluvial, sirviéndose de un bichero, subidos en los troncos y
saltando entre ellos, faenas que hacían con mucha habilidad.
Navegación de la madera.
Un documento de 1625, hallado en el Archivo
Municipal de Toledo, nos ha permitido hacer una idealizada
reconstrucción de cómo se llevaba a cabo la «navegación de la
madera», que llegaba a Toledo por el Padre Tajo.
Lo troncos eran cortados, generalmente, -al
menos los del documento que nos ocupa- en la villa de Cañizares,
situada en la serranía conquense. Muy próximo a este lugar pasa el
río Guadiela y, así, la madera, al emprender el viaje, era situada
en las inmediaciones del canal de Chicha, pasado el cual continuaba
deslizándose por el afluente del Tajo que, por esos caprichos de los
límites fronterizos, se adentra en Guadalajara y torna de nuevo a la
provincia de Cuenca, recorriendo los terrenos que hoy están
invadidos por las aguas del pantano y embalse de Buendía.
En aquellos lejanos tiempos de 1625, el río
Guadiela, utilizado como vía fluvial para el transporte de la
madera, enlazaba con el Tajo, y entregaba a sus aguas la preciada
carga maderera por Zorita, perteneciente a Guadalajara.
Con más amplio caudal el del Padre Tajo, es
posible que los encargados de guiar la mercancía encontraran mayores
dificultades para dominar la carga y dirigirla, así como salvar los
diversos obstáculos que de siempre ha venido ofreciendo el caudaloso
y peligroso Tajo, sobre todo en las imprevistas crecidas.
Los troncos continuaban viaje y se adentraban
en el tramo que corresponde a Madrid y, luego a su discurrir por la
provincia toledana.
Contrato escriturado.
En el correspondiente contrato de otorgamiento
se recoge el apartado del compromiso que adquieren los encargados
del transporte de la madera: Nos obligamos de dar y entregar a Simón
Téllez, Jurado; Antonio de Guadalupe, y Francisco de Paraíso,
madereros, vecinos de Toledo, dos mil pinos cortados, sacados
rastrojados, navegados y sacados del río, y puestos a nuestra costa
en los aserraderos de Toledo, en la forma y parte que es costumbre.
Otros apartados aclaran como condición, que
toda la madera ha de traerse a nuestra costa, riesgo y aventura,
hasta sacarla en los dichos aserraderos, y que todos los daños de
presas, pasos y puentes, también era responsabilidad de ellos.
BARCOS PARA DIVERSAS APLICACIONES.
Para pesca con recles.
Surcando las aguas del Tajo, en esta especie
de «media verónica» con la que abraza el río a la ciudad, -frase
feliz de Jaime de Foxá-, desde los más remotos tiempos, los
pescadores toledanos han dispuesto de humildes barquichuelas para
sus faenas de pesca con redes, a fin de capturar los preciados
barbos, carpas y demás especies piscícolas que ofrece nuestro río, y
traducirlo en los jornales que habían de llevar a casa para el
mantenimiento familiar. Y eran muchas las familias que vivían del
producto de la pesca. De aquello quedó el siguiente refrán: «De
Toledo, pescador ó pajarero»
Cuando estas embarcaciones no faenaban, se
aprovechaban para otros menesteres, como, por ejemplo, navegar
placenteramente por los tablazos formados entre las diversas presas
que componen el citado tramo.
Para transporte.
Consignemos en
primer lugar la principal embarcación que, durante siglos, poseía
Toledo, conocida como «Barco de Pasaje», cuyo nombre aún perdura en
los últimos peldaños del siglo XX, para el traslado de viajeros de
orilla a orilla, en el lugar cercano a los cerros del Valle.
Primitivamente era propiedad del Cabildo de la Catedral, asignada
como prebenda al Canónigo Dignidad de Arcediano.
Hoy en día, este tramo de travesía está bajo
los auspicios del Ayuntamiento.
Otras barcazas, de mucho mayor tamaño, estaban
destinadas al transporte de mercancías y ganados, bien atravesando
el río, o bien siguiendo su curso o remontándolo.
Las labores que cumplían estas embarcaciones
eran de mucho mérito, y, en algunas de ellas, las empleadas en el
transporte a lo ancho del río, no necesitaban remeros. Una sola
persona podía gobernarla, limitándose a ir tirando del cable
tensado, con anclajes en las dos orillas, que iba sujeto y guiado
por unos postes situados en la embarcación. Lo curioso de ello es
que su navegación no la hacía abriendo las aguas con la proa, sino
que iba atravesada.
Varias de estas barcas han venido
permaneciendo hasta nuestros días. Muchos toledanos recordamos que,
mediado este siglo, aún estaba dando servicio la embarcación de
estas características que conocíamos como «Barca de Romanones»,
perteneciente a la finca de Buenavista, situada a la margen derecha
del Tajo.
Al amanecer, desde la margen derecha,
servidores y ganado se trasladaban a la otra orilla, donde la
referida finca disponía de extraordinarios pastos para las ovejas, y
los terrenos de laboreo y huerta de muy diversas especies. Al caer
la tarde, personas y animales retornaban al lugar de salida, en el
mismo medio de transporte utilizado por la mañana, tras de haberse
cumplido la jornada de trabajo.
Para recreo.
En siglos pasados, surcaron las aguas del Tajo
lujosas embarcaciones, sobre todo en los suaves tablazos de Aranjuez,
teniendo como pasajeros a Reyes y Cortesanos, cubriendo momentos de
expansión y recreo, gozando de los frondosos paisajes ofrecidos en
las dos márgenes del río.
No hace falta describir la variedad de estas
barcas, de una riqueza ornamental extraordinaria, que se encuentran
como piezas de Museo en la «Casa de las Barcas», de Aranjuez.
También desde muy antiguo en Toledo había
barcas destinadas al recreo, pero no para Reyes y
Cortesanos,
sino para los simples ciudadanos. Así queda consignado en un
documento del año 1638, que posee el Archivo Municipal Toledano, en
el que liemos podido investigar.
A través de dicho documento pudimos conocer
que el señor Corregidor de la ciudad, había mandado hacer una barca
para la ribera del río, a fin de situarla en el paraje de la
Alameda. Se ponderaba la perfección y maestría con que había sido
realizada la embarcación, advirtiendo que se debían a su constructor
trescientos sesenta reales. Y se añadía en el texto: El señor
Corregidor la hizo para adorno y recreación de aquel sitio y que
dará por ella doscientos cincuenta Reales cada año por el
aprovechamiento del barcaje.
Que pide a la ciudad se sirva de ella, y que
después de pagados los trescientos sesenta Reales que se restan, lo
que se sacare del aprovechamiento del barcaje se sirva de
convertirlo en los gastos que se hicieren para conservar la alameda.
Dése razón de ello a la Contaduría.
Como se puede apreciar, la planificación del
señor Corregidor fue de lo más clarividente, comercialmente
hablando, para que la inversión realizada por el municipio en la
construcción de la barca de recreo no le costase al erario público
ni un sólo real.
Al contrario; una vez pagado el costo de la
construcción, con lo que se fuese sacando del aprovechamiento del
barcaje, se aplicaba en ir incrementando el adecentamiento del
paraje de la Alameda. Así da gusto tener rectores municipales.
BARCAS PARA S.M. EL REY
Preparativos en «La Ventosilla».
En Enero de 1639, según consta en documentos
municipales, Don Tomás de Silva, comisionado por el Corregidor de
Toledo, acompañado de varios Alarifes se personaron en la finca de
Ventosilla, que dista unos once kilómetros de la localidad de Polán,
para comprobar el estado en que se encontraba la barcaza, situada en
el río Tajo, próxima al palacete ventosillero, así como los caminos
de acceso.
Esta inspección estaba motivada por la
anunciada próxima presencia de Su Majestad, que había elegido como
alojamiento el Palacio de la Ventosilla, durante el tiempo que
durasen las jornadas de caza, que estaba dispuesto se celebrasen en
la mencionada finca.
Según el informe emitido, se hacía necesario
hacer aderezar la barca propia de la Ventosilla y otra cercana. Y
por estar las orillas del río robadas, había que arreglarlas, pues,
al estar muy bajas, no era posible situar las dichas barcas en lugar
apropiado.
Había que traer de la ciudad maromas para
sujetar las barcas y maderas para aderezarlas, dejándolas dispuestas
de tal manera, que los coches de S.M. pudieran pasar.
A fin de que todo quedase en condiciones, se
aconsejaba no dilatar mucho las prevenciones y aderezos, no
solamente de los barcos, sino también de los caminos hasta la
llegada a la finca y palacete de Ventosilla.
Para afrontar estos gastos, se dispuso fuesen
sacados dos mil reales de los dos mil quinientos ducados que estaban
repartidos a Toledo.
Cinco jornadas de caza.
Fue del Conde
Duque de Olivares, -a quien el Rey Felipe
IV había dejado el gobierno efectivo de la nación-, de donde partió
la orden verbal de que se preparase todo lo necesario para el
servicio de Su Majestad, así como de todos los caballeros y damas
que llevaría consigo, a las cacerías que estaban previsto darse en
la finca de La Ventosilla y sus contornos.
Para arreglar los caminos de Castrejón y todos
los sitios por los que la Real persona tendría que pasar en la
cacería, hubo de removerse mucha tierra, y arreglar las orillas
donde se habían previsto los embarcaderos y desembarcaderos, ya que
había de pasarse el río por varios lugares.
Dada la crecida del río y su anchura, se registraron durante estas
labores las bajas de tres trabajadoras, que perecieron ahogados, así
como el hundimiento de una barca.
En el mismo documento al que estamos haciendo
referencia, se indica que en los trabajos de preparación para que el
Rey y acompañantes no tuvieran problema alguno en su llegada a La
Ventosilla y en el desenvolvimiento de los transportes para efectuar
las cacerías, fue necesario traer varias barcas desde cuatro o cinco
leguas río abajo y río arriba.
Como quiera que aquel sitio no era
acostumbrado a semejantes pasos, fue menester poner maromas que
atravesaban el río para el paso de una barca grande destinada al
transporte de coches, carros y cabalgaduras.
A pesar de los problemas que se presentaron,
todos fueron salvados por el Rey y sus acompañantes, así como por
las gentes que habían sido contratados para los ojeos.
No consta en el informe que durante las
jornadas de caza se registrase incidente alguno.
Devolución
de las barcas.
Quienes tenían que cumplir las órdenes dadas
por el Conde Duque de Olivares, a fin de prevenir todo lo necesario
para las jornadas cinegéticas que iban a desarrollarse en la finca
toledana de La Ventosilla, se aplicaron con diligencia, sobre todo,
en conseguir las embarcaciones que se necesitaban. ¡Ah!, pero ya no
fueron tan diligentes en devolverlas a los dueños que las
proporcionaron, como hemos podido conocer por una misiva, dirigida
al Ayuntamiento, en la que, Inés Gómez, molinera de los Molinos de
Aita, dice que para el servicio de Su Majestad, le fue pedida la
barca que tenía y que está en Ventosilla y su ribera. Que le hace
falta para atender los trabajos del molino, que es pobre y su marido
enfermo seis meses; que suplica a la ciudad merced se le devuelva la
barca.
Otro molino que también reclamaba devolución
de la embarcación que les había sido requerida para el servicio del Rey y sus acompañantes,
fue el de Portusa. El encargado de esta barca dice en su petición al
Ayuntamiento de la capital toledana que, se bajó la barca de Portusa
a Ventosilla, que son cuatro leguas por agua, que es necesario
subirla agua arriba y costará más de seiscientos reales. Que suplica
a la ciudad mande se suba por la falta que hace.
Se ordenó a los señores Comisarios que las l>areas
fueran devueltas a sus lugares de origen.
OTROS INTENTOS SERIOS DE NAVEGABILIDAD
Portugal se independiza.
Durante el
reinado del monarca español Felipe
IV, se independizó Portugal (1640). Desde ese momento se dio al
traste con los antiguos proyectos que había de hacer navegable el
Tajo desde Toledo hasta Lisboa, a pesar de que se habían interesado
en ello propietarios de terrenos, molinos y batanes, así como
linajudos nobles, que se beneficiaban de las liguas del padre Tajo.
Proyectos de 1641 y 1755.
Con el fin de
mitigar desdichas de que fuera pródigo su reinado, -según comentario
de Luis Aguirre Prado- Felipe IV
afronta en 1641 la canalización del Tajo, encomendando el estudio
del proyecto a los ingenieros Luis Carduchi y Julio Martelli, al
jurista Eugenio Salcedo, «los cuales se lanzan al reconocimiento del
río y afirman las posibilidades de navegación por el Tajo no
solamente hasta Toledo, como se pretendía inicialmente, sino hasta
la Casa de
campo de esta Corte, como dispone el Conde Duque...
Pero en aquellos días en que intereses
extranjeros menoscaban el acervo español, no pudo llevarse a cabo el
proyecto, por falta de elementos con qué sufragarlos».
Pasado poco más
de un siglo, concretamente en 1755, es el monarca español Fernando
VI quien
toma la iniciativa, encargando a los ingenieros José Ruiz y Pedro
Simó el estudio de la navegación sobre el Tajo y la forma de
financiar la empresa.
Se efectuó un concienzudo estudio, y una vez
comprobado que era viable, fue constituida una Compañía de
Navegación, no solamente del río Tajo, sino también del Guadiéla,
Manzanares y Jarama, concediéndose a la citada Compañía determinados
privilegios y auxilios reales para llevar a cabo el proyecto.
A los cuatro
años de iniciada, truncó la empresa, por fallecimiento del monarca
que la impulsó y propició, y «al no secundarse los trabajos, pese al
interés que por ello demostró su hermano y sucesor Carlos
III, ejecutor de los planes que en el anterior reinado se
comenzaron».
Frustrado viaje Aranjuez-Lisboa.
La noticia se recoge en una efemérides
publicada por Don Prudencio Rodríguez en la que indica que llegó a
Toledo una barca, procedente de Aranjuez, con el objeto de navegar
el Tajo hasta Lisboa. «Pero al llegar a la presa de los Descalzos
dio contra una piedra y se hizo pedazos; con este motivo, por
debajo del puente de San Martín, la barca hacía bastante agua, y se
ahogaron tres marineros de los ocho que iban, y en la presa de
Solanilla se hundió dicha barca y fueron a nado a la isla, donde
permanecieron toda la noche con bastante peligro por estar el río
alto y mucho frío». El suceso ocurrió el día 1 de Marzo de 1795.
Veinticinco años después, volvió a escribir
sobre este tema de la navegabilidad del Tajo Don Francisco Javier de
Cabanes.
Se trataba de una Memoria, publicada en 1828,
que tenía por objeto «manifestar la posibilidad y facilidad de hacer
navegable el río Tajo, no ya desde Toledo, sino desde Aranjuez hasta
el Atlántico». Exponiéndose también las ventajas de esta empresa y
las concesiones hechas a la misma que, al parecer, no eran nada
despreciables.
Por lo interesante que resulta la atención que
se dispensa a Talavera de la Reina en dicha Memoria, transcribimos
los siguientes párrafos:
Aún hay en este
pueblo tradiciones de la navegación de Antonelli y de cuando esta
villa era puerto de mar (seguramente quería decir «puerto fluvial»);
pero nada se puede sacar en claro. Las gentes miran esta idea como
un sueño, pero los que entran en pormenores se extasían al
considerar las ventajas que produciría una empresa de esta
naturaleza. No hay grandes dificultades en navegar el río en lo que
comprende la jurisdicción de este corregimiento. Con ligeras obras
se podrían pasar las hermosas tablas de agua que forma el Tajo en
este país, y en cuanto a profundidad no parece que en ningún tiempo
sea mayor de vara y media, menos en los vados, que en verano son en
suficiente cantidad y sólo tienen sobre dos pies de agua.
Embarcaciones a vapor.
El principal
problema con el que contaba el proyectó que no se llevó adelante
durante el reinado de Carlos
III, era el de tener que situar «caminos de sirga a ambos lados del
río»; es decir, poner un tendido de maromas para llevar las
embarcaciones desde tierra, en la navegación fluvial.
Un ministro, López Ballesteros, durante el
reinado de Él Deseado, está en condiciones de salvar esa dificultad,
y en 1828, impulsa la vieja idea de navegabilidad del Tajo, mediante
la «aplicación del vapor a embarcaciones para navegar», con lo cual
ya no se hacían necesarios los caminos de sirga.
Quedan sometidos estos nuevos proyectos al
dictamen de don Agustín Marco Artu y de varios técnicos de Portugal,
los cuales dirigieron al Rey una Memoria en la que sugerían la
necesidad de plantear en esa época la posibilidad de poder
«proporcionarnos todos nuestros recursos dentro del país que
habitamos, en vez de que nuestras ricas y vastas colonias nos
ofrecían antes sobrados medios».
Según este proyecto, «Cuarenta vapores y otras
tantas barcazas asegurarían el tráfico entre las dos poblaciones
imperiales, Toledo y Lisboa».
Pero, antes, había que canalizar el Tajo,
cuyos gastos se fijaban en «veinte millones de reales con un posible
beneficio anual de siete millones».
SINGLADURA DEL "ANTONELLI"
Ceremonia de botadura.
La empresa de la navegación del río Tajo, que
había quedado constituida, tras de haber adquirido los conocimientos
necesarios, tuvo la feliz ocurrencia de proyectar un viaje Aranjuez-Lisboa,
ida y vuelta «con el fin de acabarse de cerciorar de todo lo
relativo a las medidas preparatorias que exige esta operación».
A tal efecto se mandó construir un barco «en
los términos que indicó el facultativo encargado de los
reconocimientos, y a propósito para el paso de I las presas que se
callan en el curso del Tajo, y que deberán componerse cuando se
verifique el arreglo de sus riberas».
Quedó advertido, a efectos de conocimiento
público, que esta embarcación no tenía por objeto hacer ninguna
prueba de lo que se intentaba verificar en el Tajo, pues para ello
resultaba indispensable la recomposición de sus riberas. El cometido
que verdaderamente tenía era: «proporcionar a su arquitecto D.
Agustín Marco-Artu y a sus colaboradores D. José María Brost y D.
Nicolás del Hierro los medios de desempeñar los encargos que se les
han confiado».
Al barco se le
puso por nombre "Antonelli", en memoria de aquel ingeniero que
durante el reinado de Felipe II
presentó el ambicioso proyecto de navegabilidad del Tajo hasta
Lisboa. Y a la voz de ¡Viva el Rey! se botó al agua a las doce de la
mañana del día 8 de Abril de 1829, «más abajo del puente verde de
Aranjuez, a presencia de las autoridades de aquel Real sitio». Ese
mismo día emprendió río abajo su navegación.
Diario de a bordo.
A modo de crónica de navegación, vamos a
transcribir, aunque sea muy sucintamente, las más destacadas
venturas y desventuras del "Antonelli", publicadas por la
prensa que siguió sus andanzas navegadoras.
Primer día. A las dos y media de la tarde y
entre las aclamaciones del vecindario de Aranjuez zarpó el barco "Antonelli"
del lugar en que fue botado al agua, más abajo del puente Verde del
Real sitio, y a las cinco de la tarde llegó al punto denominado Vado
de los Arenales, donde determinó fondear para pasar la noche con
motivo del gran temporal de viento y granizo que principió a las
cuatro de la tarde, y duró hasta después de haber anochecido.
Segundo día. Emprendió de nuevo el "Antonelli",
su viaje a las seis y cuarto de la mañana; y habiendo llegado al
puente de Ateca, se encontró que no podía pasar por debajo de él con
motivo de lo elevado de las aguas del río. En tal disposición
imaginó el arquitecto Marco-Artu desarmar el pabellón o camarote del
"Antonelli"; y después de cinco horas que costó esta operación
se pasó sin dificultad por debajo del puente expresado, y aún pudo
el barco llegar a la altura de Velilla, donde fondeó hasta el día
siguiente.
Tercer día. Bastante temprano emprendió su
navegación el "Antonelli"; pasó con facilidad la presa de los
molinos de Higares ó de Cerralbo, y llegó a Toledo a las dos de la
tarde, donde fue recibido con entusiasmo y vivas aclamaciones por su
vecindario, y en especial por su digno Corregidor D. Antonio
Navarro. En el viaje de este día fue acompañado el "Antonelli"
por un gran número de habitantes de los pueblos inmediatos, que lo
iban siguiendo por las orillas del río.
Cuarto día. Se empleó este día en el paso de
las presas de la inmediación de Toledo, tales como la del
Corregidor, de San Servantes, de Sahelices y otra de bastante
dificultad, todo a la vista del vecindario de aquella ciudad, que ha
visto con particular interés el beneficio que el Rey Nuestro Señor
se propone hacer a sus pueblos por medio de esta navegación, y que
admiraba la intrepidez y decisión de Marco-Artu y demás navegantes.
El Corregidor de Toledo los auxilió eficazmente en el paso de las
presas, facilitándoles los medios necesarios para que esta operación
no tuviese el éxito desgraciado que tuvo otra igual en 1795, en que
por impericia ocurrieron accidentes desgraciados.
Quinto día. El tiempo no permitió hasta las
once del día emprender la maniobra de pasar la última presa de la
inmediación de Toledo de las que llaman peligrosas, cuyo paso se
verificó con toda felicidad, y a vista de un numeroso gentío que
salió de la ciudad para presenciarlo. El temporal de viento y lluvia
que sobrevino después de medio día, indujo al arquitecto Marco-Artu
a acceder a las instancias que le hizo el Corregidor de Toledo de no
continuar el viaje hasta el día siguiente..
Sexto y Séptimo día. Continuó el temporal, y
en especial el viento, por cuya razón dispuso el arquitecto a
instancias del Corregidor de Toledo no continuar el viaje, y
aprovechar estos días para recomponer el barco que necesitaba
algunas reparaciones con motivo de su paso por el puente de Ateca y
salto de las presas.
Octavo día. Se saltaron en la mañana de este
día las presas inmediatas al puente de San Martín de Toledo, y al
pasar la última se rajó una tabla del fondo del "Antonelli",
con cuyo motivo tuvo que suspenderse la navegación para verificar la
recomposición necesaria, que se realizó en el mismo día.
Noveno y Décimo día. Permaneció el Antonelli
fondeado más abajo de Toledo, por haber manifestado el Corregidor de
aquella ciudad al arquitecto D. Agustín Marco-Artu que sería del
caso suspender la navegación, tanto por la festividad de estos días,
como por el temporal de aguas, que ocasionaba grandes avenidas en el
río.
Nota Bene.-Apesar de que la prensa anunció que
continuaría dando noticias relativas a este tema de la navegación
del Antonelli, por más que lo hemos intentado, no hemos podido dar
con más informaciones de esta aventura, lo cual sentimos
profundamente, dado el interés que proporcionaban las dificultades
que tenían que ir salvando los mandos y tripulación de dicha
embarcación.
Reflexión y lamento.
Tras el análisis realizado por Luis Aguirre
sobre el proyecto de navegación del Tajo con embarcaciones a vapor,
que por avatares políticos no fructificaron, dejó escrito, a modo de
reflexión y lamento, los siguientes párrafos: «De haberse trazado
esa vía fluvial, cordón de unión entre centros civilizadores, se
hubiera fertilizado la paramera, creado industrias florecientes en
localidades ribereñas, logrado, acaso, la unión entre los dos países
y con ello evitado la pérdida del extenso comercio ultramarino,
seguido arrollador el ímpetu de la raza principalmente afirmado, por
una parte, en el entusiasmo religioso que ponemos en las cosas de la
vida, y por otra, en el heroísmo personal con que las realizamos".
Visión de Joaquín Costa.
En un artículo de Don Joaquín Costa, se
trazaba la grandeza que tendría Toledo como puerto fluvial de
arranque de la línea de navegación hasta Lisboa.
No tendrían los toledanos por qué tener
reservas mentales respecto a que la ciudad podría dañarse, ya que, a
modo de una acrópolis, sería respetada y conservada en la
monumentalidad y tipismo del recinto amurallado. Mientras que, por
otro lado, surgiría un nuevo Toledo extendido por las vegas del río.
«Al puerto fluvial de Toledo -se decía
afluirían los productos agrícolas y otras mercancías de exportación
de la Castilla central para ser transportados a Lisboa, puerto
abierto a las grandes rutas comerciales atlánticas, especialmente
América. Con ello nuestra ciudad –afirmaba- tendría un tráfico y una
potencia económica considerables; es decir, una magnitud superior en
lo económico a la que gozó en otros siglos».
Todo esto se describía con visión minuciosa y
realista, no exenta de sugestivo ornato literario.
Podrían haber seguido nuestros antepasados el
ejemplo de la homónima y hermana americana Toledo de Ohio, que es
puerto fluvial; o el de la flamenca Brujas, que tuvo un resurgir
económico muy importante en cuanto a sus industrias y artesanías, al
convertir su río en navegable.
Desde nuestra visión actual, no comprendemos
la cerrazón de los toledanos de antaño, de rechazar una y otra vez
la posibilidad de que Toledo llegase a ser un puerto fluvial, dadas
las inmensas posibilidades económicas que se ponían a su alcance.
AVENTURAS DEPORTIVAS
Dos toledanos.
Con carácter deportivo, se han registrado en
nuestro siglo varias proezas de coronar el recorrido Toledo-Lisboa,
en humildes embarcaciones.
En varios reportajes, Luis Moreno Nieto dejó
constancia de algunas de estas aventuras.
En la realizada hacia el año 1929, fueron sus
protagonistas dos toledanos: don Zacarías Hernández Gil y un amigo.
«Tardaron veintiocho días en hacer el recorrido Toledo-Lisboa, (no
se consigna el tipo de embarcación en la que lo llevaron a cabo) y
durante ese tiempo se alimentaron casi exclusivamente de melones y
tomates».
Ambos deportistas, al llegar a la ciudad
lisboeta «visitaron a sus colegas del Club Náutico, quienes, al año
siguiente, les devolvieron la visita; pero contra corriente, como es
lógico».
Tres talaveranos.
Un año después, la inciativa correspondía a
tres bravos talaveranos, apellidados Vázquez, Zori y Redondo,
quienes, según el periódico «La Voz de Talavera», cubrieron el mismo
tramo acuático navegando en piragua.
Cuatro sonsecanos.
En el año 1966, la prensa se ocupó más
ampliamente del viaje que, partiendo de Toledo y finalizando en
Lisboa, realizaron por el río Tajo cuatro deportistas sonsecanos, en
una simple barca de remos, bautizada con el nombre de «Villa Sonseca».
Por iniciativa de Víctor García de Blas se
preparó esta aventura, a la que se sumaron sus hijos Manuel y
Víctor, y un amigo, José Cerdeño.
Alrededor de unos seiscientos kilómetros era
el total de distancia a cubrir, en varias etapas. Según el estudio
que tenían hecho, antes de llegar a la meta en Lisboa, hubieron de
salvar «unas ochenta presas, tres pantanos, otros tantos embalses,
abundantes rápidos, y las fuertes corrientes de las desembocaduras
de los afluentes del Tajo».
Nada de esto arredró a los entusiastas
navegantes fluviales, que cumplieron su objetivo, a pesar de las
incomodidades del mismo.
DESMANES DEL PADRE TAJO
Auténtico mar.
Antiguamente, cuando las aguas del Tajo no
tenían freno alguno por los embalses de regulación en la cabecera,
como tiene ahora; y las nubes descargaban con abundancia el líquido
elemento que portaban en todo el cauce de este río, se desmandaba de
tal manera que arrasaba con todo lo que se encontraba por delante.
Los toledanos, en no pocas ocasiones, hemos
visto todas las vegas cercanas a la ciudad invadidas por las aguas
del embravecido Tajo, convertido en un auténtico mar; al menos eso
era lo que nos parecía a los que tuvimos ocasión de verle, por
ejemplo, nosotros, en el año 1941, desde la atalaya del paseo del
Miradero.
Teníamos entonces doce años, y aún recordamos,
sobrecogidos, cómo nuestro querido río, del que conocíamos su manso
discurrir, se lanzaba en esos momentos a toda velocidad, a traspasar
los ojos del puente de Alcántara, arrastrando en la superficie de
sus aguas restos de árboles, fragmentos de edificaciones y, sobre
todo, animales de todas las especies, que había encontrado a su pa so
por las fincas de laboreo.
Invadida la Estación de Ferrocarril y otros lugares.
Esa especie de mar había invadido la estación
de ferrocarril, interrumpiendo el tráfico de viajeros; sus aguas
cubrieron las vegas de Safont, causando destrozos en las casas de
labranza; a causa de que algunos ramajes penetraron en las fábricas
de la luz, quedó interrumpido el alumbrado en las casas y calles.
En cuanto a la parte de la Peraleda, fue
arrastrada por las aguas una casa próxima al molino, perdiendo el
puente su balaustrada.
Funciones socorristas.
Las barcas
toledanas, traídas de diversos lugares, cumplieron en esta ocasión,
como en tantas otras, funciones de salvamento y socorrismo. Gracias
a esas modestas embarcaciones particulares y de la que disponían el
Cuerpo de Bomberos, pudieron rescatarse varias vidas humanas.
BROCHE POÉTICO
El toledano Juan Cebrián escribió unos versos
en los que se alude al Padre Tajo y al navegar por esta vía fluvial,
de tan extraordinaria sencillez y encanto, que no nos resistimos a
transcribir.
Con ello, ponemos broche a estos sueños que
durante siglos han sido la tortura de los toledanos.
Barquito, barco del Tajo, llévanos hasta la
mar; queremos contar los peces. Del río, los sé contar más de la mar
¿quién podrá?
Barco, barquito del Tajo, llévanos hasta la
mar; que por encima de todo he de enseñar a mi novia el puente de
Portugal. |