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cortesia de miarroba.com


ELTAJO NAVEGABLE

 

    J.J.PEÑALOSA

 

INQUIETUDES NAVEGADORAS

Los romanos.

En antiguas crónicas quedó escrito: «Si no puede decirse con suficiente motivo que Toledo es fundación de romanos, a ellos debe su primer engrandecimiento».

Y en ese engrandecimiento debemos incluir las inquietudes de los romanos y demás pobladores de Toledo por la navegación, cuando, al lado del Circo Máximo, fueron capaces de construir también una especie de estanque ó laguna, donde realizar combates navales, conocido como Nanmachia, para que en las grandes solemnidades festivas «campase todo regocijo y divertimiento».

La solución técnica que dieron para llenar el enorme estanque de agua, se basaba en traer ésta encañada desde el cercano río Tajo, como la llevaban desde el Tíber al lugar donde tenía lugar en Roma la Naumachia.

«No sólo servía esta Naumachia para fiestas, celebrándose en ella batallas fingidas, sino para el ejercicio y enseñanza de los soldados, porque allí se enseñaba y aprendían a gobernar y regir las galeras, a saber acometer y chocar con el enemigo y a buscar la defensa del contrario. Dábanse ricas joyas a los vencedores, mucha vaya y gritería a los vencidos»

Según esta descripción de antaño: «El adorno de las barcas y navíos, las galas, las libreas de los remeros y soldados, el crujir de las armas, el clamor y vocería, así de la chusma que bogaba, como de los vencidos y vencedores, era cosa muy de ver».

Como miembros de una civilización poderosa, no hemos de extrañarnos que los romanos llegasen a realizar, en beneficio de nuestra ciudad, construcciones tan trascendente como la traída de agua potable desde lejanos lugares, haciéndola atravesar el Tajo que circunda Toledo, por un enorme acueducto, del que aún quedan vestigios. También han quedado huellas del lugar adecuado a Teatro, del sitio reservado para la celebración de la Nanmachia y, principalmente, fragmentos bien visibles, rescatados en diversas excavaciones, del gran Circo Máximo, lugar de celebración de las famosas carreras de cuadrigas, luchas de gladiadores, exhibiciones de fuerza y arrojo,etc, donde los habitantes toledanos, romanos y no romanos, se regocijaban conjuntamente. Vivían en tal estado de conformidad y ajuntamiento que, según dejó escrito Estrabón «En su tiempo no se podía fácilmente conocer ni distinguir, cuáles eran romanos o españoles, tan transformados estaban en su lengua, vestido y costumbres»

Han dicho expertos investigadores e historiadores, que, a las construcciones romanas realizadas en Toledo no las venció el paso de los siglos sino que, estos monumentos, «fueron demolidos o despedazados por los godos y los árabes». A pesar de ello, aún quedan indelebles huellas que se resisten a desaparecer totalmente.

Edad Media.

Contamos con muy escasos datos de haberse navegado por el Tajo en la Edad Media

Proceden estos de la «Historia de monseñor Beltrán du Guesclin» mandada escribir en prosa el año 1387 por monseñor Juan de Estouteville y traducida al español por don Pedro A. Berenguer.

A nuestro conocimiento sólo ha llegado la trascripción siguiente, que figura en la página 211 de la citada historia: Y entonces estaba Don Pedro en la ciudad de Sevilla, el cual había vuelto nuevamente del reino del Belmarín -reino de Ceuta-, donde había hecho alianza con el rey de dicho país de tal manera, que debía tomar por mujer a una de sus hijas, la que quisiera Don Pedro, el cual, a su vez, debía abandonar la ley de Jesucristo y hacerse sarraceno, y con esta condición el dicho rey de Belmarín le prometió enviar en su ayuda -contra su hermano Don Enrique- al puerto de Toledo a su almirante y diez mil sarracenos bien armados.

Estos sucesos parecen algo inverosímiles. Pero se asegura que en la mencionada historia consta haber llegado a Toledo dicho ejército, que no pudo haber venido sino por el Tajo.

Este apunte puede servir de base inicial, si bien la idea decisiva de hacer un Puerto en Toledo, llegó doscientos años después.

 

ESTRATEGIA DEFENSIVA CON BARCOS

Insurrección.

En la insurrección ocurrida en Toledo en 1520 contra Carlos V, dueños ya de la población y sus fortificaciones, «los insurrectos procuraron ante todo asegurarse contra cualquier ataque exterior, poniendo en las puertas y en los puentes, como en el alcázar y el castillo, guardas de su confianza; repararon los muros; fundieron cañones con el metal de las campanas apeadas de algunas iglesias; acopiaron armas y pólvora; mandaron retirar los barcos que había en el río, para impedir por él la entrada, y se dedicaron entusiastas y valerosos a la defensa de sus lares, por si llegaba el caso de ser acometidos».

Importante papel.

Como queda narrado, en la estrategia defensiva jugaron un importante papel el cauce del río que abraza a la ciudad, y los barcos varados en distintos puntos del Tajo. La orden que se había dado era determinante: Este día (25 de Mayo de 1520) se proveyó de mando por los susodichos (Don Pedro de Ayala, Regidor, y Don Diego Serrano, Jurado) que se quiten los vareos del río y se pongan en una casa

 

IMPULSO REAL.

Propuesta a S.M. Felipe II.

En un reportaje periodístico, tras de un profundo estudio analítico e investigador de nuestra Historia, Segundo Gurumeta publicaba en la prensa toledana algunos pormenores que motivaron la iniciación de un proyecto de hacer navegable el Tajo.

Ultimados los derechos que al cetro de Portugal había alegado el Rey de España, Felipe II, y resuelta favorablemente la cuestión en fecha 15 de diciembre de 1580, el ingeniero Juan Bautista Antonelli, propuso al monarca un plan general de navegabilidad para los ríos de España. «Suponemos -dice Gurumetaque-, al no existir un medio de transporte para el suministro de los ejércitos de ocupación, se pensó realizar este proyecto de Antonelli, comenzando por el río Tajo, con intento de enlazar fluvialmente Lisboa con Madrid de la forma siguiente: valerse del Jarama, entrar por el Manzanares y llegar hasta el Real Palacio de El Pardo».

Partiendo desde la localidad portuguesa de Abrantes, puso en práctica su plan de navegación Antonelli, llegando hasta Alcántara. Vino después a Toledo el célebre ingeniero, escribiendo al Rey manifestándole las buenas impresiones y las facilidades que ofrecía el proyecto:

De la Puente del Arzobispo escribí a S.M. de mi llegada a ella; dejé las cartas al cronista Ambrosio de Morales, para que las enviase. Seguí mi camino, y pasado dos leguas encima de la dicha Puente, hallé mejor tabla de río y mejores orillas y mejor navegación hasta Talavera y Toledo; tanto que si no fuera los sotos que embarazaban la sirga (maromas atadas al barco, para que por tierra, desde una y otra orilla, las caballerías tirasen de ellas arrastrando la embarcación corriente arriba,) con estas crecientes que cubrían las presas, era tan buena navegación como la del Po; y por la benignidad del Cielo y fertilidad de la tierra, paréceme que se puede hacer otra Lombardia, aderezándose la navegación para de invierno y verano, como se puede con mucha comodidad y despacho, convidará a plantar olivares, viñas y frutales, y se llevarán, aquí a Madrid, y a una parte y a otra, harto barato; y será de mucha provisión, provecho y comodidad

Oposición toledana.

En unas Cortes celebradas por Felipe II en Madrid, año 1583, se trató de votar un servicio de cien mil ducados para continuar la navegación del Tajo desde Alcántara Hasta Toledo.

Los planos correspondían al ingeniero Juan Bautista Antonelli, una vez que por el mismo río se abrió la comunicación hasta el primer punto desde Lisboa, luego que quedó unida a Castilla la corona de Portugal en 1580

Los Procuradores del Reino no opusieron resistencia a este pensamiento útil y provechoso.

Y mientras que los talaveranos aceptaron de grado el satisfacer los ciento setenta mil maravedises que le habían sido asignados, los ciudadanos de Toledo no acogieron bien la idea riéndose de ella por abominable y dañosa, sin que alcanzaran a convencerles las conferencias y disputas que tuvo con gentes muy graves Esteban Garibay

Finalmente, a regañadientes, los toledanos de la capital no tuvieron más remedio que pagar la cantidad que les tocó en el repartimiento, decretado en las Cortes, que ascendió a un cuento (un millón) y trescientos mil maravedís.

En los datos aportados por Gurumeta se significa que con el dinero total recaudado en el repartimiento «quedó abierta la navegación desde Talavera la Vieja (Cáceres), pero a pesar de estar en uso hasta Toledo, llegando a bajar barcos de tropas, galeotes y provisiones desde aquella ciudad hasta Lisboa, las obras debieron ser solamente en cuanto a demolición de presas y abrir algunas esclusas, lejos, desde luego, de una adecuada, verdadera e inteligente canalización». Y llega a la conclusión de que «ni siquiera el ingeniero director logró premio a sus afanes, ya que en una carta dirigida al secretario de la guerra decía que ganaba lo que un jornalero»

Construcción de barcas.

Además de la cantidad indicada anteriormente, que tuvo que pagar Toledo en el repartimiento, quedó obligada a ordenar construir, con gastos a su cuenta, veinte barcas, según se la previno por Real Provisión de Felipe II, fechada en Madrid a 12 de Diciembre de 1585

No pudieron evadirse nuestros antepasados de las obligaciones que le venían dictadas por el Monarca, y así los rectores del Ayuntamiento toledano mandaron disponer todo para que fuesen construidas las veinte barcas citadas

Entre los documentos que celosamente guarda el Archivo Municipal de Toledo, se encuentra el que nos ha servido para conocer, directamente, lo relacionado con la Cuenta de los miles y miles de maravedises cobrados y gastados en la fabricación de veinte barcas para la navegación del río Tajo. 1586.

En uno de los asientos del Cargo, que copiamos como testimonio fiel, se dice: Me libró el doctor Guillen, Juez de la Navegación del Tajo, en Francisco Hurtado, Depositario General, treinta y siete mil y cuatrocientos maravedís, de los que se han de pagar de los fletes de los Vareos que han servido en el abrir y romper las presas y canteras para la navegación. O sea que, además de los miles de maravedises aportados por razón de repartimiento, y los otros miles del costo de la construcción de las veinte barcas, se incrementaban los gastos habidos para dejar expedito el sendero acuático por el que tenían que navegar las dichas embarcaciones

Los demás asientos, con especificación de las cantidades correspondientes, pertenecen, entre otros, a los pagos efectuados por los acarreos de madera de encina, de álamo negro y de pino, para hacer los barcos; por trabajos realizados por los oficiales carpinteros y maestros que hicieron los barcos (estos maestros eran portugueses); por los herrajes con destino a los barcos, efectuados por el maestro cerrajero; gastos hechos en brear y calafatear los barcos, así como los gastos efectuados en adquisición de maromas, cordeles, lienzos y remos, que fueron traídos de Bilbao

De los veinte barcos construidos, dos unidades eran grandes, varias medianas y otras pequeñas

Rudimentario Astillero.

A juzgar por el inventario que nos ha sido legado, los constructores de estos barcos debieron pasar no pocas fatiguitas, ya que los medios técnicos con que contaban y las rudimentarias herramientas empleadas, eran, más bien mediocres. Y si no lo creen, juzguen por ustedes mismos:

En la ciudad de Toledo, a diecinueve días del mes de Noviembre del año de 1587, en presencia de los señores Comisarios, habiendo ido al taller y casa adonde se hacen los barcos, a la ribera del Tajo, cerca de los Molinos de Azumel y presente el Jurado Diego de Castro Verde, y Alonso de Sala, Sobre estante de la dicha obra y fábrica, se hizo inventario de las cosas que allí se hallan, que son en la forma siguiente:

Primeramente la casa y taller donde se labran los barcos, que es toda de madera de pino muy bueno, con sus puertas, cerraduras y llaves y un aposentillo de la misma madera, con su puerta, llave y cerradura.

Una valla de madera que está delante de la dicha casa y alrededor de ella.

Una caldera de cobre para derretir pez.

Unas trébedes y candil de hierro.

Unos hierros y mazos para calafatear los barcos.

Dos bancos grandes para labrar la madera y el uno con su husillo.

Otros dos banquillos medianos para labrar.

Un molejón para amolar herramientas.

Una garlopa de madera para ajustar las tablas, con su hierro.

Botadura de la flotilla.

Terminada la flotilla de barcas construidas en la ribera del Tajo, con tan escasos medios, se procedió a la botadura de la misma. Y tras comprobar que todas las embarcaciones flotaban milagrosamente, se fijó fecha para la ceremonia de bendición de las naves, la cual estuvo a cargo del Cura de la Parroquia de San Martín, el día 31 de Enero de 1588.

En este mismo día, -según la crónica de Garibay-, las barcas toledanas emprendieron su primer viaje, destino Lisboa, con cincuenta galeotes (remeros forzosos) y alguna cantidad de trigo, tripuladas por marineros portugueses al mando del capitán Cristoval de Roda, sobrino de Antonelli (autor del proyecto de navegabilidad del Tajo).

Y antes de que las naves llegasen a su destino en tierras portuguesas, comenta el citado cronista que la gente publicaba en Toledo naufragios y desgracias del viaje por el odio a esta navegación.

Atribuye Garibay esta resistencia a ignorancia de los toledanos, cuando más racional sería atribuirla a un sentimiento de desvío hacia, el que el Rey Felipe II, diez años antes, había preferido llevarse las Cortes a Madrid.

Este proyecto quedó abandonado en tiempos del Rey Don Felipe III, «aprovechando la ocasión los dueños de los molinos, para cerrar con empalizadas las esclusas».

 

ARRIESGADOS NAVEGANTES.

Los gancheros.

Consideramos importante, o al menos curioso, incluir en este trabajo de navegabilidad por el Tajo a unos navegantes que no utilizaron embarcaciones, y que, sin embargo, solían surcar las aguas de este río con frecuencia, y con mucho riesgo para sus vidas. Nos referimos a los gancheros, expertos operarios en el cometido de conducir los troncos de madera por vía fluvial, sirviéndose de un bichero, subidos en los troncos y saltando entre ellos, faenas que hacían con mucha habilidad.

Navegación de la madera.

Un documento de 1625, hallado en el Archivo Municipal de Toledo, nos ha permitido hacer una idealizada reconstrucción de cómo se llevaba a cabo la «navegación de la madera», que llegaba a Toledo por el Padre Tajo.

Lo troncos eran cortados, generalmente, -al menos los del documento que nos ocupa- en la villa de Cañizares, situada en la serranía conquense. Muy próximo a este lugar pasa el río Guadiela y, así, la madera, al emprender el viaje, era situada en las inmediaciones del canal de Chicha, pasado el cual continuaba deslizándose por el afluente del Tajo que, por esos caprichos de los límites fronterizos, se adentra en Guadalajara y torna de nuevo a la provincia de Cuenca, recorriendo los terrenos que hoy están invadidos por las aguas del pantano y embalse de Buendía.

En aquellos lejanos tiempos de 1625, el río Guadiela, utilizado como vía fluvial para el transporte de la madera, enlazaba con el Tajo, y entregaba a sus aguas la preciada carga maderera por Zorita, perteneciente a Guadalajara.

Con más amplio caudal el del Padre Tajo, es posible que los encargados de guiar la mercancía encontraran mayores dificultades para dominar la carga y dirigirla, así como salvar los diversos obstáculos que de siempre ha venido ofreciendo el caudaloso y peligroso Tajo, sobre todo en las imprevistas crecidas.

Los troncos continuaban viaje y se adentraban en el tramo que corresponde a Madrid y, luego a su discurrir por la provincia toledana.

Contrato escriturado.

En el correspondiente contrato de otorgamiento se recoge el apartado del compromiso que adquieren los encargados del transporte de la madera: Nos obligamos de dar y entregar a Simón Téllez, Jurado; Antonio de Guadalupe, y Francisco de Paraíso, madereros, vecinos de Toledo, dos mil pinos cortados, sacados rastrojados, navegados y sacados del río, y puestos a nuestra costa en los aserraderos de Toledo, en la forma y parte que es costumbre.

Otros apartados aclaran como condición, que toda la madera ha de traerse a nuestra costa, riesgo y aventura, hasta sacarla en los dichos aserraderos, y que todos los daños de presas, pasos y puentes, también era responsabilidad de ellos.

 

BARCOS PARA DIVERSAS APLICACIONES.

Para pesca con recles.

Surcando las aguas del Tajo, en esta especie de «media verónica» con la que abraza el río a la ciudad, -frase feliz de Jaime de Foxá-, desde los más remotos tiempos, los pescadores toledanos han dispuesto de humildes barquichuelas para sus faenas de pesca con redes, a fin de capturar los preciados barbos, carpas y demás especies piscícolas que ofrece nuestro río, y traducirlo en los jornales que habían de llevar a casa para el mantenimiento familiar. Y eran muchas las familias que vivían del producto de la pesca. De aquello quedó el siguiente refrán: «De Toledo, pescador ó pajarero»

Cuando estas embarcaciones no faenaban, se aprovechaban para otros menesteres, como, por ejemplo, navegar placenteramente por los tablazos formados entre las diversas presas que componen el citado tramo.

Para transporte.

Consignemos en primer lugar la principal embarcación que, durante siglos, poseía Toledo, conocida como «Barco de Pasaje», cuyo nombre aún perdura en los últimos peldaños del siglo XX, para el traslado de viajeros de orilla a orilla, en el lugar cercano a los cerros del Valle. Primitivamente era propiedad del Cabildo de la Catedral, asignada como prebenda al Canónigo Dignidad de Arcediano.

Hoy en día, este tramo de travesía está bajo los auspicios del Ayuntamiento.

Otras barcazas, de mucho mayor tamaño, estaban destinadas al transporte de mercancías y ganados, bien atravesando el río, o bien siguiendo su curso o remontándolo.

Las labores que cumplían estas embarcaciones eran de mucho mérito, y, en algunas de ellas, las empleadas en el transporte a lo ancho del río, no necesitaban remeros. Una sola persona podía gobernarla, limitándose a ir tirando del cable tensado, con anclajes en las dos orillas, que iba sujeto y guiado por unos postes situados en la embarcación. Lo curioso de ello es que su navegación no la hacía abriendo las aguas con la proa, sino que iba atravesada.

Varias de estas barcas han venido permaneciendo hasta nuestros días. Muchos toledanos recordamos que, mediado este siglo, aún estaba dando servicio la embarcación de estas características que conocíamos como «Barca de Romanones», perteneciente a la finca de Buenavista, situada a la margen derecha del Tajo.

Al amanecer, desde la margen derecha, servidores y ganado se trasladaban a la otra orilla, donde la referida finca disponía de extraordinarios pastos para las ovejas, y los terrenos de laboreo y huerta de muy diversas especies. Al caer la tarde, personas y animales retornaban al lugar de salida, en el mismo medio de transporte utilizado por la mañana, tras de haberse cumplido la jornada de trabajo.

Para recreo.

En siglos pasados, surcaron las aguas del Tajo lujosas embarcaciones, sobre todo en los suaves tablazos de Aranjuez, teniendo como pasajeros a Reyes y Cortesanos, cubriendo momentos de expansión y recreo, gozando de los frondosos paisajes ofrecidos en las dos márgenes del río.

No hace falta describir la variedad de estas barcas, de una riqueza ornamental extraordinaria, que se encuentran como piezas de Museo en la «Casa de las Barcas», de Aranjuez.

También desde muy antiguo en Toledo había barcas destinadas al recreo, pero no para Reyes y Cortesanos, sino para los simples ciudadanos. Así queda consignado en un documento del año 1638, que posee el Archivo Municipal Toledano, en el que liemos podido investigar.

A través de dicho documento pudimos conocer que el señor Corregidor de la ciudad, había mandado hacer una barca para la ribera del río, a fin de situarla en el paraje de la Alameda. Se ponderaba la perfección y maestría con que había sido realizada la embarcación, advirtiendo que se debían a su constructor trescientos sesenta reales. Y se añadía en el texto: El señor Corregidor la hizo para adorno y recreación de aquel sitio y que dará por ella doscientos cincuenta Reales cada año por el aprovechamiento del barcaje.

Que pide a la ciudad se sirva de ella, y que después de pagados los trescientos sesenta Reales que se restan, lo que se sacare del aprovechamiento del barcaje se sirva de convertirlo en los gastos que se hicieren para conservar la alameda.

Dése razón de ello a la Contaduría.

Como se puede apreciar, la planificación del señor Corregidor fue de lo más clarividente, comercialmente hablando, para que la inversión realizada por el municipio en la construcción de la barca de recreo no le costase al erario público ni un sólo real.

Al contrario; una vez pagado el costo de la construcción, con lo que se fuese sacando del aprovechamiento del barcaje, se aplicaba en ir incrementando el adecentamiento del paraje de la Alameda. Así da gusto tener rectores municipales.

 

BARCAS PARA S.M. EL REY

Preparativos en «La Ventosilla».

En Enero de 1639, según consta en documentos municipales, Don Tomás de Silva, comisionado por el Corregidor de Toledo, acompañado de varios Alarifes se personaron en la finca de Ventosilla, que dista unos once kilómetros de la localidad de Polán, para comprobar el estado en que se encontraba la barcaza, situada en el río Tajo, próxima al palacete ventosillero, así como los caminos de acceso.

Esta inspección estaba motivada por la anunciada próxima presencia de Su Majestad, que había elegido como alojamiento el Palacio de la Ventosilla, durante el tiempo que durasen las jornadas de caza, que estaba dispuesto se celebrasen en la mencionada finca.

Según el informe emitido, se hacía necesario hacer aderezar la barca propia de la Ventosilla y otra cercana. Y por estar las orillas del río robadas, había que arreglarlas, pues, al estar muy bajas, no era posible situar las dichas barcas en lugar apropiado.

Había que traer de la ciudad maromas para sujetar las barcas y maderas para aderezarlas, dejándolas dispuestas de tal manera, que los coches de S.M. pudieran pasar.

A fin de que todo quedase en condiciones, se aconsejaba no dilatar mucho las prevenciones y aderezos, no solamente de los barcos, sino también de los caminos hasta la llegada a la finca y palacete de Ventosilla.

Para afrontar estos gastos, se dispuso fuesen sacados dos mil reales de los dos mil quinientos ducados que estaban repartidos a Toledo.

Cinco jornadas de caza.

Fue del Conde Duque de Olivares, -a quien el Rey Felipe IV había dejado el gobierno efectivo de la nación-, de donde partió la orden verbal de que se preparase todo lo necesario para el servicio de Su Majestad, así como de todos los caballeros y damas que llevaría consigo, a las cacerías que estaban previsto darse en la finca de La Ventosilla y sus contornos.

Para arreglar los caminos de Castrejón y todos los sitios por los que la Real persona tendría que pasar en la cacería, hubo de removerse mucha tierra, y arreglar las orillas donde se habían previsto los embarcaderos y desembarcaderos, ya que había de pasarse el río por varios lugares. Dada la crecida del río y su anchura, se registraron durante estas labores las bajas de tres trabajadoras, que perecieron ahogados, así como el hundimiento de una barca.

En el mismo documento al que estamos haciendo referencia, se indica que en los trabajos de preparación para que el Rey y acompañantes no tuvieran problema alguno en su llegada a La Ventosilla y en el desenvolvimiento de los transportes para efectuar las cacerías, fue necesario traer varias barcas desde cuatro o cinco leguas río abajo y río arriba.

Como quiera que aquel sitio no era acostumbrado a semejantes pasos, fue menester poner maromas que atravesaban el río para el paso de una barca grande destinada al transporte de coches, carros y cabalgaduras.

A pesar de los problemas que se presentaron, todos fueron salvados por el Rey y sus acompañantes, así como por las gentes que habían sido contratados para los ojeos.

No consta en el informe que durante las jornadas de caza se registrase incidente alguno.

Devolución de las barcas.

Quienes tenían que cumplir las órdenes dadas por el Conde Duque de Olivares, a fin de prevenir todo lo necesario para las jornadas cinegéticas que iban a desarrollarse en la finca toledana de La Ventosilla, se aplicaron con diligencia, sobre todo, en conseguir las embarcaciones que se necesitaban. ¡Ah!, pero ya no fueron tan diligentes en devolverlas a los dueños que las proporcionaron, como hemos podido conocer por una misiva, dirigida al Ayuntamiento, en la que, Inés Gómez, molinera de los Molinos de Aita, dice que para el servicio de Su Majestad, le fue pedida la barca que tenía y que está en Ventosilla y su ribera. Que le hace falta para atender los trabajos del molino, que es pobre y su marido enfermo seis meses; que suplica a la ciudad merced se le devuelva la barca.

Otro molino que también reclamaba devolución de la embarcación que les había sido requerida para el servicio del Rey y sus acompañantes, fue el de Portusa. El encargado de esta barca dice en su petición al Ayuntamiento de la capital toledana que, se bajó la barca de Portusa a Ventosilla, que son cuatro leguas por agua, que es necesario subirla agua arriba y costará más de seiscientos reales. Que suplica a la ciudad mande se suba por la falta que hace.

Se ordenó a los señores Comisarios que las l>areas fueran devueltas a sus lugares de origen.

 

OTROS INTENTOS SERIOS DE NAVEGABILIDAD

Portugal se independiza.

Durante el reinado del monarca español Felipe IV, se independizó Portugal (1640). Desde ese momento se dio al traste con los antiguos proyectos que había de hacer navegable el Tajo desde Toledo hasta Lisboa, a pesar de que se habían interesado en ello propietarios de terrenos, molinos y batanes, así como linajudos nobles, que se beneficiaban de las liguas del padre Tajo.

Proyectos de 1641 y 1755.

Con el fin de mitigar desdichas de que fuera pródigo su reinado, -según comentario de Luis Aguirre Prado- Felipe IV afronta en 1641 la canalización del Tajo, encomendando el estudio del proyecto a los ingenieros Luis Carduchi y Julio Martelli,  al jurista Eugenio Salcedo, «los cuales se lanzan al reconocimiento del río y afirman las posibilidades de navegación por el Tajo no solamente hasta Toledo, como se pretendía inicialmente, sino hasta la Casa de campo de esta Corte, como dispone el Conde Duque...

Pero en aquellos días en que intereses extranjeros menoscaban el acervo español, no pudo llevarse a cabo el proyecto, por falta de elementos con qué sufragarlos».

Pasado poco más de un siglo, concretamente en 1755, es el monarca español Fernando VI quien toma la iniciativa, encargando a los ingenieros José Ruiz y Pedro Simó el estudio de la navegación sobre el Tajo y la forma de financiar la empresa.

Se efectuó un concienzudo estudio, y una vez comprobado que era viable, fue constituida una Compañía de Navegación, no solamente del río Tajo, sino también del Guadiéla, Manzanares y Jarama, concediéndose a la citada Compañía determinados privilegios y auxilios reales para llevar a cabo el proyecto.

A los cuatro años de iniciada, truncó la empresa, por fallecimiento del monarca que la impulsó y propició, y «al no secundarse los trabajos, pese al interés que por ello demostró su hermano y sucesor Carlos III, ejecutor de los planes que en el anterior reinado se comenzaron».

Frustrado viaje Aranjuez-Lisboa.

La noticia se recoge en una efemérides publicada por Don Prudencio Rodríguez en la que indica que llegó a Toledo una barca, procedente de Aranjuez, con el objeto de navegar el Tajo hasta Lisboa. «Pero al llegar a la presa de los Descalzos dio  contra una piedra y se hizo pedazos; con este motivo, por debajo del puente de San Martín, la barca hacía bastante agua, y se ahogaron tres marineros de los ocho que iban, y en la presa de Solanilla se hundió dicha barca y fueron a nado a la isla, donde permanecieron toda la noche con bastante peligro por estar el río alto y mucho frío». El suceso ocurrió el día 1 de Marzo de 1795.

Veinticinco años después, volvió a escribir sobre este tema de la navegabilidad del Tajo Don Francisco Javier de Cabanes.

Se trataba de una Memoria, publicada en 1828, que tenía por objeto «manifestar la posibilidad y facilidad de hacer navegable el río Tajo, no ya desde Toledo, sino desde Aranjuez hasta el Atlántico». Exponiéndose también las ventajas de esta empresa y las concesiones hechas a la misma que, al parecer, no eran nada despreciables.

Por lo interesante que resulta la atención que se dispensa a Talavera de la Reina en dicha Memoria, transcribimos los siguientes párrafos:

Aún hay en este pueblo tradiciones de la navegación de Antonelli y de cuando esta villa era puerto de mar (seguramente quería decir «puerto fluvial»); pero nada se puede sacar en claro. Las gentes miran esta idea como un sueño, pero los que entran en pormenores se extasían al considerar las ventajas que produciría una empresa de esta naturaleza. No hay grandes dificultades en navegar el río en lo que comprende la jurisdicción de este corregimiento. Con ligeras obras se podrían pasar las hermosas tablas de agua que forma el Tajo en este país, y en cuanto a profundidad no parece que en ningún tiempo sea mayor de vara y media, menos en los vados, que en verano son en suficiente cantidad y sólo tienen sobre dos pies de agua.

Embarcaciones a vapor.

El principal problema con el que contaba el proyectó que no se llevó adelante durante el reinado de Carlos III, era el de tener que situar «caminos de sirga a ambos lados del río»; es decir, poner un tendido de maromas para llevar las embarcaciones desde tierra, en la navegación fluvial.

Un ministro, López Ballesteros, durante el reinado de Él Deseado, está en condiciones de salvar esa dificultad, y en 1828, impulsa la vieja idea de navegabilidad del Tajo, mediante la «aplicación del vapor a embarcaciones para navegar», con lo cual ya no se hacían necesarios los caminos de sirga.

Quedan sometidos estos nuevos proyectos al dictamen de don Agustín Marco Artu y de varios técnicos de Portugal, los cuales dirigieron al Rey una Memoria en la que sugerían la necesidad de plantear en esa época la posibilidad de poder «proporcionarnos todos nuestros recursos dentro del país que habitamos, en vez de que nuestras ricas y vastas colonias nos ofrecían antes sobrados medios».

Según este proyecto, «Cuarenta vapores y otras tantas barcazas asegurarían el tráfico entre las dos poblaciones imperiales, Toledo y Lisboa».

Pero, antes, había que canalizar el Tajo, cuyos gastos se fijaban en «veinte millones de reales con un posible beneficio anual de siete millones».

 

SINGLADURA DEL "ANTONELLI"

Ceremonia de botadura.

La empresa de la navegación del río Tajo, que había quedado constituida, tras de haber adquirido los conocimientos necesarios, tuvo la feliz ocurrencia de proyectar un viaje Aranjuez-Lisboa, ida y vuelta «con el fin de acabarse de cerciorar de todo lo relativo a las medidas preparatorias que exige esta operación».

A tal efecto se mandó construir un barco «en los términos que indicó el facultativo encargado de los reconocimientos, y a propósito para el paso de I las presas que se callan en el curso del Tajo, y que deberán componerse cuando se verifique el arreglo de sus riberas».

Quedó advertido, a efectos de conocimiento público, que esta embarcación no tenía por objeto hacer ninguna prueba de lo que se intentaba verificar en el Tajo, pues para ello resultaba indispensable la recomposición de sus riberas. El cometido que verdaderamente tenía era: «proporcionar a su arquitecto D. Agustín Marco-Artu y a sus colaboradores D. José María Brost y D. Nicolás del Hierro los medios de desempeñar los encargos que se les han confiado».

Al barco se le puso por nombre "Antonelli", en memoria de aquel ingeniero que durante el reinado de Felipe II presentó el ambicioso proyecto de navegabilidad del Tajo hasta Lisboa. Y a la voz de ¡Viva el Rey! se botó al agua a las doce de la mañana del día 8 de Abril de 1829, «más abajo del puente verde de Aranjuez, a presencia de las autoridades de aquel Real sitio». Ese mismo día emprendió río abajo su navegación.

Diario de a bordo.

A modo de crónica de navegación, vamos a transcribir, aunque sea muy sucintamente, las más destacadas venturas y desventuras del "Antonelli", publicadas por la prensa que siguió sus andanzas navegadoras.

Primer día. A las dos y media de la tarde y entre las aclamaciones del vecindario de Aranjuez zarpó el barco "Antonelli" del lugar en que fue botado al agua, más abajo del puente Verde del Real sitio, y a las cinco de la tarde llegó al punto denominado Vado de los Arenales, donde determinó fondear para pasar la noche con motivo del gran temporal de viento y granizo que principió a las cuatro de la tarde, y duró hasta después de haber anochecido.

Segundo día. Emprendió de nuevo el "Antonelli", su viaje a las seis y cuarto de la mañana; y habiendo llegado al puente de Ateca, se encontró que no podía pasar por debajo de él con motivo de lo elevado de las aguas del río. En tal disposición imaginó el arquitecto Marco-Artu desarmar el pabellón o camarote del "Antonelli"; y después de cinco horas que costó esta operación se pasó sin dificultad por debajo del puente expresado, y aún pudo el barco llegar a la altura de Velilla, donde fondeó hasta el día siguiente.

Tercer día. Bastante temprano emprendió su navegación el "Antonelli"; pasó con facilidad la presa de los molinos de Higares ó de Cerralbo, y llegó a Toledo a las dos de la tarde, donde fue recibido con entusiasmo y vivas aclamaciones por su vecindario, y en especial por su digno Corregidor D. Antonio Navarro. En el viaje de este día fue acompañado el "Antonelli" por un gran número de habitantes de los pueblos inmediatos, que lo iban siguiendo por las orillas del río.

Cuarto día. Se empleó este día en el paso de las presas de la inmediación de Toledo, tales como la del Corregidor, de San Servantes, de Sahelices y otra de bastante dificultad, todo a la vista del vecindario de aquella ciudad, que ha visto con particular interés el beneficio que el Rey Nuestro Señor se propone hacer a sus pueblos por medio de esta navegación, y que admiraba la intrepidez y decisión de Marco-Artu y demás navegantes. El Corregidor de Toledo los auxilió eficazmente en el paso de las presas, facilitándoles los medios necesarios para que esta operación no tuviese el éxito desgraciado que tuvo otra igual en 1795, en que por impericia ocurrieron accidentes desgraciados.

Quinto día. El tiempo no permitió hasta las once del día emprender la maniobra de pasar la última presa de la inmediación de Toledo de las que llaman peligrosas, cuyo paso se verificó con toda felicidad, y a vista de un numeroso gentío que salió de la ciudad para presenciarlo. El temporal de viento y lluvia que sobrevino después de medio día, indujo al arquitecto Marco-Artu a acceder a las instancias que le hizo el Corregidor de Toledo de no continuar el viaje hasta el día siguiente..

Sexto y Séptimo día. Continuó el temporal, y en especial el viento, por cuya razón dispuso el arquitecto a instancias del Corregidor de Toledo no continuar el viaje, y aprovechar estos días para recomponer el barco que necesitaba algunas reparaciones con motivo de su paso por el puente de Ateca y salto de las presas.

Octavo día. Se saltaron en la mañana de este día las presas inmediatas al puente de San Martín de Toledo, y al pasar la última se rajó una tabla del fondo del "Antonelli", con cuyo motivo tuvo que suspenderse la navegación para verificar la recomposición necesaria, que se realizó en el mismo día.

Noveno y Décimo día. Permaneció el Antonelli fondeado más abajo de Toledo, por haber manifestado el Corregidor de aquella ciudad al arquitecto D. Agustín Marco-Artu que sería del caso suspender la navegación, tanto por la festividad de estos días, como por el temporal de aguas, que ocasionaba grandes avenidas en el río.

Nota Bene.-Apesar de que la prensa anunció que continuaría dando noticias relativas a este tema de la navegación del Antonelli, por más que lo hemos intentado, no hemos podido dar con más informaciones de esta aventura, lo cual sentimos profundamente, dado el interés que proporcionaban las dificultades que tenían que ir salvando los mandos y tripulación de dicha embarcación.

Reflexión y lamento.

Tras el análisis realizado por Luis Aguirre sobre el proyecto de navegación del Tajo con embarcaciones a vapor, que por avatares políticos no fructificaron, dejó escrito, a modo de reflexión y lamento, los siguientes párrafos: «De haberse trazado esa vía fluvial, cordón de unión entre centros civilizadores, se hubiera fertilizado la paramera, creado industrias florecientes en localidades ribereñas, logrado, acaso, la unión entre los dos países y con ello evitado la pérdida del extenso comercio ultramarino, seguido arrollador el ímpetu de la raza principalmente afirmado, por una parte, en el entusiasmo religioso que ponemos en las cosas de la vida, y por otra, en el heroísmo personal con que las realizamos".

Visión de Joaquín Costa.

En un artículo de Don Joaquín Costa, se trazaba la grandeza que tendría Toledo como puerto fluvial de arranque de la línea de navegación hasta Lisboa.

No tendrían los toledanos por qué tener reservas mentales respecto a que la ciudad podría dañarse, ya que, a modo de una acrópolis, sería respetada y conservada en la monumentalidad y tipismo del recinto amurallado. Mientras que, por otro lado, surgiría un nuevo Toledo extendido por las vegas del río.

«Al puerto fluvial de Toledo -se decía afluirían los productos agrícolas y otras mercancías de exportación de la Castilla central para ser transportados a Lisboa, puerto abierto a las grandes rutas comerciales atlánticas, especialmente América. Con ello nuestra ciudad –afirmaba- tendría un tráfico y una potencia económica considerables; es decir, una magnitud superior en lo económico a la que gozó en otros siglos».

Todo esto se describía con visión minuciosa y realista, no exenta de sugestivo ornato literario.

Podrían haber seguido nuestros antepasados el ejemplo de la homónima y hermana americana Toledo de Ohio, que es puerto fluvial; o el de la flamenca Brujas, que tuvo un resurgir económico muy importante en cuanto a sus industrias y artesanías, al convertir su río en navegable.

Desde nuestra visión actual, no comprendemos la cerrazón de los toledanos de antaño, de rechazar una y otra vez la posibilidad de que Toledo llegase a ser un puerto fluvial, dadas las inmensas posibilidades económicas que se ponían a su alcance.

 

AVENTURAS DEPORTIVAS

Dos toledanos.

Con carácter deportivo, se han registrado en nuestro siglo varias proezas de coronar el recorrido Toledo-Lisboa, en humildes embarcaciones.

En varios reportajes, Luis Moreno Nieto dejó constancia de algunas de estas aventuras.

En la realizada hacia el año 1929, fueron sus protagonistas dos toledanos: don Zacarías Hernández Gil y un amigo. «Tardaron veintiocho días en hacer el recorrido Toledo-Lisboa, (no se consigna el tipo de embarcación en la que lo llevaron a cabo) y durante ese tiempo se alimentaron casi exclusivamente de melones y tomates».

Ambos deportistas, al llegar a la ciudad lisboeta «visitaron a sus colegas del Club Náutico, quienes, al año siguiente, les devolvieron la visita; pero contra corriente, como es lógico».

Tres talaveranos.

Un año después, la inciativa correspondía a tres bravos talaveranos, apellidados Vázquez, Zori y Redondo, quienes, según el periódico «La Voz de Talavera», cubrieron el mismo tramo acuático navegando en piragua.

Cuatro sonsecanos.

En el año 1966, la prensa se ocupó más ampliamente del viaje que, partiendo de Toledo y finalizando en Lisboa, realizaron por el río Tajo cuatro deportistas sonsecanos, en una simple barca de remos, bautizada con el nombre de «Villa Sonseca».

Por iniciativa de Víctor García de Blas se preparó esta aventura, a la que se sumaron sus hijos Manuel y Víctor, y un amigo, José Cerdeño.

Alrededor de unos seiscientos kilómetros era el total de distancia a cubrir, en varias etapas. Según el estudio que tenían hecho, antes de llegar a la meta en Lisboa, hubieron de salvar «unas ochenta presas, tres pantanos, otros tantos embalses, abundantes rápidos, y las fuertes corrientes de las desembocaduras de los afluentes del Tajo».

Nada de esto arredró a los entusiastas navegantes fluviales, que cumplieron su objetivo, a pesar de las incomodidades del mismo.

 

DESMANES DEL PADRE TAJO

Auténtico mar.

Antiguamente, cuando las aguas del Tajo no tenían freno alguno por los embalses de regulación en la cabecera, como tiene ahora; y las nubes descargaban con abundancia el líquido elemento que portaban en todo el cauce de este río, se desmandaba de tal manera que arrasaba con todo lo que se encontraba por delante.

Los toledanos, en no pocas ocasiones, hemos visto todas las vegas cercanas a la ciudad invadidas por las aguas del embravecido Tajo, convertido en un auténtico mar; al menos eso era lo que nos parecía a los que tuvimos ocasión de verle, por ejemplo, nosotros, en el año 1941, desde la atalaya del paseo del Miradero.

Teníamos entonces doce años, y aún recordamos, sobrecogidos, cómo nuestro querido río, del que conocíamos su manso discurrir, se lanzaba en esos momentos a toda velocidad, a traspasar los ojos del puente de Alcántara, arrastrando en la superficie de sus aguas restos de árboles, fragmentos de edificaciones y, sobre todo, animales de todas las especies, que había encontrado a su paso por las fincas de laboreo.

Invadida la Estación de Ferrocarril y otros lugares.

Esa especie de mar había invadido la estación de ferrocarril, interrumpiendo el tráfico de viajeros; sus aguas cubrieron las vegas de Safont, causando destrozos en las casas de labranza; a causa de que algunos ramajes penetraron en las fábricas de la luz, quedó interrumpido el alumbrado en las casas y calles.

En cuanto a la parte de la Peraleda, fue arrastrada por las aguas una casa próxima al molino, perdiendo el puente su balaustrada.

Funciones socorristas.

Las barcas toledanas, traídas de diversos lugares, cumplieron en esta ocasión, como en tantas otras, funciones de salvamento y socorrismo. Gracias a esas modestas embarcaciones particulares y de la que disponían el Cuerpo de Bomberos, pudieron rescatarse varias vidas humanas.

 

BROCHE POÉTICO

 

El toledano Juan Cebrián escribió unos versos en los que se alude al Padre Tajo y al navegar por esta vía fluvial, de tan extraordinaria sencillez y encanto, que no nos resistimos a transcribir.

Con ello, ponemos broche a estos sueños que durante siglos han sido la tortura de los toledanos.

Barquito, barco del Tajo, llévanos hasta la mar; queremos contar los peces. Del río, los sé contar más de la mar ¿quién podrá?

Barco, barquito del Tajo, llévanos hasta la mar; que por encima de todo he de enseñar a mi novia el puente de Portugal.