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En Puntos de vista | María Cruz Magdaleno  hoy 

redacción
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EL SEXO DE LOS ÁNGELES

María Cruz MAGDALENO

 

 

 

UNA LEY ORGÁNICA AVALA A LOS PERIODISTAS PARA QUE TRANSMITAN A LA SOCIEDAD SU VISIÓN SOBRE LA REALIDAD Y ES SU DEBER HACERLO CON INDEPENDENCIA

 

La Constitución Española de 1978 reconoce el derecho de los profesionales de la información a la cláusula de conciencia. Algunos, dedicados a la profesión pública, olvidan que están obligados por ética democrática ( la del interés general) a conocer de qué se compone la materia informativa, si no quieren disponer de ella alocadamente ( abusando sin medida). La cláusula de conciencia es precisamente eso, un control, una medida, que protege a los periodistas de sus empleadores, no para beneficio de los profesionales, si no con la intención de que puedan aportar dosis clarificantes, objetivas, neutrales y rigurosas de verdad, sobre los diferentes asuntos que preocupan a la sociedad.

Los Poderes Públicos tienen una obligación primaria en todo lo que acometen: la defensa de los derechos fundamentales, pues bien, éste, el derecho de los profesionales de la información a la cláusula de conciencia, lo es. Si las Empresas de la Información no pueden olvidar el componente intelectual, de investigación, de conocimiento y de control del poder político del periodista, mucho menos puede hacerlo un responsable público. La información, lo dice la ley, no puede ser objeto de consideraciones mercantilistas, ni el profesional de la información puede ser considerado como una especie de mercenario, de cerebro alquilado que produzca noticias en función de los intereses de la empresa o del poder público, al margen de la obligación constitucional de ser veraces y plurales.

Hay algunos, también, que obnubilados por sus objetivos, lo que les asalta es la duda de quién sea el que pueda disfrutar de ese derecho, de quién es en realidad el periodista. Cosa que no me extraña cuando es esta una profesión que adolece de tanto intrusismo, cuando avezados coleópteros de la política, algunos hasta con carné, aduladores de gaznates o amigos de puti-club, ejercen el periodismo porque así lo decide el mecenas político de turno. Más valorado está adorar vellocinos de oro o ejercer de falaces portavoces del gobierno sin el tamiz de la inteligencia, que currarse una carrera o una oposición y conseguir un título que hasta firma el Rey, digo yo que para qué. ¿ Es periodista el que trabaja en la Administración ? Sí. Aunque no ejerza porque casi ni que le dejan, los coleópteros, digo. No hace nada, a una periodista que trabaja en la Administración se le dijo “ Si quieres opinar, vete a trabajar a un periódico”. Poco antes a una funcionaria se le dijo “ Como se te ocurra ir a la prensa, te calzo”. Si los ciudadanos tienen derecho a opinar, para los periodistas es una obligación. Y sin duda alguien que tiene un título en Ciencias de la Información es un periodista, trabaje en una institución, en una empresa de gaseosas, sea autónomo o viva en una ostra.

Javier Fernández del Moral, durante nueve años decano de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, de la que el decía que era la facultad de periodismo más grande del mundo, lo expresa claramente: “El periodista puede ejercer en el ámbito de los medios de comunicación o en el ámbito de las fuentes, este último tiene que pensar no en la corporación, no en la empresa y sus directivos, sino en el ciudadano receptor de esa fuente. Por lo tanto y para quien lo dude, el comunicador que trabaja en una institución o en una empresa es periodista, avalado por la cláusula de conciencia, con todo el derecho del mundo a ejercer como tal y con todo el derecho del mundo a opinar, aunque le calcen.

 

LAS MANIFESTACIONES NI SE SOLICITAN NI SE AUTORIZAN, SE COMUNICAN

 

Una y otra vez leo en los medios de comunicación, y lo que es más sorprendente, escucho a los responsables públicos, decir frases como “ la manifestación ya dispone de la autorización de la Delegación del Gobierno en…”. Con nuestra manera de hablar ocurre que, no sólo decimos cosas incorrectas que repetimos una y otra vez por la fuerza de la costumbre, si no que cometemos la torpeza de, con ello, recortar nuestros derechos.

Cuando entró en vigor la Constitución de 1978, que contemplaba como uno de los derechos fundamentales el Derecho de Reunión, fue necesario modificar todo el ordenamiento jurídico para que este derecho se ajustase a la Norma, ¿ y saben ustedes precisamente por qué razón en especial? Por que en ella se determina que “el ejercicio del derecho de reunión no necesitará autorización previa”, por que lo que se pretende es “eliminar el sistema preventivo de autorizaciones en el ejercicio del derecho”, por que lo que se quiere es garantizar un derecho al que “complejas tramitaciones administrativas hacían ineficaz”.

Cuando un grupo de personas quieren manifestarse deben comunicarlo a la Autoridad, pero nunca pedir su autorización. Para que me entiendan, no es lo mismo decir a mi padre que me voy de vacaciones, para que él lo conozca, que pedirle permiso para ir de vacaciones, yo que soy mayor de edad y que puedo irme de vacaciones cuando me de la gana”. Pues yo, que tengo ese derecho de reunión avalado por la Constitución, puedo manifestarme cuando me de la gana.

Entonces, ¿puede prohibir o disolver la Autoridad una manifestación? Nunca, ni siquiera por no estar comunicada. Salvo una excepción lógica: “cuando existan razones fundadas de alteración del orden público, con peligro para personas y bienes”. En ningún otro caso. La Autoridad puede prohibir un recorrido (imaginen que se les antoja a los manifestantes cruzar una autovía y provocar un accidente) una intención delictiva ( imaginen que pretenden ir quemando coches en su marcha, para llamar la atención). Lo que la Autoridad puede prohibir son actividades que ya en situaciones normales serían delito pero nunca una manifestación, esta expresión es incorrecta, ni prohibirla ni autorizarla, por que es un derecho del pueblo, que en cualquier caso lo que debe es proteger.

Así que “Estimada Autoridad”, podría muy bien decir el organizador de una manifestación, “aquí le mando este papel escrito de mis intenciones para su conocimiento, y si algo tiene que objetar respecto al recorrido o respecto a algo, dígamelo y procuraremos subsanarlo, pero nosotros manifestarnos, nos manifestaremos seguro, con o sin su permiso, por que no necesitamos su autorización previa, que lo sepa. Y por favor, procure que no nos molesten cuando lo hagamos, que es su obligación. Se lo comunico por que soy una persona cívica y educada, y para que usted, a su vez, se lo comunique al Ayuntamiento, que emitirá un informe que en ningún caso será vinculante, que lo sepa”.

Y no caería en el ridículo, porque el único que hace el ridículo el que solicita a la Autoridad algo de lo que ya dispone o la Autoridad que presume de una potestad que no tiene.

 

LA TERCERA REPÚBLICA

 

Un fin de semana del mes de abril estuve en Madrid festejando un aniversario. Como llegué un poco pronto respecto a la hora de la cita, que era en Chueca, me acerque a Callao a refugiarme del “no saber qué hacer en un momento dado” en los preciosos objetos de una de las catedrales de consumo de la capital.

Aunque al fondo de la Calle Preciados, en Sol, vi una masa ingente que gritaba mientras asía banderas o portaba carteles, no pude sustraerme al reclamo de los objetos y preferí introducirme en la catedral. Pero cuando salí, como además de una consumidora primaria de las darme un gustito, soy una buscadora de respuestas a todo aquel interrogante que se me plantee, más si es en el terreno de las emociones – una manifestación siempre lo es- , me dirigí hacia Sol, en busca de respuestas - ¿qué es aquello?, aún a sabiendas de que llegaba tarde a la cita en el cercano edificio de Telefónica en la Gran Vía.

Hube de sortear como pude en mi camino hacia Sol bandadas de negros que huían como pájaros asustados mirando hacia atrás en busca de algún uniformado, empuñando con fruición las telas que envolvían sus productos ilegales, sin saber en su ingenuidad que los policías pueden estar en cualquier parte, que son invisibles y que en cada ciudadano puede haber un espía. Llegué a Sol teñida de ternura por su ingenuidad.

Ya allí, gente joven en su mayoría, aún no captada – o sí que vaya usted a saber – por ninguna estructura de poder, gritaba que quería que volviese la III República: “ No volverá a pasar, la monarquía y la Iglesia siempre nos consiguen separar, no nos volvieran a parar , no volveremos a callar”.
Me podría haber quedado , como solidaridad con una amiga mía que hace poco soñó que bailaba cubriendo su cuerpo desnudo con una bandera republicana -todo lo que interesa a mis amigos me interesa a mi, pero me fui , porque a mi no me gustan las banderas, y sobre todo, porque me estaban esperando . Mientras me dirigía hacia el lugar de la cita, buscaba respuesta a otro interrogante ¿ mejoraría mi vida personal en una III República?, ¿ mejoraría la de los demás?, ¿ a qué méritos corresponderían qué resultados, en vez de la sangre, el partidismo, el mamoneo, la listez?.

Con el ánimo sumido en un mar de interrogantes sobre esa organización del Estado cuya máxima autoridad es elegida por los ciudadanos o por el Parlamento, sobre cuál es el auténtico poder del Rey, de los políticos, de los tapados poderes económicos, recibí a mis amigos con una cara de póker que a bien seguro ellos no acertaron a comprender.