Yo desvelo:
pulsar 1,2,3,4,5,6,7,8,9,10,11,12,13,15,16,17y18 14 (DCCLXXXIII-DCCCXLII) DCCLXXXIII | DCCLXXXIV | DCCLXXXV | | Quien sólo ve la piel y la forma, no ve. Quien sólo oye la voz, no oye. Quien sólo saborea, no siente. Quien sólo escucha, no aprende. Quien sólo toca, no conoce. Todo lo aparente sobresale de lo oculto y todo lo oculto se disimula en lo aparente. Cuando mires, mira más adentro y más lejos y verás el interior, sabrás de la belleza de la bondad y el equilibrio perpetuo de lo creado. Cuando sientas, no te detengas en la sensación, profundiza dentro de ti y hallarás la causa que lo origina. Cuando escuches, no oigas sólo la voz y su contenido, ve y mira y sigue más allá de las palabras y descubrirás la esencia palpable del que las pronuncia, su bien o su mal que las empuja. Cuando pienses, no te detengas en tu imaginación, sigue más allá y llegarás a la nada y a su perfección pura, en la nada se halla la pureza de lo impoluto y la perfección de lo que no se alcanza. Lo que hay es para ti y lo que no percibes, pero está, también es para ti. En la apariencia se halla lo simple, aunque no lo sea, ya que nada lo es. Quien huye de lo humano, huye de si y de sus hermanos y por lo tanto de mi. No huyas de ti, ni de los demás, búscame en ti y en los demás. Que tu mal no te impida tu bien: Todo tú estás en ti. | Tu eres el fruto perverso del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal. Sólo tu fruto saciará, si comes de mi carne y bebes de mi sangre hasta fundirte. Conmigo en comunión de eternidad. | El hombre es el más obligado de los seres, ya que no sólo ha de seguir las leyes de la naturaleza, sino que también ha de seguir las suyas y las leyes que no provienen de él. |
DCCLXXXVI | DCCLXXXVII | DCCLXXXVIII | | Quien me habla con su corazón, es escuchado. Quien me ama con su amor, es amado. Quien sufre con los demás o conmigo, será compensado en gozo eterno. Quien pide con su alma, será harto. Quien me suplica, será atendido. Quien llora conmigo, reirá conmigo. El hombre justo recibirá el desequilibrio del Bien en su balanza de eternidad. | A ti peregrino de tierra que pretendes ser peregrino de luz: No des un paso para decir mi palabra, antes de que tu aliento sea igual al perfume de las flores. De que tu paso sea liviano como una pluma al viento. De que tu sonrisa ilumine tu cara con la luz de tu alma. De que tu hablar sea tan puro como tu pensamiento. De que tu voz lleve mi nombre sin que sea el que lo pronuncies. De que la Verdad te cubra con su manto de Luz. De que ames al hombre más que a ti. De que su sufrir te haga sufrir y su llanto llorar. De que mi palabra te desborde y debas decirla. De que tu espíritu esté tan lleno de mi que debas repartirlo. De que estés dispuesto a compartir tu pan, tu agua y tu persona con tu hermano hasta no quedar nada para ti. Sólo entonces podrás, peregrino, decir mi palabra y será escuchada con provecho y serás un Peregrino de mi Luz. | Tu eres Luz de Bondad, cortina de bien que cubre la oscuridad del hombre en su apagada noche de inquietud. Tu resplandeces la esperanza del desasosiego en el desierto inmortal de los desamparados. Tu acunas el sueño de un niño solitario en el regazo de su madre asustada ante la inmensidad de su bien. Tú volviste tu mirada y todo resplandeció con tu Luz. Tu Luz regó campos y valles y nunca más volvió la oscuridad a las conciencias de bien. Desde ese día fue más fresco, más puro el aire del mundo y lo creado encajó en su lugar de ser y existir: El hijo de la tierra nunca más estaría solo. |
DCCLXXXIX | DCCXC | DCCXCI | | No te mires en el espejo de la muerte, allí solo hay putrefacción y dolor, mírate en la luz de tu vida que aunque se apague te iluminará mientras vivas. Así hablan los que no quieren ver más allá de lo que quieren ver. El hombre no es sólo presente del instante es también esperanza de futuro y en esa fe de esperanza se halla el espíritu de la inmortalidad que adorna al hijo de la tierra. Más allá de lo vital está su esencia perpetua que guarda lo que no puede ver, tocar, oler, oír o saborear y que sólo puede sentir, imagina o soñar con los sentidos del alma. En ese invisible para los ojos de la vida, se hallan las existencias imperecederas de los que ya no viven y de los que fueron y ya no son sino parte de lo invisible. | Más allá de toda duda, más allá de toda pena, se arrastra el espíritu inmortal del hombre que desvió su camino y corrió en pos de las maldades que anidaron en su corazón debilitado por la acechanza del mal. Su torcido camino lo aleja del que fue y del que es y lo acerca al que no desea ser, ya que es incapaz de resistir el influjo de la maldad que lo lleva, en su torbellino pestilente, hacia su perdición eterna. Detén hombre el abrazo del mal que te empuja fuera de ti y recupera el sendero de bien, para el cual naciste. Tu espíritu de bien te alzará sobre ti y te señalará tu bien: síguelo y no desfallezcas. | Mis palabras soy yo y no son dichas para divertir o entretener, sino para ser seguidas en su Verdad por el que quiere escucharlas. Muchos las oirán, pero sólo unos pocos las seguirán, esos serán mis preferidos cuando llegue su momento, y un soplo de mi Luz los iluminará en la tiniebla de su duda. |
DCCXCII | DCCXCIII | DCCXCIV | | En mi palabra se halla la Luz de mi verdad. Esa Luz ha de extenderse y multiplicarse entre los hombres: Ellos elegirán. | Venimos de un árbol que no conocemos y cuyas raíces también ignoramos. Somos los frutos de ese árbol y portamos la semilla de otros frutos, no de otros árboles ni de otras raíces. De esa necesidad proviene el deseo de conocer nuestro origen, nuestro árbol. De nosotros sólo hay semillas, semillas sin árbol ni raíces. | Yo soy la Certeza de lo Absoluto, la certeza de lo inevitable. A mi acude el hombre en su momento de soledad más desamparada. Yo amparo el desamparo y estoy tan cerca del hombre que formo parte de él, aunque no me sienta en su cercano, estoy en él. A mi acuden los desesperados y si dejan de lamentarse, escucharán mi voz desde ellos mismos, y mi voz los consolará y les aliviará de su desesperanza. Si dejas de oírte a ti, me oirás desde ti. Escucha tu voz de Bien y ningún mal podrá contra ti el influjo del Espíritu del Mal. Mi voz te dará fuerza para alejar cualquier mal o daño de ti. |
DCCXCV | DCCXCVI | DCCXCVII | Yo soy el espíritu del mundo y quien en mi confía, confía en él mismo. Conmigo el hombre es indestructible para sus enemigos, ya que mi fuerza y mi influjo de Bien le prestan el amparo de su infinito. Su infinitud será de Bien. | Fuerzas poderosas empujan al hombre, aunque ninguna de ellas logra apartarlo de su camino si él no quiere. La voluntad del hombre es su fuerza más poderosa y el Bien su aliado más fiel. El hombre debe dejarse guiar en su duda y en su desesperanza por su voluntad de Bien, que siempre lleva consigo, y a la que debe oír y prestarse. | Caminos de Luz marcan la negrura de lo infinito como cometas en la noche del hombre. Esos caminos serán seguidos por las almas que me buscan. Y ellas me hallarán. Las que no me busquen, se perderán en la oscuridad eterna hasta que sean rescatadas por el Espíritu del Mal que las llevará a su destino final: Sólo cabe seguirme y buscarme. |
DCCXCVIII | DCCXCIX | DCCC | Yo estoy en el desamparo y en la desesperanza y en el sufrimiento más atroz del hombre. Yo estoy en él en los momentos en los que ya no es ni siquiera él. Yo estoy en él y estaré, hasta que siga su camino más allá de él y más cerca de mi. Yo lo acompañaré hasta que me halle y se halle de nuevo en mi. | Hijo de la tierra, haz de apurar tu copa de hiel hasta el final. Tu amargura habrás de soportar y el dolor de tu cuerpo. Tu vida haz de vivir hasta el final de su tiempo: Siempre estaré contigo. | Brillan las montañas de Canaan. El sol se oculta tras ellas. Pasó el día y los hombres guardan las bestias y ellos mismos se recogen. A la luz aún endeble se encienden las lámparas. Es la hora de hablar y de orar al Señor del Universo. El día tiembla indeciso y las primeras estrellas iluminan el firmamento. En dos borriquillos, por los caminos, van José, María y el niño camino de Egipto. |
DCCCI | DCCCII | DCCCIII | | A vosotros a quienes creéis que la muerte es sólo una contracción involuntaria del cuerpo, os digo: La muerte es mucho más, es el paso más importante que da el ser vivo. En ese paso, al hombre se le abre un mundo que no percibe y al que sólo puede acceder una vez que ha dejado la vida. En ese mundo tan nuevo y distinto en el que nada es igual a lo conocido y en el que no sirve de nada la experiencia de su pasada vida, el hombre ha de afrontarlo y no equivocar la dirección de su ruta: Una conduce a mi, y es una ruta de Luz, otra lleva a la Nada y es una ruta de incertidumbre y desasosiego, y una tercera, es una ruta de tiniebla y lleva hasta el Espíritu del Mal: El hijo de la tierra humano, ha de elegir su camino no humano. Un camino en el que no se anda, no se ve y no se siente, es un camino que se recorre con el corazón a una velocidad inimaginable para el hombre. En cada una de las direcciones, hay un todo distinto. En mi camino hallará paz, alegría y la Gloria Eterna en compañía de las almas justas que han accedido a mi. En el otro camino hallará la penumbra indescifrable de la Nada y su espíritu se extraviará en el laberinto de su duda indescifrable para él. En el tercer camino, la oscuridad espesa e impenetrable del Mal absorberá al hijo de la tierra hasta su agonía más atroz: El que siga esa ruta no verá la Luz y eso le dañará en su eternidad: Si el hijo de la tierra lo desea accederá, aún así, a mi. | Cuando el hijo de la tierra legue al final de su posible, accederá al principio de su imposible. En ese momento su mundo ya no será el que fue y su distinto cubrirá su espíritu hasta su alma de la atracción hacia lo imposible. En su infinito se haya Él y el hijo de la tierra que lo ame o que quiera amarle y renuncie a cualquier otra atracción, dejará en el abandono cualquier otra inquietud y accederá a la Verdad Sublime de la Gloria que es la maravilla del Que Siempre nos Ama, él llegará a Él. | De la inquietud del desasosiego de la duda, nace el extravío de las almas y en esa incertidumbre, el Espíritu del Mal accede al desguarnecido espíritu del hombre y extrae y desprecia su bien para apoderarse de su mal. |
DCCCIV | DCCCV | DCCCVI | | En el camino que el hombre ha de seguir, una vez que muere, no va sólo, sino que es acompañado por espíritus afines que le ayudan en el despertar de su existencia eterna. | En el laberinto del desamparo se halla la Luz de la esperanza perpetua. Esa luz que guardas dentro de ti, no es tuya, ni proviene de ti, esa luz es la Luz de la esperanza eterna y procede del Que Todo lo Espera: Guíate de tu luz que no es tuya y ella te llevará hasta el Bien que toda alma noble anhela: En tu espera de eternidad se guarda tu paciencia de bondad, usa tu bien hasta agotarlo, ya que el bien es una fuente que no cesa y aumenta su caudal según más uses de su agua en los demás. | El niño que al nacer mira al cielo, conocerá los secretos de la tierra, ya que estos están más allá de la tierra. El ser que al morir mira, en su última mirada, al cielo, busca su amparo y su protección última, y el firmamento se la dará. |
DCCCVII | DCCCVIII | DCCCIX | | La razón de la duda se fortalece en la duda de la razón. En la duda no hay esperanza, la duda es una flor sin agua que se secará sin el agua de la fe. La fe no tiene duda, sólo esperanza en lo venidero. La flor de la fe no se marchita, ya que se abona en su esperanza de futuro infinito. | De entre las espinas de la duda surgió la flor amarga de la razón. De la flor de la razón, nació la flor alegre de la esperanza, y de ésta creció la flor dulce de la fe, ésta, nos llevará con su aroma indescifrable hasta Él. | Los que se sirvieron y se sirven de mi para engañar a otros e incluso para eliminar a los que consideran o consideraban molestos o peligrosos. Los que utilizaron mis palabras, mi obra o mi imagen para perjuicio de otros, esos hombres que sólo buscaban o buscan su beneficio inmediato o futuro y utilizan o utilizaron mi palabra, obra o figura deberán arrepentirse de ello. El daño realizado a los que engañaron o fueron víctimas de sus maquinaciones, fue mucho y mucho ha de ser su arrepentimiento para poder ser aceptados por El Que Todo lo Perdona: Han de padecer, por el mal causado, para ello. |
DCCCX | DCCCXI | DCCCXII | | Los que se disfrazaron de bien para hacer el mal, son fieras disfrazadas que no dudaron, en su fines, en utilizar palabras de bien para enmascarar su maldad. Ellos fueron elegidos por el Espíritu del Mal para extender, y con ello aumentar, su dominio de maldad entre los débiles hijos de la tierra. Los que así obren son los más perjudiciales entre los hombres, pues usan bien para mal, a ellos les costará arrepentirse y quedarán prendidos del espíritu al que sirven: El que utiliza bien para mal, usa el arma más dañina para el hombre y por tanto, para mi. | Te hablo a ti hijo de la tierra. Mi palabra es la Verdad y aunque huyas de ella y no quieras oírla, ella es más fuerte que tu mentira, en la cual vives, y ella se abrirá camino en las mentes obtusas y cerradas al Bien. Mi palabra resplandecerá en ti, en toda tu alma y cuerpo y su luz se expandirá entre los que necesitan de ella. No quieras renunciar a lo que ya está escrito en el Libro de la Vida antes de que tu nacistes. Tu destino es tuyo y mío, en mi está señalártelo en ti seguirlo. | No hay mensaje más poderoso que el Bien y no hay más bella obediencia que el seguirlo. Si el Bien se te ha concedido, haz de aceptarlo y de él habrás de comer y beber y todo tu habrás de ser él. El Bien te absorberá y tú lo absorberás y nada de ti quedará sin él. Tú y él seréis lo mismo y Él se deberá a ti y tú a Él. Tu camino no será más solitario y tu compañía será la mejor. |
DCCCXIII | DCCCXIV | DCCCXV | | No mires la piel del hombre, mira su interior y lee en su corazón antes que en sus labios. La verdad del hombre está dentro de él y fuera es sólo su forma, una forma que nada dice de lo que guarda. | No temas peregrino de Luz, tú que me buscas incansable en la oscuridad de tu alma, me hallarás y todo tu resplandecerás cuando llegue tu momento de Luz. Tu camino es áspero y cuajado de ingratitud, pero a ti toca el recorrerlo hasta el fin. No temas peregrino, yo estoy contigo y a tu lado y tu camino se tornará de pétalos de luz que te conducirán en un halo de bondad hasta la paz de la Gloria eterna: Tú peregrino de Luz me hallarás en tu infinito. | Tu camino no se halla en la tierra, sino más allá de ella, y en ese camino que habrás de recorrer, me hallarás si así lo deseas y me buscas con la luz de tu espíritu y a la Luz de mi Eternidad Verdadera. |
DCCCXVI | DCCCXVII | DCCCXVIII | | Muros de silencio y oscuridad se levantan dentro y fuera del hombre. La oscuridad del Espíritu de las Sombras. Es poderosa, más la Luz cegadora del Que Todo lo Puede, las derribará y el hijo de la tierra accederá a mi Luz para siempre en mi eternidad. El Espíritu de la Luz del Bien y de la Verdad os espera para llevaros hasta mi, no temáis, es vuestro verdadero camino. | Muchas son las batallas que el hombre libra y en cada una de ellas se deja algo de sí. El hombre ha de ganar la batalla suprema, la que ha de librar contra su mal, si vence o cae derrotado depende de ello su infinitud. En esa lucha ha de contar con sus aliados que le apoyarán en sus momentos de debilidad o flaqueza, siempre que él quiera que así sea: Su voluntad de bien es necesaria para su victoria infinita. | Vine para que el hombre supiera, no para que ignorase. Mi palabra fue dicha a muchos y muchos fueron los que las guardaron en su corazón. Otros no oyeron o no quisieron oír, pero vieron mis señales y supieron de mi. Vine para acercar al hombre a su Creador, para que supieran de Él por alguien cercano a ellos y cercano a Él. Yo fui el puente tendido entre el hombre y su eternidad. Puente que todos habrán de pasar. En ese puente muchos lo atravesarán y otros caerán al agua y serán arrastrados por ella hacia el abismo de su desesperanza. De su desgracia muchos serán salvados, y otros habrá que no quieran ayuda y perecerán en sus cenagosa corriente. Mi palabra os visita de nuevo y de nuevo os tiende su mano El Que Todo lo Puede a través de mi: No temáis al cruzar el puente, pues yo os guiaré a la otra orilla y veréis la Gloria Infinita del Creador. |
DCCCXIX | DCCCXX | DCCCXXI | | Quien quiera oír mi palabra la oirá, quien no, hará oídos sordos y seguirá su camino. Sin la voluntad de fe y de esperanza no es posible oír ni ver, ya que quien no posee esa voluntad permanecerá ciego y sordo hacia mi, aunque no lo sea para lo demás. Otra voluntad habrá de poseer el que quiera ganar su eternidad en la Gloria eterna, y esa voluntad es la de bien: Con esas voluntades llegará a mi y yo estaré en él. | Cuando el hijo de la tierra se extravíe en su noche sin luz, yo seré la Luz que iluminará su camino. Mi Luz le señalará lo verdadero entre lo falso y él podrá elegir. El Espíritu Santo y mi madre pretejerán sus desdichas y tendrá fuerzas suficientes para vencerlas, ya que le serán dadas para ello, sólo habrá de decir: Os imploro ayuda Espíritu Santo, María, Señora del Bien Eterno, y a vuestro amado hijo, ayudadme en esta mi desgracia y podré sobrellevarla y vencerla. Con esta invocación, la aflicción que sobrecoge aliviará su angustia y se reconfortará con la fe de la esperanza. | El hombre no está solo aunque así se lo parezca a su percepción. Desde el momento en que es concebido, el hombre está acompañado, aunque no vea a nadie a su lado. Su compañía es invisible a sus ojos y a los de otros hombres. Esos invisibles estarán con él hasta que muera e incluso, una vez muerto, acompañarán a su alma hasta su eternidad: No temas a tus invisibles, ellos forman parte de ti, aunque no sean tú. |
DCCCXXII | DCCCXXIII | DCCCXXIV | | Un espejo de luz iluminará con su reflejo al mundo y esa será la señal que el hombre espera. El firmamento cegará y ningún hombre podrá mirarlo. Mi voz resonará en la tierra y todos la oirán, auque no todos la querrán escuchar y menos aún querrán seguirla. Sólo los que se atrevan a escucharme y seguirme irán conmigo, el resto de los hombres habrán de buscarme en sus corazones y purificar sus espíritus incrédulos. Sólo así accederán a mi. | Muchas son las promesas que el hijo de la tierra hace, aunque pocas son cumplidas, ya que su momento de necesidad pasa y el hombre tiende a olvidar lo que le cuesta cumplir: Mis promesas serán reclamadas y los hijos de la tierra habrán de cumplirlas antes de acceder a mi. | La belleza de lo imposible llenará tu invisible y tu eternidad será un infinito de Grandeza y de Gloria. Sólo tu Creador te pertenece y tú perteneces a Él. Cuando mueras, hombre, podrás saber lo que no sabes, ver lo que no ves, oír lo que no oyes y sentir lo que no sientes. Todo en tu vida ha sido, incluso tus mejores instantes, un leve remedo de lo que es la Infinita Gloria del Creador, de tu Creador, ya que tú eres Él y Él es de ti. Cuando te unas a Él, volverás a ser el Ser del que partistes y tu origen y final, tu destino se habrá cumplido. Las almas van a Él y Él es el Alma de las almas: Él es el Alma Universal que a todos acoge. |
DCCCXXV | DCCCXXVI | DCCCXXVII | | Sólo encontrará la verdad quien la busque, a él y sólo a él se le entregará. A quien huya de ella aunque se le muestre la verdad, será condenado a no verla aunque la tenga delante de los ojos: Quien busque la verdad, la hallará y su saber lo acercará a mi. | Ella es la Señora de la Bondad Infinita. El refugio seguro contra cualquier mal. La esperanza del perdido. La Que Siempre Acoge. La que nunca desprecia. La que todo lo da y nada espera a cambio. La que ama sin medida. El sostén del desfavorecido, del olvidado, del perseguido, del vilipendiado, del derrotado, del vencido, del débil de carácter y voluntad. Ella es la ayuda segura, la que nunca falla al que lo necesita. La que siempre escucha nuestra súplica. La que todo perdona y a todos Ama. A ella debes encomendarte en tu desdicha. Ella enjugará tus lágrimas. Ella te acogerá en su regazo materno. Para ella tu eres su hijo o su hija, y tu debes sentirla como tu madre eterna y amarla como a nadie más puede amarse. | Antes de que el Universo existiese, estaba el vacío sideral. En el espacio no había nada aunque no era la nada. Antes del vacío absoluto, antes incluso de antes, en el principio de la nada, la ausencia de algo, la ausencia de la nada, lo llenaba todo de lo que no hay. No había luz, ni oscuridad, ni siquiera un algo de nada. No existía el infinito, ni lo eterno. En ese vacío total del principio del principio se hallaba El Todo, lo Inconmensurable. Él creo el tiempo, el espacio, la luz, el sonido, la oscuridad, lo finito y lo infinito, el algo y la nada, lo que existe y lo que no, lo visible y lo invisible. Llenó el espacio de materia y de inmateria, y creó la vida y al hombre, la energía y el movimiento. Con Él fue Todo, sin Él no sería nada. Él creó el principio del principio y Él es el fin del fin. Lo que hay y lo que no hay es Él y Él es el alma y el cuerpo del hombre, ya que Todo procede de Él: Todo es Él. |
DCCCXXVIII | DCCCXXIX | DCCCXXX | | El hombre sólo puede imaginar una sombra de su infinito y un soplo de lo inconmensurable. El hombre está limitado en su percepción y sólo es capaz de conocer lo que se le muestre, el resto permanece invisible y secreto para él. Sólo es capaz de atravesar la barrera de su ignorancia con la fuerza de la fe y con el poder de su esperanza. Así llega a vislumbrar algo de lo que se le oculta hasta que llegue su momento de saber. Sólo mi Luz alumbrará su oscuridad y sólo la verá, quien quiera verla y sentirla. | En la noche más larga y oscura del hombre, más allá de la ausencia infinita y amarga del hijo de la tierra, estoy yo. En la desesperanza de su derrota vital y en la angustia de su final, estoy yo. Más allá de su miedo insuperable, estoy yo. En su pérdida de vida, estoy yo. Desde que nace el hijo de la tierra no está solo, yo estoy con él y él está conmigo y si él quiere me acompañará en su eternidad. | El hombre no conoce, sino la apariencia que cubre sus sentidos. Más allá de lo aparente se guarda la esencia de lo verdadero y esa verdad se le descubrirá cuando alcance su momento. El hombre teme a su muerte, porque sólo conoce de ella su apariencia en los demás y el sufrimiento de la ausencia, no su verdad. |
DCCCXXXI | DCCCXXXII | DCCCXXXIII | | Todo lo que nace o lo pretende, merece nacer o pretenderlo y su lucha por vivir obedece a una razón, razón esta que no está al alcance del hijo de la tierra, ya que va más lejos que él mismo y su existencia de eternidad. Sus designios, se hallan en el Libro invisible del Destino y sólo Él lo sabe, al hombre no le es dado el conocerlo. | El hombre nace, vive y muere, o no nace, porque Él así lo quiere y el hijo de la tierra nada puede contra ello. El hombre dispone de su voluntad de elección, no de su voluntad de destino, ya que no influye ni en su nacimiento ni en su final, aunque él así lo crea: Todo lo creado guarda su finalidad más allá del hijo de la tierra. | La nada está llena de vacío y el vacío ya es algo. En la nada no hay ni siquiera vacío, el vacío de la nada no es, ya que la nada es lo que no es, lo antagónico a lo que es y lo opuesto a lo existente. La nada está llena de nada y lo que es, se difumina en su no ser hasta integrarse en el vacío de la nada, que es nada y no vacío, aunque al ser la nada, nada, ya es también algo: La nada es lo que no es y es sólo nada, vacío, ausencia. La nada es un estado invisible y desprovisto de límites y de otra cualquiera cualidad. La nada es de imposible comprensión para el hombre. |
DCCCXXXIV | DCCCXXXV | DCCCXXXVI | | La nada es el lugar, sin ser ningún lugar, donde se guarda lo que no llega a ser, como una idea jamás pensada. Es una dimensión a donde llega lo que no ha llegado a ser, aunque podía haber sido. Allí se halla lo no nacido, lo no hecho, lo no pensado, lo no sentido. El lugar infinito del no lugar, donde nada es y ni siquiera parece ser y mucho menos llegar a ser. Es un futuro sin antes y un presente que no existe ni llegará nunca a ser. La nada no es la ilusión de algo, ni siquiera es la ilusión de nada: La nada es lo indefinido inexistente que nunca será definición, ni existencia. | Un espíritu poderoso nos envuelve a todos, es el más poderoso de todos, es el Espíritu de los espíritus, de Él parten los demás espíritus y a todos alimenta con su bondad y amor. Aunque de Él sólo proviene Bien, no todos aceptan su alimento y prefieren beber y comer de otros espíritus, algunos de ellos llenos de maldad. De entre ellos sobresale su espíritu más poderoso: El Espíritu del Mal, que acoge a quien no acepta al Espíritu de Bien y Verdad y lo hace suyo hasta pretenderlo más allá de la vida en su existencia eterna. El hijo de la tierra ha de apartarse de su mal y buscar el refugio seguro del Bien que siempre lo acogerá. | La fe de la esperanza es la esperanza de la fe para el hombre. En esa esperanza y en esa fe ha de pasar su tiempo de vida. Esa fe y esa esperanza le ayudarán en sus momentos de duda y de desesperanza y lo acercará aún más al Espíritu del Bien Eterno. |
DCCCXXXVII | DCCCXXXVIII | DCCCXXXIX | | Mi palabra soy yo y yo soy mi palabra. Quien la escuche, me escuchará y quien la niegue, me negará: Es tiempo de oír. | Desde el silencio viene mi palabra que no está hecha de silencio, sino de vida, de fe y de esperanza. Mi palabra no es sólo para ahora o para aquí, sino para siempre y para cualquier lugar. Mi palabra no es para un hombre, sino para todos los hombres. Mi palabra es vida eterna para el que quiera alimentarse de ella. Mi palabra no viene del silencio ni vuelve a él, ya que no es silencio ni sonido y quedará prendida en las almas que la quieran. | Mi voz viene del silencio y es silencio, ya que mi voz sólo se oye en los corazones de quienes quieren oírme. Mi voz está hecha no de sonido, sino de verdad, de luz y de amor para quien la desea oír. Mi voz anidará en su espíritu y acompañará su camino. |
DCCCXL | DCCCXLI | DCCCXLII | | Sólo me calma tu palabra, sólo me alimenta tu alimento que siempre me satisface. En tu palabra sin sonido se halla la luz que hace ver al ciego, entender al incrédulo, reconfortar al necesitado y convencer a los espíritus perdidos. En tu palabra hay vida, vida que no cesa y mana para siempre. Con tu palabra no tengo hambre ni sed, ella es comida y agua, luz, vida y amor a raudales. Sin ella soy un espíritu perdido y hambriento en la oscuridad de mi ignorancia. Tu palabra es abrigo y calor en el frío de la noche más larga y solitaria, ella es consuelo en la aflicción y sosiego en la aspereza del espíritu equivocado. Con ella la maldad desaparece y la bondad perfuma el corazón más extraviado. | Mi palabra no es agua mansa que cae en los corazones, sino agua viva que penetra y vivifica en los dormidos espíritus. Mi palabra no es mía, sino que es la palabra del Espíritu del Que Todo lo Ama y ella es la vida para el alma del necesitado de ella. Para quien no la precise, porque haga oídos sordos a ella, resbalará hasta el fondo de su conciencia y se perderá como se pierde el agua infecunda que cae en terreno estéril y a nadie ni a nada aprovecha. | El Espíritu del Bien es Él y nada pueden contra él ni el Espíritu del Mal ni la indiferencia del hombre incrédulo y menos aún su maldad, que resbala por el Espíritu de la Verdad sin tocarlo ni mancharlo: Él es el Poder de los poderes. |
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