Yo desvelo:
pulsar 1,2,3,4,5,6,7,8,9,10,11,12,13,14,15,16,17y19 18 (MXXII-MLXXXI) MXXII | MXXIII | MXXIV | | El Espíritu del Universo se extiende por el Orden del Mundo. En todo orden allí se halla, en todo desorden la voluntad de Mal se aleja de Él. No hay orden en el Caos que rige el Espíritu del Mal. El mal en el hombre es el desorden de su espíritu que lo lleva, en la debilidad, a alejarse de Él y a desear el mal que su voluntad de bien rechaza. Si en esa pugna vence el bien, se fortalecerá en mi, si vence el mal, se debilitará más y se acercará a su espíritu de mal. El desorden de su espíritu lo dañará y sólo sanará con mi Espíritu de Bien. | Yo soy la voz del silencio, el canto de los pájaros y el de los insectos. Yo soy el vuelo de las mariposas y el aire que va de mi al interior del hombre. Yo soy esa nube que se deshace en su vuelo de agua. Yo soy la montaña que se levanta hacia mi con el poder efímero de su roca. Yo soy la flor de primavera que espera vestida de colores a sus insectos. Yo soy el agua que surca la barca y la que bebe el sediento. Yo soy lo que ves, lo que tocas, lo que miras y admiras y lo que más deseas. Yo soy tu bien de eternidad y el valor de tu miedo. Yo soy la constelación de tus estrellas. El alimento seguro de tu día y la luz serena de tu noche. Yo soy tu sueño y tu vigilia en la noche de tus días. Yo soy tu piel y tu carne y el apetito de tu espíritu. Yo soy tu descanso y tu paz que reconforta las dudas de tu alma. Yo soy la risa y la sonrisa que nacen de ti para mi. Yo soy el correr de la gacela y la sombra de tu árbol. Yo soy la golondrina que arrancó una espina de la piel herida. Yo soy tu sol de cada día. | No temas cuando se acerque el tiempo en el que no cuenta ni el temor ni el tiempo, ya que no existen más allá de la vida. En ese lugar que no es lugar ni espacio, tampoco cuenta lo que se ha sido o lo que se ha conseguido. Allí sólo se es lo que se es, que no es, sino existencia del ser que fue, del ser que fuistes. Tu esencia no te guarda sino a ti, lo que has pensado y sentido y tu voluntad de acción, sea esta de bien o de mal. Esa esencia de tu espíritu, eres tú, es lo que de ti perdurará en el halo luminoso de tu alma, que conserva lo que de ti es verdadero, único y distinguible de cualquier otro ser. |
MXXV | MXXVI | MXXVII | | Mis enviados entre los hombres son numerosos, ellos prestan a los hijos de la tierra lo que necesitan. Ellos son los mensajeros de mi Bien. Otros enviados, lo son del Espíritu del Mal y sólo siembran dolor y aflicción a su paso por el hombre. Los débiles les seguirán asombrados de su poder y serán sus esclavos eternos: Quien sirve al Mal, a él se ata para siempre. Quien sigue al Bien, Bien obtendrá en su eternidad. | En la certeza de lo imposible se halla la esencia de lo infinito, lo que guarda lo impensable para el hombre, lo que posee dentro de sí, su invisible más cierto y oculto. Su inconcebible es su verdad y en esa verdad se halla todo él, aunque el hombre no la conciba con su razón. Cuando la Luz de la Verdad y del Bien ilumine la razón del hijo de la tierra, lo abrirá a la esencia de su ser y esa esencia suya, existirá más allá de el mismo y su razón dejará su ignorancia y el hombre sabrá de él lo que ha de saber: En ese momento el hombre decidirá el camino de su verdad eterna o de su mentira, que ya no será de razón, sino de sinrazón. El hombre elige. | El hombre lleva en su etéreo su inconmensurabilidad, y en esa inconmensurabilidad se halla su eterno, su esencia. Todo hombre ha de saber que posee un espíritu y una imagen única y que ese espíritu, esa alma, es eterna e incorruptible y que sobrevivirá a su materia y que puede y debe elegir su camino tanto en vida, como en existencia más allá y fuera de ella: Quien a mi se acerca, a mi me tiene, quien de mi se aleja, también me lleva. |
MXXVIII | MXXIX | MXXX | El que ve lo invisible, ve. El que oye lo inaudible, oye. El que ve en su enemigo a su amigo, ve. El que ve en el otro desconocido a un hermano, ve. El que se une en el sentir del que padece, siente y ve. El que oye mi palabra en su corazón, oye. El que me ve y oye en los demás, ve y oye. El que no quiere verme ni oírme, no me verá y no me oirá, pues su corazón permanece cerrado, sólo a él verá y escuchará y en él se acabará su sentir. | Quien escucha mi palabra y la guarda en su corazón, me lleva en sí y yo estoy en él. Mi palabra soy yo y yo soy mi palabra. Quien oye mi palabra y deja que no prenda en él, me lleva en sí, pero no me gana, ya que no quiere ser de mi. Yo estoy en el oído, en la vista, en el corazón y en la razón del que quiera tenerme. Yo soy la razón de su razón. Su única razón. La razón de su vida y la vida de su razón. | En el desierto estéril del corazón del incrédulo, late la ignorancia de su razón que le impedirá ver lo que no ve, oír lo que escucha y captar con su mano lo intangible que siente cerca del espíritu de su razón. Ese lugar estéril sólo fructificará en la medida que actúe de acuerdo al bien y a su verdad, aunque ese bien y verdad no sean sino suyos, sólo hay un Bien y una Verdad y si la busca y actúa conforme a ellos, aunque sean suyos, serán míos. |
MXXXI | MXXXII | MXXXIII | | Caminan solos los hombres en la oscuridad de sus almas, tropiezan y caen y vuelven a emprender su camino de ignorancia hacia la nada de su vacío. Se creen solos entre los demás hombres y que nadie ya cuida de ellos. Abrumados por sus obligaciones el camino se les hace largo y atroz, nadie los libera de su pesadas cargas. Continúan, como las aguas que bajan, cada vez más lentos y cansados. Ellos no saben, ya que se niegan a saberlo, que yo estoy con ellos, que yo les acompaño en su camino, que yo los alzo cuando caen, que yo enjugo las lágrimas secas de su corazón dolorido. Que yo sujeto sus cargas para aliviarlos, que yo les muestro el camino y que yo los guío hacia mi, donde no hay ignorancia ni vacío, sino conocimiento de saber y plenitud eterna, bondad y amor infinito, Luz de la Verdad Única. | No hay verdades distintas, sino una sola de la que parten, como los rayos de una luz, las demás, que son derivadas de la Única Verdad. Quien siga cualquiera de los caminos de verdad hasta su origen único, llegará a mi. Quien no me alcance ni me llegue en su búsqueda, es porque no ha llegado a su origen y se ha quedado en el camino del saber. Para llegar a la Única Verdad, habrá de caminar sin temor, oír lo que no se escucha y ver más allá de lo que se ve. El corazón del caminante habrá de rebosar de amor y los obstáculos del camino no han de detener ni desviar su sendero de Luz. | El vértigo de la Verdad Única paraliza al hijo de la tierra. La incertidumbre de su cierto, inmoviliza al hombre en el temor de su ignorancia y no camina por su sendero de luz. Su saber se pierde en el vacío de su imposible: Quien no se atraiga a su verdad, no llegará a la Verdad. |
MXXXIV | MXXXV | MXXXVI | | No hay victoria sin lucha, ni camino sin espinas. No hay nada fácil para el hijo de la tierra. Su lucha es la mía y sus flaquezas en mi hallarán su valor. | A la indecisa claridad del amanecer del hombre, le sucede, la indecisa oscuridad de su anochecer. Entre ellos está su día lleno de luz y sucede luego su noche, llena de temor a la oscuridad y a lo indefinido de sus sombras. Nada ha de temer el hombre, yo estoy siempre en él y con él, sea en la luz o en la tiniebla de su noche eterna. Yo lo guiaré hasta mi y él sabrá lo que ignora. Mi Luz será su luz y su temor se tornará en Gloria Infinita. | Yo soy lo Inexplicable y sólo sabrá de mi, quien quiera saber. Yo soy lo cierto de la sospecha de la duda. En mi no hay doblez ni mentira, yo soy la Verdad de todo cuanto existe y existirá: Quien a mi es, a mi me tiene en él y quien a mi no es, me lleva en él. |
MXXXVII | MXXXVIII | MXXXIX | | No hay verdad para el que no la busque y la anhele en lo profundo de su ser. El que la logra, consigue ver lo que los otros no ven y sentir la música del espíritu en sus corazones, oír la voz de la verdad es saber. Quien sabe, me sabe y me conocerá. No hay duda ni temor en el que sabe y me sabe, y su saber y su verdad es lo mismo y vienen de mi. Su temor no será más y su esperanza le llegará en mi. | Nadie obliga al hombre en su libertad de elección, sólo su conciencia de bien o mal, elige y sólo a ella habrá de responder. Para que sea fácil al hombre elegir su camino, le fueron confiados mis preceptos. Estas obligaciones que no lo son, pues se subordinan a la capacidad de elección del hombre, son hacia él mismo y hacia los demás. Hacia el mismo habrá de respetarse y amarse y será por ello respetado y amado. No habrá de dañarse a sabiendas y deberá alejar el riesgo de herirse o morir por imprudencia previsible o por cualquier otra causa. Deberá cuidar tanto la salud, limpieza y pureza de su cuerpo, como de su alma. Su espíritu deberá llegar a mi tan puro como cuando llegó a él, por lo que deberá preservarlo de maldad e iniquidad y si no pudiera evitarlo, por su debilidad o maldad de corazón, deberá recuperar su bien, sin importarle penurias ni sacrificios para lograrlo. Para ello deberá orar o implorar al Espíritu del Bien y de la Verdad: Su alma quedará confortada por el valor de su bien, su ruego será escuchado y su petición será atendida. | Para vencer la tristeza del alma, el hombre deberá vencer el dolor que oprime a su espíritu. Ese dolor, esa angustia, es proveniente de su falta de esperanza y de fe en lo que de mi hay en él y en los demás: Quien en mi crea, cree en él, y quien en mi no crea, se sentirá solo y abandonado entre los hombres. |
MXL | MXLI | MXLII | | Son obligaciones del hombre hacia los demás, las mismas que hacia sí mismo. Estas obligaciones no son solo hacia otros hombres, sino que incluyen al resto de seres vivos, de los que el hombre es su cuidador y su beneficiario pues de ellos se sirve para vivir. Ama la paz y busca la concordia y has de saber que el mal de la venganza nunca se sacia y su veneno no distingue entre vengador ni ofensor. En el perdón está el bien y en él estoy yo. No dañes por codicia o ambición, pues en ellos vive el mal y serás dañado por él. No hay hombre más o menos que otro, ya que para mi, su valor es eterno. | Más allá del tiempo y del espacio cuando no eran ni tiempo ni espacio, más allá del desierto de la nada, cuando no existía lo existente y ni siquiera la nada existía, era yo. Yo soy El Todo de lo que existe y de lo que no. En mi todo se halla y Todo soy yo. Mire donde mire el hombre, estoy yo y si no es capaz de verme y sentirme, su ceguera y su insensibilidad son mayores que él: Son ciegos de alma, son ciegos de espíritu, son ciegos de corazón, son ciegos de ignorancia, son ciegos de maldad, son ciegos de incredulidad, son ciegos de fe y de esperanza. Su ceguera es el vacío de su desolación y en ella no hay nada, ni siquiera indiferencia. | Conmigo el desierto de la soledad del hombre, florece como un jardín bien cuidado. Conmigo la inquietud del hombre, ante el azar de su vida, se diluye ante mi esperanza de eternidad. Conmigo la desesperanza del dolor, sucumbe ante la seguridad de mi Gloria. Conmigo no hay temor. Yo soy el valor del hombre que en mi cree. |
MXLIII | MXLIV | MXLV | | Quien vence su duda y su incredulidad, a mi me tiene en él hasta su eternidad. Yo soy el Valor de su duda, y la Luz de su ignorancia que abrirá y mostrará al incrédulo, el saber de mi Verdad. Conmigo no hay angustia, ni tiniebla, ni miedo, yo soy el Valor del hombre indeciso, la Luz y la Verdad eternas. Yo soy la Certeza Infinita del Saber. | Y yo digo: No llegará a mi quien no mire la bondad de su alma, ya que yo estoy en ella para él. No llegará a mi quien no siga la voz de la bondad de su alma, pues es mi voz. No llegará a mi quien se niegue a verme en cuanto le rodea, pues yo estoy ahí y él ha de verme si mira con la bondad de sus ojos. No llegará a mi el ciego de corazón que se niegue a sentirme en él, y en lo que hay. No llegará a mi el soberbio y orgulloso que no vea a su igual, a su hermano y no distinga el bien que posee. No llegará a mi el vacío de corazón que no quiera distinguir su mal de su bien. No llegará a mi quien no perdone como yo le perdono. No llegará a mi quien se deje arrastrar por el mal y no se oponga a él con la fuerza de su bien. No llegará a mi el que no busque lo mejor de sí en su corazón y lo aplique en los demás. No llegará a mi el que dañe con intención a su hermano o lo que de mi hay en él. No llegará a mi quien no sufra con el sufrir de su hermano y no trate de aliviarlo. No llegará a mi quien no ame mi obra como yo lo amo a él. No llegará a mi quien no se entregue a su bien y no se aparte de su mal. No llegará a mi quien desoiga mi voz cuando le llegue. No llegará a mi quien no me ame más que me tema. No llegará a mi quien no me busque sin considerar nada más que mi Presencia por encima de lo demás | Las almas que se unen no se separan nunca. Y emprenden juntas su camino de eternidad. Mientras el pensamiento piense en el ausente, éste estará con él. Sólo quien es abandonado en el recuerdo, sigue solo su camino más allá de su vida: Quien de verdad te ame, te esperará en el más allá. En la entrada de su bien se hallará el tuyo. |
MXLVI | MXLVII | MXLVIII | | No llores en exceso a tus muertos, hijo de la tierra, ellos sólo se han adelantado a ti y tú los seguirás cuando llegue tu momento y sea reclamada tu alma. Tus muertos existen más allá de tu vida y de lo que conoces. Ellos te esperarán en sus espíritus para unirse al tuyo y mostrarte el camino de la Verdad Eterna. Su Noche será tu Noche y su Luz será la tuya. | Desprecia tu miedo de soledad. Nadie está solo y sólo es un engaño de tu mente para debilitar tu espíritu de bien. Tú llevas en ti la esperanza de eternidad albergas un alma inmortal y única. | No temas peregrino del tiempo, tu tiempo no se acaba en tu tiempo, continúa en esencia de existencia más allá de él, en eternidad: Lo que es de la tierra, en ella queda, lo que no es de ella, retorna a su origen, principio y fin de lo existente. |
MXLIX | ML | MLI | | Sólo el que cree y el que sabe, pueden tener conciencia plena de sí. Quien no cree, no sabe y caminará perdido por cualquier senda que elija. Ellos ignorarán lo más importante sobre ellos y no alcanzarán a saber fuera de sí. Su saber siempre será superficial y cotidiano y les serán vedados los bienes de su espíritu. Vivirán en su ceguera y sólo abrirán sus ojos en su momento de eternidad. | El hombre se ve obligado a actuar conforme los demás esperan que lo haga, sin obrar conforme a ellos mismos, por lo que lesionan su camino y dañan en debilidad a su espíritu. Ese acomodarse es una pérdida para ellos, aunque no sean capaces de verlo en la ocasión del momento: Sé fiel a tu voluntad de bien y tu alma se fortalecerá. | Nos habla el vacío de su nada, de la impotencia por llenarse y de la obligación de seguir siendo lo mismo: El misterio de lo hueco. El vacío es el hueco de un agujero infinito. Son las cuencas sus ojos. Las cavernas insondables y los abismos sin fondo también lo contiene, y la ausencia de lo que debía ser y no es. En ese vacío está todo lo que no es, es la inexistencia de lo posible, el vacío de la indiferencia y el desconsuelo inconsolable que llena de nada el corazón del sufriente: Sólo yo llenaré ese vacío, sólo tu llenarás tu vacío en mi. Ven a mi y tu vacío no será más. |
MLII | MLIII | MLIV | | Conmigo está el saber, en mi no hay sino Verdad y los misterios de lo oculto de mi huyen, pues yo soy la Luz que descubre la ignorancia y desvela cualquier misterio. La oscuridad se acaba y la doblez de lo real y lo imaginado, no son sino uno. El Mal no tiene donde ocultarse y huye de mi, pues yo soy y estoy en el Bien, ya que Todo en mi lo es. Quien ame el bien a mi me ama, y quien no ame el bien, a mi no me ama, aún así yo estaré en él para liberarlo del Mal y que acepte su bien y su Verdad ya que en ellos estoy yo y él en mi. | En lo que se dice sin decir, en lo que se nombra sin nombrar. En lo que se imagina sin ver. En lo ignorado que se sabe. En la voz de lo silencioso. En la palabra de la Verdad, ya que la Verdad no es palabra, sino verdad. En lo imposible hecho cierto. En lo inmóvil en movimiento. En el misterio revelado de lo oculto. En la sombra del deseo dentro de todo bien. En lo que se ve y se siente sin motivo. En lo que se percibe sin sentir. En el corazón de la indiferencia y en el vacío del odio irracional. En la ingravidez de la nada hecha sustancia. En el espíritu impoluto que se sustrae a la materia. En el alma asustada del condenado. En la más solitaria soledad del desgraciado en su pesar. Estoy. | Yo soy la certeza de lo inimaginable para el hombre. La razón de su ser y de su existencia. Su primero y su último. Su verdad única. Su esencia de eternidad. Su más allá de él. Su antes y su después. Su misterio desvelado: Su explicación a su inexplicable. |
MLV | MLVI | MLVII | | El hombre teme lo que conoce y lo que no, lo que sabe y lo que sospecha. Teme al propio hombre y se teme a sí mismo y a su debilidad. Teme lo que ve y lo que percibe. Teme a su momento final y teme perder lo que posee. Teme por los suyos y por cualquier cambio que pueda empeorar su situación. Teme perder su salud y sus bienes. No teme el incrédulo a lo que no conoce, a lo que ignora, porque quiere ignorarlo, no teme y no ama, sólo ignora, y con el peso de su ignorancia arrastra a su alma a un camino de incertidumbre y desasosiego: Quien no quiera creer en mi, no obtendrá la paz de espíritu en su momento final y temerá lo que no debe temer, pues yo estoy al final de su camino. Temerá en su vida lo que no debe temer, pues yo estoy en él y él en mi aunque quiera ignorarlo: Quien cree en mi, no teme, pues está en mi y lejos de todo temor, ya que nada podrá contra su existencia eterna. Yo soy la Vida y quien en mi cree, vivirá en mi eternidad infinita. | Yo no digo lo que el hombre quiere oír o teme oír, sino lo que es y no puede dejar de ser ya que así ha de ser. | Llegan a mi los lamentos de los dañados, los suspiros últimos de los moribundos y de los gritos de terror de las almas, indefensas ante la desdicha, sé de todos ellos, ya que nada escapa a mi presencia. Nada del hombre que atañe al hijo de la tierra, me es indiferente. Todo lo de él me atañe y me concierne. Nadie hay dejado de mi mano, aunque él así lo crea. Yo estoy en él y con él y quien me siente en sí, sabe de mi y en mi busca la fortaleza en su desgracia y fuera de ella. |
MLVIII | MLIX | MLX | | La ignorancia de la fe, de lo que carecen de ella, no les impiden el uso de su razón con la que llegarán al mismo razonar que la fe con su piedad y esperanza, es decir, a ver lo que no se ve, oír lo que no se oye y sentir la gratitud por lo dado a quien lo ha dado en el corazón del alma del Espíritu del hombre. Para ese sentir, ver y oír está dotado todo hijo humano, pues procede de mi y en mi no hay confusión, sino verdad clara y pura y así ha de verla quien la busque en sí y en los demás con la ayuda del Espíritu de la Verdad que en él lleva. | Sólo lo humano es como lo humano, lo que no es humano no es como lo humano, sino distinto y diferente y el hombre sabe y conoce que lo que no procede de él, no es de él e incluso lo que procede de él, es de otra procedencia que no es él. Si la razón humana no es capaz, por la oscuridad de su ignorancia, de entenderlo es porque no quiere hacerlo y prefiere no cambiar su ignorancia por verdad. | A los que no les alumbra la luz de su corazón, les alumbra la luz de su razón, ambas luces llevan a mi y, quien las apaga sólo verá oscuridad, aunque lleven mi Luz en sí. |
MLXI | MLXII | MLXIII | | En el corazón del espíritu desesperado, en la agonía de su tribulación, en la pena más onda de su alma, si el hombre mira dentro de él, me verá y sentirá mi presencia que será la Luz que ilumine su desesperanza y lo conduzca hacia la esperanza de su camino hacia mi. Mi espíritu de amor eterno le dará la fuerza que precisa y en mi hallará el consuelo de lo inevitable, siempre que su debilidad, ante su pérdida, no le haga renegar de mi en él y se aparte de su Luz de Verdad, que es la mía, y se refugie en su tiniebla. | Lo que desees en la tierra te huirá, lo que desprecies te seguirá, lo que signifique tu mal, te encontrará. Tu bien de hoy, será tu mal de mañana y todo mudará a tu alrededor. Lo que ayer significó, hoy no será y tu bien será desgracia más allá de él. Sólo lo que en mi se halla permanece y no conoce el mal ni la desgracia. En mi no es mudable lo que es y yo soy en sí y por sí, la eternidad del bien está en mi y yo en ella, ya que somos lo mismo. Yo soy el Principio y el Fin del hijo de la tierra y de cuanto hay. | Lo que amas en la tierra, lo amarás más allá de ella, ya que el amor irá con tu espíritu y seguirá en ti. Tu esencia no eres tú, pero guarda lo que de ti es valioso y único, te guarda a ti en tus pensamientos y sentimientos y ellos serán parte de tu eternidad. El poder del Bien, borrará tu mal. |
MLXIV | MLXV | MLXVI | El Mal resbalará por la piel del Bien hasta perderse en su abismo infinito. Nada podrá contra él, ya que no hay poder más poderoso que el Bien, ya que todo él de mi procede y a mi volverá. | Nada ni nadie podrá evitar mi palabra, ya que a él llegará aunque no quiera oírla. Mi Palabra soy yo y nadie podrá contra ella como nadie puede contra mi. Yo soy la Razón Única del Universo y en mi está mi palabra. Quien la niegue, a mi me niega, y quien la quiera ignorar, a mi me ignora. Mi palabra es para ser oída con el corazón del espíritu, no con el oído de la razón. | No hay dolor que yo no alivie, ni mal que en mi se escude. No hay maldad que no se pierda, si así lo desea su autor. Yo amo al hombre en la debilidad de su mal y en la minúscula pequeñez de su intención. Todo en el hombre es él, y todo en el hombre está más allá de él. |
MLXVII | MLXVIII | MLXIX | | En el origen del hombre se halla el resultado de su fin. Nada en el hijo de la tierra y en el Universo que lo cobija, y fuera de él, es fruto del azar, no hay ni un solo haz de luz o partícula de cualquier materia que no contenga mi orden absoluto: Todo lo que hay, de mi proviene y todo lo que hay, a mi volverá. | No hay dicha en el hombre, ni desgracia, que no acabe, excepto cuando el hijo de la tierra deja de serlo y accede a su eternidad. | No hay azar en la vida del hombre, sino certeza en el origen de su origen y en el fin de su fin. Sólo la voluntad de bien o de mal o de decisión que el hombre sea capaz, podrá cambiar para bien o mal, el curso de su vida. En su existencia infinita, sólo el deseo absoluto de mi bien podrá ser de él y él de mi. |
MLXX | MLXXI | MLXXII | | En lo imposible yo soy posible, ya que en mi todo es y sin mi nada es. Yo soy la Verdad inmutable y eterna que siempre es, ha sido y será. Sólo la voluntad de Bien y de Verdad hará al hombre acceder a ella. | Ni el bien ni el mal tienen límites, sólo la voluntad de bien o de mal son capaces de acotarlos. El bien, en su origen, proviene de mi y en su fin a mi irá. El mal procede del Espíritu del Mal y a él va. Quien se deja arrebatar por el torbellino de su maldad, no podrá frenarlo y se apoderará de su espíritu inmortal. Quien sirva a su Espíritu de Bien, a mi llegará y nada podrá contra él. | El hijo de la tierra con su actitud en su vida, es capaz de causar dolor y tristeza tanto a sí, como a los demás. Esa tristeza a mi me llega. El hijo de la tierra puede provocar, si así lo desea, alivio y alegría de vivir y ser. Y ese sentir y hacer a mi alma me alcanza y alegra, pues para eso fue creado por mi. |
MLXXIII | MLXXIV | MLXXV | | Yo estoy en el primero y en el último de los seres, ya que todos de mi provienen. De todos los seres del Universo, sólo el hombre es capaz de sentirme en sí y de verme y oírme en él o en los demás: A quien más se le da, más se le exigirá. | No fue creado el hombre para sufrir, sino para gozar y disfrutar de mis dones en él y en los demás: Mis dones en el hombre son su bondad y su bien y su alegría de corazón. Esos dones no son sólo para él, sino que debe repartirlos entre los necesitados de ellos. | En el oscuro callejón de la duda, deambulan las almas sin rumbo. No se miran entre sí y vagan silenciosas y apenadas en su indiferencia perpetua. Ya ni siquiera se preguntan que es lo que hay más allá de lo que hay, más allá de su pobre realidad cotidiana, sólo vagan angustiadas en busca de que les acoja un imposible verdadero, en el que no creen en el corazón de su ignorancia completa, vana esperanza nacida de la desesperación de su soledad infinita. Así y todo Él los acoge en su Bien de Bondad cuando quiebren sus dudas hacia Él. |
MLXXVI | MLXXVII | MLXXVIII | | No temas peregrino de Luz, yo guiaré tu camino hasta mi. Y las tinieblas del mal nada podrán contra ti. | En tu soledad de fuego las estrellas brillan para ti una a una. En cualquiera de ellas estoy yo y en todas ellas. Tu camino no es de soledad, ya que yo te guío desde que nacistes y mi mano lleva la tuya a través de la ignorancia de la tiniebla . Mi Luz no te cegará, ya que no ciega a quien me busca, sino conforta en mi. | Más allá de la duda insoluble de la razón el hombre busca en su inteligencia y en lo que observa, la respuesta que necesita para poder explicarse así mismo y lo que le rodea. Sólo es capaz de hallar más preguntas y menos respuestas, ya que su razón aún no alcanza a comprender lo que se le niega a su inteligencia: Habrá de mirar con ojos de niño y corazón de bien y sólo así, se explicará lo inexplicable. |
MLXXIX | MLXXX | MLXXXI | | La inteligencia del hombre no puede pensar en lo impensable, ni deducir lo indeducible, ni decir lo indecible, sólo a mí corresponde enseñar al hijo de la tierra lo que desconoce, ya que de el mismo no puede salir lo que no ha entrado antes. Sólo así el hombre conocerá lo desconocido en él y en lo que le rodea y podrá pensar en lo que no podía, deducir con su razón a lo que no alcanzaba, y decir y hacer lograr entender lo indecible para él, antes de ser dicho por mi. | Cae la tierra a la tierra, sube el aire al aire y por él llega el aliento de los oprimidos, de los desesperados, de los tristes, de los olvidados por los demás, de los que no se recuerdan, de los dolientes, de los sufrientes y de los vacuos de corazón. También llegan las risas, la música y los parabienes sinceros de las gentes alegres. A mi llegan todas las voces y yo a todas amo y escucho y con todas estoy: Con dolor ante el dolor, y con alegría ante ella. Mi Luz más alumbra en la oscuridad de dolor que en la claridad alegre del día. | El hombre yerra arrastrado por el egoísmo de su ignorancia y la soberbia de su corazón. Quien persiste en su camino perdido sólo hallará en él, el vacío de la desesperanza de los que no confían en su propia fuerza de bien. El incapaz de buscar su bien ha de ayudarse de la fuerza de bien del Espíritu de Bien o del bien de otros hombres que le guíen. Quien renuncia a ellos por la debilidad de su espíritu y por la flaqueza de su carácter, vencido por su propia sumisión al Espíritu de su mal, habrá de luchar para vencerse o será vencido para siempre. |
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