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Nicodemus
pulsar
2,1,3,4,5,6
y 8
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CCCLXI |
CCCLXII |
CCCLXIII |
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Lo que no existe no
puede existir, luego
toda vida nueva ya
existía en su
precedente,
aunque en forma
invisible
o preexistente.
En el primer hombre
y en
la primera mujer
preexistía
toda la humanidad,
tanto
la pasada como la
actual
y la futura. En sus
células están
nuestras
células y somos
parte
de ellos y ellos de
nosotros.
Lo que existe,
existía y
esa existencia
celular
lleva incorporada
las
instrucciones de la
especie
de la que se trate,
incluida
la humana. El pasado
es un avance del
futuro.
Por ese motivo el
hombre
es tan parecido en
cualquier
época y se haya
sujeto a
similares
condicionantes.
El pasado es el
presente
y el futuro y están
implícitos en cada
ser. |
Donde no existe el
tiempo.
Donde no existe el
frío o
el calor.
Donde no existe la
noche ni
el día.
Donde no existe lo
conocido
ni lo desconocido.
Donde no existe la
existencia.
Donde no existen las
pasiones
ni los deseos.
Donde no existe lo
animado
ni lo inanimado.
Donde no existe lo
vivo ni
lo muerto.
Donde no existe el
espacio,
ni espacio, ni
lugar.
Donde no existe luz
ni
sombra.
Donde no existe ni
algo ni
nada.
Donde no existe ni
una mota
de polvo.
En ese fatídico
lugar que no
es lugar ni nada que
se le parezca,
en esa nada entre la
nada
moran las almas de
los
desgraciados que
fueron condenados
al silencio de la
ignorada.
Ignorados por la
eternidad en
una perpetua
inexistencia
tan invisible como
inútil:
Condenados a no ser
ni
siguiera almas
condenadas,
sino
sólo un fracaso
infinito.
|
Bienaventurados los
que
extienden un
mensaje,
pues ellos serán
oídos
más allá de donde
llega
la palabra.
Bienaventurados los
que
creen, pues ellos
serán
creídos en sus
hechos
y palabras.
Bienaventurados los
que
se atreven a
proclamar
un mensaje diferente
a su realidad, pues
ellos se encontrarán
con sus palabras y
en ese encuentro
hallarán su paz.
Bienaventurados los
que
buscan la Verdad,
pues
ésta es única y
desinteresada y
ellos
la hallarán.
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CCCLXIV |
CCCLXV |
CCCLXVI |
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Muchos son los
desiertos
del
corazón humano, más
entre ellos surge el
vergel de la esperanza
que
le ofrece no acabarse
nunca en la Gloria
de
su Creador. |
Quien cree en mí,
cree en lo mejor de
sí,
y quien no cree
en
mí, ha de buscar
refugio a su maldad
en
su propio corazón
atormentado. Su
precario cobijo se
deshará como el
humo al viento.
|
Quien confía en lo
que
de mi hallen en él,
no
morirá y vivirá
en
la Gloria Infinita
más
allá del fin
de
los tiempos. |
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CCCLXVI |
CCCLXVII |
CCCLXVIII |
|
Muchos son los
hombres
que utilizan sus
creencias
para obtener
ventajas
sobre los otros
hombres.
Ellos imploran al
Señor
del Universo para
conseguir
predominio. Son
iguales
a los siervos de
Zoeltebec
que pretenden
privilegios
a través de su
maldad:
Los que quieran lo
que
no pueden tener por
otros medios, no
serán
oídos y sus
peticiones
se perderán sin
querer
ser escuchadas: Sólo
lo justo que nace de
la desolación
llegará
a mi Padre.
|
Sólo la oración que
nace
en el interior de la
necesidad angustiosa
llega hasta mi Padre
el resto se difumina
como humo al viento. |
Así como el alma
inmortal
es prisionera de un
cuerpo
mortal y
corruptible. El
hombre es prisionero
de
sus propios deseos y
pasiones
de las cuales sólo
podrá
liberarse mediante
la
intercesión del
Espíritu
del Bien que le
otorgará
la fortaleza
necesaria
para vencerlos. Y
pueda
presentarse libre y
limpio
a la Gloria de su
Creador |
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CCCLXIX |
CCCLXX |
CCCLXXI |
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Quise que el hombre
comprendiese,
por eso vine.
Los hombres no
quisieron oírme,
sólo querían mi
ayuda para
aliviar sus dolores.
Aunque me
oían, sus mentes no
recibían
mi mensaje, pues su
voluntad
era reacia a lo
nuevo. Las
creencias antiguas
les bastaban
en su ignorancia.
Sólo unos
pocos quisieron
abrirme sus
corazones y mentes y
en ellos
germinaron mis
palabras.
Muchas de mis
palabras se
olvidaron y
perdieron y otras
se ocultaron. Muchos
no
entendían el sentido
de mis
palabras, y las
malinterpretaban.
Lo dicho por mi no
les
importaba, sólo
querían ver
mis señales. Cuando
me fui
el hombre siguió
sumido
en su ignorancia,
más
mis semillas dieron
frutos
que llenaron la
tierra.
|
No hay vida sin
muerte
ni muerte sin vida
para
el hijo de la
tierra.
Igual que la semilla
duerme en la tierra
hasta
su momento de
germinar,
la vida del hombre
duerme
hasta que llega su
momento
de despertar a la
vida
de la tierra. Una
vez
cumplido su curso,
vuelve
a su origen terreno.
Su
alma regresa a su
lugar,
intacta en los niños
y purificada en los
demás
por sus obras y
sentimientos
o por purificar de
sus culpas
hasta ser admitida
en
su origen inmortal.
|
El paraíso terrenal
para
el hombre es su
inocencia.
Su pérdida conlleva
la
expulsión de lo
ideal.
Nadie que no
recupere
la inocencia de su
infancia, podrá
regresar
a él. El Paraíso
terrenal
es una forma única
de
ver y sentir la vida
y
no importa el lugar
o
la circunstancia en
la
que se esté: Es la
ausencia de malicia
y de la maldad que
lleva consigo. Tu
paraíso está en ti y
de su pérdida nace
el hombre o la mujer
que eres. Quien no
me
busque con esa misma
inocencia, no me
verá.
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CCCLXXII |
CCCLXXIII |
CCCLXXIV |
|
|
La Verdad no es para
guardarla para sí,
sino
para compartirla con
quien la acepte. La
Verdad avanza
despacio
en el corazón de los
hombres, pero una
vez
llegada a él, no lo
abandona. La Mentira
avanza rápida, más
al final sucumbe a
la Luz y descubre
su maldad oculta.
|
Dos son las misiones
del
hombre: Buscar la
Verdad
y proclamarla a los
que
la buscan, una vez
hallada
ésta. Para que su
camino
sea más fácil debe
buscar
en mi palabra, pues
en
ella se halla lo que
el
hombre busca. Fuera
de
mi no hay salvación.
Fuera de mi todo es
oscuridad y mentira
y
quien sigue el
camino
de la mentira se
perderá.
Muchos profetas no
son
sino Zoeltebec o
enviados
suyos plenos de
palabras engañosas. |
Dos son los
corazones
puros: El corazón de
la inocencia que no
conoce la maldad
dentro
de sí, y el corazón
del
hombre que sí la
conoce
y la rechaza al
reconocerla
dentro de sí. Es
mayor
el mérito de quien
la
rechaza, pues lucha
contra
sí mismo, ya que su
maldad está dentro
de él.
Quien se vence a sí
mismo,
se acerca a mi y la
fuerza
de su victoria
estará
guardada por el
Espíritu Santo
que la presentará a
mi Padre.
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|
CCCLXXV |
CCCLXXVI |
CCCLXXVII |
|
Cuando supieron de
mi
muerte, muchos de
mis
discípulos y
seguidores
dejaron de creer en
mi.
Incluso mis
apóstoles,
a los que elegí para
extender mi doctrina
dudaron de mi.
Mi muerte me igualó,
a sus ojos, a los
demás
hombres y se
preguntaron
¿Sí es como
nosotros,
a qué adorarlo y
seguirlo?
Ellos me eran
necesarios y para
vencer
su desilusión sobre
el
Hijo del Hombre, me
aparecí a ellos en
otra
apariencia y les
hablé
sobre lo que
esperaba de
ellos. Desde ese
momento
dejaron de dudar y
de
temer por sus
creencias.
Mi nueva fue
extendida
por el mundo y los
hombres supieron de
la
existencia de lo
Inconmensurable y de
lo que de ellos se
esperaba para ganar
la vida eterna:
La Verdad fue dicha.
|
Muchos conocen la
Verdad
más pocos la siguen
en
sus dificultades
para
acercarse a mi. Y yo
os
digo: Quien no se
venza,
no vencerá a su
enemigo.
Quien no se
entregue,
no recibirá ningún
fruto
pues su árbol se
secará.
Sólo el que beba de
mi agua
apagará su sed y
sólo el
que coma de mi
cuerpo
y beba de mi sangre
sabrá de mi y de
la Gloria eterna que
le ofrezco.
|
Sólo las almas del
bien
y los espíritus de
la bondad
se aceptarán en la
eternidad.
Los cuerpos de los
hijos de
la tierra volverán a
ella:
Invoca al Espíritu
del Bien
y de la Verdad y Él
te
iluminará y te
mostrará
lo que de mi hay en
ti. |
|
CCCLXXVIII |
CCCLXXIX |
CCCLXXX |
|
Sólo los hijos del
Mal
se niegan a aceptar
mi Verdad y huyen
de mi palabra. Sólo
su voluntad de bien
puede acercarlos a
mi,
para ello deben
renunciar
a Zoeltebec. Con la
ayuda del Espíritu
Santo
recobrarán su
voluntad
de bien y el camino
de la Verdad.
|
La batalla nunca
cesará,
el hijo del hombre
porta
el bien y el mal y
esa
lucha continua le
acompaña
durante su vida. Su
voluntad
de bien debe vencer
a su
espíritu de maldad
para
alcanzar la Bondad
Suprema,
para ello debe
buscar la
ayuda del Espíritu
Santo
con esta invocación:
Espíritu Santo acude
a mi
y no me abandones
nunca.
Fortalece mi brazo
para
vencer a mi enemigo
más
poderoso y sutil.
Hazme
merecedor de tu Bien
y
de tu Verdad para
que
pueda alcanzarlo.
|
La fuerza del
Espíritu vence
las leyes de la
materia y
lo que no parece
posible
lo es. La energía
intrínseca
de la materia no se
pierde
y la energía de
nuestra
materia se une a
nuestro
espíritu y forma un
cuerpo
inmaterial pleno de
luz y
energía. Ese cuerpo
conserva
la imagen aunque no
la
materia original de
la que
se formó, que se une
a la
tierra y en ella se
fundirá.
La materia se queda
en
la materia y la
energía
se une al espíritu
en
un alma inmortal,
intangible e
imperecedera:
No hay más vida para
el hombre que la que
emana de él y de
su espíritu.
|
|
CCCLXXXI |
CCCLXXXII |
CCCLXXXIII |
|
|
No hay misterio para
quien
lo conoce, ni
mentira para
el que conoce la
verdad.
Para ocultar el
vacío de su
ignorancia el hombre
se protege
con el misterio. La
imaginación
trata de vislumbrar
lo oculto
a la inteligencia,
más el no
saber y el no
conocer hace
supersticioso al
hombre. Los
misterios no son
sino verdades
ignoradas: Sólo la
fe
mitiga la ignorancia
del
hijo de la tierra.
No hay
misterios, sino
ignorancia.
Sólo el hombre es
culpable
de su ignorancia al
no querer
aceptar mi mensaje
de luz
y amor.
|
Como sarmientos
retorcidos
así se retuercen las
almas
de los condenados
ante los
suplicios eternos.
Ellas aún
podrán salvarse si
lo imploran
y se arrepienten de
sus maldades
y reniegan de
Zoeltebec, el
inspirador de su
maldad.
Si piden su perdón
serán
perdonados por El
que Todo
lo Puede.
|
Quien de mí come
no querrá otro
alimento.
Y quien de mi bebe
no buscará otra
fuente
para su sed.
Si aplacas tu hambre
y tu sed con mi
alimento,
no precisarás otro y
serás saciado hasta
la eternidad.
|
|
|
CCCLXXXIV |
CCCLXXXV |
CCCLXXXVI |
|
|
Padre mío, tú que me
oyes
porque quieres oírme
en tu
Gracia Soberana,
escucha
mi súplica: Sea tu
nombre
innombrable por los
blasfemos
y demás hijos del
Mal.
Cuida de tus
desvalidas criaturas
y conduce a tu Reino
Inmortal
a lo que así lo
merezcan.
Perdona sus faltas y
protégeles
del Mal.
Padre mío que estás
en todo,
cuida de tus
criaturas en la
Tierra como cuando
ya no
estén en ella.
Llévalas a tu
Reino. Perdona sus
faltas,
y líbralos del Mal.
|
Muchos son los
pesares del
hijo de la tierra y
pocas
sus alegrías. Aunque
él
tiene reservada la
mayor
gloria si cree. Su
fe le
llevará a la Gloria
junto
al Todopoderoso y su
Bien
no tendrá merma.
|
Señor del Universo y
Padre
de lo creado,
escucha la
súplica de tus
criaturas
los hijos de la
tierra:
Ellos necesitan de
tu
Soberana Presencia y
de tu Bondad
Infinita.
Ellos viven en la
penumbra
y necesitan de tu
Luz
y de tu Verdad
Eterna.
Necesitan de la guía
del Espíritu Santo
de
María y del Hijo del
Hombre para acceder
a tu Presencia y al
Amor Eterno
de tu Gloria |
|
|
CCCLXXXVII |
CCCLXXXVIII |
CCCLXXXIX |
|
Lo que se espera de
ti
es que tu fe sea más
poderosa que tu duda
y que sigas mi
camino
en tu corazón con la
fuerza del Espíritu
de
la Verdad que
alienta
tu espíritu.
|
Aunque no quieras
acercarte
a Él y la certeza de
tu
duda te lleve a su
renuncia,
Él seguirá a tu lado
y
cuando veas su Luz
no
dudarás en seguirla.
|
Señor, Señor
apiádate de
los indefensos
hombres que
tanto te ofenden.
Señor
dales las fuerzas
para vencer
al Espíritu del Mal
que
quiere arrebatarles
de tu
lado. Señor
muéstrales
tu camino luminoso
para que salgan de
las
sombras tenebrosas.
|
|
CCCXC |
CCCXCI |
CCCXCII |
|
Los aliados de la
muerte
son espíritus de la
bruma.
Ellos causan el
dolor de
su Maldad en los
hijos
de la tierra: Hay
dolor,
más no hay muerte,
hay
ausencia, más no
abandono,
hay pérdida, más
sólo
aquí en los
encarnados.
Si los que mueren
fueron
amados en vida, lo
serán
en la Eternidad. Y
si no
lo fueron, lo serán
en
deuda a su amargura
por el que Todo lo
Ama.
|
Si el hombre en su
duda
no posee ninguna fe
en
la existencia eterna
y en
que pueda existir un
Creador
de todo, y sólo es
capaz de
creer en lo que ve y
toca.
Eses hombre
incrédulo, incapaz
de ir más allá de si
mismo
y de lo cercano,
debe mirar
el firmamento en una
clara
noche estrellada.
Una infinidad
de estrellas le
dirán de su
pequeñez y de su
insignificancia
y de que hay un Ser
Superior
capaz de ordenar ese
mundo,
tan descomunal para
el hombre
que es incapaz de
comprenderlo
o asumirlo. Cuando
ese hombre
en su contemplación
sienta
el vértigo de lo
imposible,
sabrá que no está
solo,
que nunca lo ha
estado y
nunca lo estará. Él
pertenece
al Universo y el
Universo
le pertenece y
cuando se sienta
uno y todo,
comprenderá lo
indescifrable de su
ser y su unión
más allá de lo que
la armonía
de su unión le
ofrece, en ese
momento sabrá de lo
eterno
y que lo eterno
siempre ha
sabido de él. Ese
Eterno
es su Creador que le
espera
más allá de su
insignificante
pequeñez. Desde ese
instante
creerá y nada ni
nadie
podrá apartarlo de
lo que
siente en lo más
profundo
de su ser. Su
espíritu está
presto para su unión
con
el Universo más allá
de
su razón.
|
La fe no se pierde
es la razón de la
duda y la duda de
la razón lo que la
distrae y dispersa.
Pero la fe sigue
ahí,
presta a creer lo
que
no ve, no sabe y no
comprende. Esa fe es
el instrumento más
valioso que la
Gracia
del Espíritu Santo
deposita en nuestra
alma. |
|
CCCXCIII |
CCCXCIV |
CCCXCV |
|
En la nada no hay
nada
ni siguiera un poco
de algo,
un algo de ilusión,
de esperanza.
En la nada sólo hay
vacío.
Es un hueco
aterrador,
un gigantesco
agujero negro
donde se hunden vida
y consuelo
arrastrados por el
torbellino de la
muerte.
En la nada ni
siguiera hay muerte.
|
Si el hombre ve las
estrellas
es porque necesita
verlas
ya que los órganos y
sentidos
del hombre están
adaptados
a sus necesidades. Y
si necesita
verlas es porque en
ellas está
la constancia de la
Infinitud
de su Creador. Quien
mire
al Cielo a de creer
y si
no es capaz de ello
es porque
su mente se distrae
en detalles
insignificantes y
trata así
de huir de la Verdad
Universal
que se presenta ante
sus ojos.
|
Lo cotidiano distrae
al hombre
y le impide tomar
conciencia
plena de sí mismo.
Al mismo
tiempo lo cotidiano
muestra al
hombre su realidad
más cercana
y le ayuda a sortear
las flaquezas
de su espíritu. Lo
cotidiano da
fuerzas para seguir
y vencer
la desesperación y
al mismo
tiempo lima las
armas para
luchar contra esa
misma
desesperación ya que
lo
cotidiano se inicia
y acaba
en sí mismo. El
hombre
debe saber combinar
ambas
energías y que una
no prevalezca
sobre la otra, ya
que cuerpo
y espíritu van
juntos y son
inseparables del
ser.
|
|
CCCXCVI |
CCCXCVII |
CCCXCVIII |
|
|
Igual que el hombre
se
beneficia de la
bondad
humana y se
perjudica
con su maldad. Su
beneficio, si acepta
los
dones del Espíritu
Santo,
será inconmensurable
y eterno
y su perjuicio, si
acepta
al Espíritu de la
Maldad,
será del mismo modo
inconmensurable y
eterno:
El hombre elige.
|
El enemigo del
hombre es fuerte
aunque su aliando lo
es aún
más. No hay maldad
que venza
en el tiempo, su
victoria es
la del instante y su
perjuicio,
aunque parezca
duradero,
es tan amargo como
efímero
En su perpetua
insatisfacción
el mal nunca
consigue su
propósito, ya que el
hombre
es indestructible y
si lo ataca
el mal es porque su
aliado
es el Espíritu
eterno del Bien
al que jamás el Mal
podrá
vencer. El Mal
deberá retirarse
a su morada de
sombras eternas
para no ser
deslumbrado por la
Luz emanante del
Bien y
de la Verdad, y
desde la
| |