Nicodemus
pulsar 1,2,3,4,5, 6,7,9,10
y 11
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(CDXX - CDLXXXII)
CDXX |
CDXXI |
CDXXII | En los hijos de la tierra se halla el compendio de mi ser. Estoy en todos los hombres y en el resto de los seres. No hay insecto ni microbio que no me porte, aunque ellos lo ignoren. Más sólo el hijo de la tierra posee mi imagen de hijo del hombre y en su espíritu se contiene mi palabra, aunque no lo sepa ni nunca la haya oído. | A quien no le importa su mal, no ha de importarle su bien. Quien se despreocupa de su mal causado, no debe esperar bien del Que así lo Puede. Más mi Padre da Bien por Mal para que el hombre recapacite en su camino y enmiende su daño: El que no quiera entender, entenderá. | Bellas son las palabras del Bien que aún resuenan en mis oídos en esta hora amarga. Su cuerpo, torturado y escarnecido por el mal, yace en su cruz ante la burla de sus enemigos. No sé a dónde mirar, donde pongo mis ojos lo veo a Él en su dolor. Su madre ya no llora. No le deben quedar lágrimas en sus secos ojos. Pocos los que han venido a despedirle, es arriesgado, y las iras de la maldad están prestas a abatirse sobre nosotros. ¡Ha muerto el Ángel de Israel, el Profeta del Señor!. Nuestra congoja no tiene a donde acudir. ¿Quien velará por nosotros? El Mal se cree libre del enemigo y se ufana de su daño. El día se hace noche y la tierra parece querer atraparnos. Todos huyen despavoridos. El mal se estremece de terror. Las piedras ruedan. Después el silencio lo llena todo. Lo bajamos y cubrimos su lastimado cuerpo: Lo que termina, empieza. Se inicia el despertar del hombre. |
CDXXIII |
CDXXIV |
CDXXV | | Sólo el que cree en mí, me conocerá. El que sepa de mí y no quiera saber, me ignora y quien me ignora no me descubrirá en su corazón dormido. El que se considera mi enemigo, lo es de él mismo y está conmigo aunque no lo quiera. Si él quiere conciliar su espíritu, me hallará dentro de sí dispuesto para él. Sólo el indiferente a mí no me hallará y deberá buscarme en su purificación si quiere acceder a la Gloria dimanante del Señor de la Creación. | Hijo de la tierra: si sientes que tus caminos se angostan hasta cerrarse a tu paso, no te desesperes, mira al firmamento y sabrás de la Gloria del Señor. Él sabe de ti y si lo buscas a través del Espíritu Santo, lo hallarás y tu camino será el más ancho y luminoso de todos. Su Luz te guiará y no habrá obstáculos para ti: Quien busca la Gracia la halla en su interior. Nada podrán contra ti ya que tu camino es el del Bien y la Verdad. | Quien se abre al conocimiento del saber, me hallará, pues yo estoy en lo más pequeño y en lo más grande, dentro y fuera de él, en lo que le rodea y circunda su interior, en el aire que respira y en el agua que bebe. Si no es capaz de verme es porque su ceguera es mayor que su interés en la Verdad: Cierra tus ojos y me verás en tu oscuridad, ábrelos y me verás a tu alrededor, yo soy todo y la nada y estoy en todo para el que quiera hallarme. |
CDXXVI |
CDXXVII |
CDXXVIII | Igual que las planta necesitan el agua que riegue sus raíces, el espíritu necesita del agua de la fe para vivificarse y poder fructificar. Un espíritu sin fe se agosta y seca en la más feroz de las sequías y no dará ningún fruto. La fe es el agua del espíritu y sin ella no puede alzar su vuelo de esperanza hacia el Bien y la Verdad. | El planeta Tierra es el planeta Vida y en ningún otro lugar del Universo es la vida más propicia. De esa vida el hombre es su ser más importante y aunque toda vida es extraordinaria en sí misma, ninguna posee las habilidades del hombre y ningún otro ser puede acercarse a su Creador: El hombre es el rey de la Tierra por sus cualidades únicas. | La Tierra es el planeta de la vida, pues es donde más seres vivos hay. En otros planetas hay formas de vida, pero en ningún otro lugar existe la cantidad y variedad de vida que en la Tierra. De entre las especies sobresale el hombre, ya que la especie humana es la única con conciencia y dotada con la capacidad y de la voluntad de elegir. Se halla adornada con la Gracia del Espíritu Santo y posee un alma inmortal, lo que hace al hombre imperecedero y por lo tanto distinto a cualquier otro ser. |
CDXXIX |
CDXXX |
CDXXXI | | Más allá del Bien y del Mal, más allá de las sombras eternas que envuelven lo oscuro del Universo, se halla el Espíritu del hombre cuando viene a él. Es el propio hijo de la tierra el que elige su camino. | Quien ama la carne, está condenado a perderla. Quien ama el espíritu, ama lo vivo del ser humano, su esencia verdadera, él no se corrompe ni muere. El cuerpo es el sostén del alma y cuando el alma lo deja, se va de él la vida. La vida es en el hombre más que simple motor del cuerpo, es el soplo del espíritu eterno hecho realidad tangible e imperecedera. | ¿Quién vela, quién cuida y protege al hombre?. Muchos son los protectores del hijo de la tierra: los espíritus de los suyos, de los que le amaron y le aman. Mi madre María, el Espíritu Santo y yo mismo, el hijo del hombre. Aún así, cada cual ha de cubrir su camino solitario. |
CDXXXII |
CDXXXIII |
CDXXXIV | | La palabra que llega mejor al hombre es la que quiere oír. Lo que no desea oír, resbala por sus oídos como el agua por el lecho del arroyo y nada queda de ella. No querer oír lo que molesta, no le quita fuerza, ya que la Verdad sólo tiene un camino y una palabra, convenga o no al hijo de la tierra. | El Espíritu habla más claro a los hambrientos de palabra que a los ahítos, ya que a los artos de cuerpo y alma no creen necesitarlo, cuando son ellos los más faltos, ya que más se han alejado de Él. | El pan calma el cuerpo más no el espíritu que necesita el alimento del Espíritu del Bien y de la Verdad para satisfacer su hambre de eternidad. |
CDXXXV |
CDXXXVI |
CDXXXVII | | Hijos de la tierra: Romped las cadenas que os atan al Mal, liberad vuestro espíritu prisionero de ingratitud e iniquidad y pensad qué: Lo que dais al hombre, me lo dais a mi y lo que quitéis al hombre me lo quitáis a mi. Los otros hombres deber ser yo para ti y tu debes ser yo para ellos. | El Mal parece fuerte, más si os enfrentáis a él será como el azúcar al agua y de él no quedará rastro: Mi poder prevalecerá. | Muchos son los hijos de la tierra que gimen sus males y pocos lo que proclaman sus bienes. Más tanto unos como otros son las voluntad indescifrable de mi Padre y el hombre ha de acatarla. |
CDXXXVIII |
CDXXXIX |
CDXL | | Los bienes del hombre no son los terrenos, ya que ellos se quedarán en la tierra a la que pertenecen. Los verdaderos bienes del hombre se guardan en el corazón de su espíritu y ellos son los que le hacen grato a mis ojos. | Los que buscan consuelo, en mi lo hallarán. Los que buscan su camino, en mi lo hallarán. Los perdidos, en mi se hallarán. Los olvidados, en mi serán recordados. Los desposeídos, a mi me tendrán. Los apagados, mi luz los iluminará. Los melancólicos, en mi se esperanzarán. Los vacíos, en mi se llenarán. Los que sufren, en mi se confortarán, los moribundos, en mi vivirán siempre. Los desgraciados, en mi hallarán Gracia eterna. Los rotos por la vida, en mi se compondrán. Los derrotados, en mi hallarán su victoria. Los muertos de corazón, en mi hallarán vida. Los desamparados, en mi hallarán amparo. Los abandonados, en mi hallarán su refugio. Los tristes, en mi hallarán la alegría de sus corazones. | El hombre no puede imaginarse el infinito, no puede imaginarse, la nada, tampoco puede imaginarse a Él, el Señor de todo lo creado. Lo que excede de los límites de la razón humana, sobrepasa su imaginación y el hijo de la tierra se ve obligado a ceñirse a su propia esperanza de fe, único refugio de su duda. |
CDXLI |
CDXLII |
CDXLIII | | El hombre lleva en sí a los que le precedieron, por lo que nunca está solo. Igual mis apóstoles llevaron y extendieron mis enseñanzas que no eran sino las de mi Padre. Esas enseñanzas pasaron de unos a otros y perviven en quienes las creen y están adornados por la fe del Espíritu Santo. Mi Iglesia porta la llama incombustible de mis palabras o lo que es lo mismo, de la Verdad revelada por mí: Qué los distintos senderos que se te ofrecen, no te distraigan del camino verdadero y único. Ninguno que crea en mí, conocerá la soledad angustiosa del espíritu. | Quien no cree en mi madre María, no cree en mí. Mi madre fue siempre pura y su pureza y bondad le hizo ascender sin la impureza de la muerte. Ella no conoció la corrupción de la carne ni la del espíritu, ya que fue pura de cuerpo y alma hasta mi Padre. | Cuando el hombre se vuelve fiera, pierde su condición humana y se aleja de mí. En ese momento deja de ser hombre y se convierte en un ser movido por el odio, el rencor, la soberbia, la ambición o la desesperación. Aunque de sus hechos responda como hombre, no lo es, ya que no lo guía su razón, sino sus más bajos y crueles instintos. Es en esos momentos hijo del Espíritu del Mal y hasta que no renuncie a él, no volverá a ser hombre. |
CDXLIV |
CDXLV |
CDXLVI | | Y el quiso que la vida llenase el mar, la tierra y el aire, y que su Gloria perdurase entre los hombres. Ordenó el orden del Universo para servir a la vida y que ésta se maravillase de lo hecho: Quien no lo ve, morirá ciego. | Si al hombre no le asombra el día y la noche y su matemática cadencia, ha de admirarse del Sol que alumbra su tiniebla y calienta su cuerpo. Y si aún toda esa maravilla le parece común, y las estrellas y planetas son para él puntos en el cielo, habrá de admirarse de su propia vida, aunque no comprenda lo que le rodea, y si su vida no es nada para él, ha de reconocer que más allá de ella le espera el saber de sus dudas. | Cuando hayas de seguirme, lo sabrás. Detrás de tu última puerta me hallarás, tu vida es una parte libre de mi y te pertenece y me pertenece, pues también es una parte libre de ti: No por buscarme me hallarás, sino cuando sea el momento, y en ese instante tu duda, ya no será. Y aunque andes de espaldas, mi Luz te guiará y nunca más extraviarás tu camino hacia mí. |
CDXLVII |
CDXLVIII |
CDXLIX | | El que me nombre es un farsante, ya que mi nombre no está dicho al hombre y dan lo ignorado y secreto, por sabido y conocido. | Quien oye mi palabra, queda prendido de ella y nada ni nadie podrá desviarle de su misión, cuando sea requerido para ella. | Y la vida llenó la tierra, el agua y el aire, y de todas las especies, sólo a una la dotó de alma inmortal, y esa especie pobló la tierra y supo de Él. Y esa especie quiso ser superior a Él, a su Creador y esa especie será barrida de la tierra por El Que Todo lo Puede, sino abdica de su inicua soberbia humana. A esa especie se le mostró el camino verdadero y quiso ignorarlo: Quien merezca salvarse, será salvado y quien quiera salvarse, se salvará. |
CDL |
CDLI |
CDLII | | No hay distintas realidades, sino una sola realidad que el hombre interpreta a su antojo. Lo que es realidad aquí, no lo es en otra parte, y lo que en la Tierra influye, carece de valor más allá de ella. Cada ser posee su propia y limitada realidad. Todas esas pequeñas realidades, aunque ciertas, no son nada más allá de ellas. El hombre se crea realidades falsas que cree verdaderas y su vida transcurre en una nube de mentiras, y aunque esa nube no la cree él, se ve obligado a aceptarlas o a apartarse de los demás hombres en retiro. | La única y cierta realidad es que el hombre igual que nace, muere y en ese camino ha de saber encontrar esa única y cierta realidad que le muestro. No aceptarla no la impide y el transcurrir es imparable para el hombre. Si el hombre se eleva por encima de su propia mentira hallará la realidad única y verdadera que es la suya y esa realidad lo acercará a mi, ya que yo no soy apariencia, sino esencia de verdad, y detrás de esa realidad suya se halla la realidad universal que afecta a todas las pequeñas realidades de todos los seres creados, incluida la del hombre. Esa realidad Universal soy yo, el Hijo del Hombre, que lo espera junto a mi Padre. | No hay antorcha que ilumine la profunda oscuridad del Mal que anida en algunos hombres. La maldad humana se recrea en su daño. Su soberbia le impide reconocerse como el autor de acción maligna lo cree que ha hecho lo que debía y que su obrar es necesario para él y sus intereses y por tanto no incurre en mal, ya que sus intereses están por encima de los conceptos usuales del bien y del mal. Lo bueno para él, es bueno y lo malo para él, es malo. En su egoísmo no ve más allá de el mismo y los demás sólo son en cuanto a su interés, sin significar nada más para él: Su castigo, si no enmienda su mal, caerá sobre él. |
CDLIII |
CDLIV |
CDLV | | No todo el que puede entender, entiende. Al que le falte la voluntad de creer no querrá entender y su mente se cerrará a la Verdad que no quiere saber. Sólo el que abra su corazón a la esperanza la obtendrá de sí mismo con la ayuda de la Luz de la Verdad. | Vosotros, los que amáis las apariencias y procuráis parecer lo que no sois. Vosotros os quedaréis sin nada, toda vuestra apariencia es sólo eso, una máscara ante los demás, y ante vosotros. Vuestra máscara caerá y sólo quedará vuestra verdad, si es que aún creéis en alguna que no seáis vosotros y vuestra perdida vanidad. | Lo que debe ser y no es, queda fuera del alcance de la Maldad y cerca de Él, aunque no haya causado mérito ni demérito. Las fuerzas del Mal nada podrán contra lo que podía haber sido y no fue, debido a la maldad o negligencia humana. Su lugar es la nada y su espera acabará cuando el hijo de la tierra acabe su existencia: Lo que no principia, no termina. |
CDLVI |
CDLVII |
CDLVIII | | Cuando el hombre sobrepase los confines del Universo que le atrapa en sus límites, será libre. Mientras tanto ha de soportar sus propias incertidumbres y vivir conforme a los usos que le marcan otros hombres anteriores a él. Su propio peso le aplastará contra el suelo y sólo su carga será liviana cuando siga mi palabra de Luz y eternidad. | No comete daño quien no lo quiere, sino el que lo desea y ejecuta, y aunque no lo hiciera y sólo lo desease, seguiría siendo en intención, por lo que de él, aunque no cometido, si lo realizó en su corazón y de él habrá de arrepentirse para su perdón. El que no quiere daño aunque lo cause, no responderá de él, ya que su corazón no quiso hacerlo, y en su propia torpeza lleva su castigo. | Igual que el daño acosa al hombre hasta su destrucción, el bien lo ampara hasta su salvación. Hay quienes sólo ven daño y quienes sólo ven bienes, aunque ambos, el bien y el mal, coexisten y es potestad del hombre elegir o rechazar uno u otro. La mayoría camina por el camino de la indiferencia, camino que les lleva al olvido eterno. |
CDLIX |
CDLX |
CDLXI | | Señor ilumíname con la Luz de tu bondad y sabiduría para que no yerre el camino hacia ti. | Muchos son los que lloran y pocos los consolados, esos serán mis preferidos para recibir lo que les faltó. Yo soy el padre de los huérfanos de afecto y en mi hallarán el calor de su frío, la sangre de su corazón y el alimento de su espíritu. | Yo soy el Principio del principio y el Fin del fin. Si estás a mi lado, ningún mal podrá contra ti. El Espíritu Santo te dará su fuerza de convicción y de poder y el Mal no podrá acceder a ti. Igual que las flores del campo florecen y se marchitan a su tiempo, para de nuevo volver a florecer en el tiempo propicio, tu florecerás en mi aunque te marchites y se acabe tu vida en la tierra, tú florecerás en mi para siempre. |
CDLXII |
CDLXIII |
CDLXIV | Él detuvo el gran torbellino y del remolino inmenso hizo surgir el orden y todo ocupó su lugar. En Él, todo es infinito y sus medidas no existen pues no son medibles. Todo Él es inconmensurable y Él es la misma medida del tiempo y del orden del Universo. Él es el pastor de la Creación y la misma Creación no sería sin Él. Más allá de Él la nada se retuerce en la infinita angustia de su soledad. No habría espacio sin Él y toda luz y toda energía proviene de Él. Sin Él no habría nada ni nada acaecería. | Si seres humanos nacidos de la misma madre y del mismo padre son diferentes y hasta opuestos en sus deseos y razones y aún en su físico, no ha de extrañar que hombres distintos e iguales, nacidos de otros hombres y mujeres siendo por ellos hermanos de especie, sean capaces de odiarse y atacarse con saña y crueldad por sus motivos opuestos y sus cambiantes pareceres e ignoren sus muchos pareceres y la coincidencia de sus fines y origen. Estos hombres tendrán su momento de paz y llegarán a soportar sus diferencias y similitudes y se verán impedidos ha unirse en una causa común que a todos ellos afectará. En ese momento estaré al lado de ellos y ellos sabrán de mi. | Más alta que la montaña más alta, más profunda que la más profunda sima, así es la conciencia de los hombres. Ellos pueden elevarse o hundirse según actúen. En su obrar se halla su salvación o su perdición. |
CDLXV |
CDLXVI |
CDLXVII | | Más hermoso que el azul del cielo, más suave e íntimo que el olor de la vida temprana. Más dulce que la miel de los campos de Jericó. Más melodioso que el canto del ruiseñor matutino. Más suave que una piel recién nacida, así es lo que espera a los sentidos del alma de los elegidos ante la presencia de Él. | Mis palabras no son para todos, sólo son dichas para el que quiera escucharlas. En los que no quieran oírlas, resbalarán en sus oídos hasta perderse en la maraña de sus vacíos pensamientos. Mis palabras son para quien las necesita, para el que anhela saciar su sed con ellas y llenar su alma para no precisar más alimento que ellas para su espíritu. No deben pronunciarse ante mentes vacías o vacuas, ante gentes preocupadas por sus ganancias o su medro, sino ante los que buscan algo más dentro de sí y sólo hallan la zozobra de su aliento perdido en la oscuridad de sus mentes. A ellos me dirijo y a ellos me doy y digo: Quien acoja mis palabras, me acoge a mi y nunca le faltará la luz de la esperanza eterna. Yo soy de los hambrientos y de los sedientos, no de los satisfechos. | Yo no vine para tranquilizar al hombre en su duda existencial, vine para sembrar una semilla de fe y de esperanza. Vine para abrir las oscuridades de la mente a la luz y que la duda que mortifica y anula la fe y la esperanza, se disipase como la niebla ante la fuerza de los rayos del sol. Vine para transformar duda en fe, y muerte en vida y angustia en esperanza. Y que el hombre supiera que estaré con él en su desolación, en su desesperación y en su más perdida desesperanza y soledad de espíritu: Mi camino queda abierto sólo queda seguirlo. |
CDLXVIII |
CDLXIX |
CDLXX | Qué es la angustia de la soledad ante la muerte de un ser querido. Esa angustia y esa soledad supera la propia, para después unirse a ella y causar el apagamiento del espíritu. Para salir de ese estado de desdicha profunda, sólo cabe la oración a quien siempre la recibe de los que lo precisan. El Espíritu Santo aliviará la pena de la pérdida y la soledad se tornará en compañía: Quien crea a pesar de su daño, se salvará. | Me entregué al hombre, al hijo de la tierra perdido y sin rumbo, y le di mi mano para que me siguiera, le di mi sangre para que saciara su sed y le di mi carne para que no volviese a tener hambre, hambre o sed de Verdad, de amor o de saber. Yo soy el guía del hombre, el que señala su camino y le ayuda cuando se extravía. Yo soy la luciérnaga en el corazón del hombre. La mano que lo alza cuando cae y la luz que alumbra su desdicha. Su destino de luz en la oscuridad de su noche de tinieblas. Yo soy la alegría de su risa y las lágrimas de su llanto. Conmigo no hay temor ni pena: Yo soy el que siempre has esperado más allá de ti. | Aunque los caminos a la Verdad sean varios, sólo hay una Verdad y el resto de las certezas son derivadas de ella. Aunque el hombre ha tratado de llegar a la Verdad él sólo no puede acceder a su puerta, han de mostrarle el camino de ella y descubrir sus maravillas. Esa puerta es la entrada al Infinito de la Gloria Eterna y está vedado a los que no lleven la pureza en su corazón y el amor a la Verdad en sus ojos del alma. Y la bondad que portan les abrirá lo cerrado a otros y para ellos alumbrará la Luz eterna en Gracia eterna al portador de bondad y pureza de corazón. |
CDLXXI |
CDLXXII |
CDLXXIII | | No es afortunado el hombre porque Él está con él, sino su riqueza es una prueba, una dura prueba de su bondad para con los demás hombres. Pocos son los afortunados capaces de gastar en los demás, al contrario, suelen procurar acrecentar sus bienes hasta donde pueden, sin importarles las desdichas que le rodean. En esos casos su riqueza es una maldición tanto para ellos como para los demás, ello no alcanzarán el Bien entorpecidos por sus bienes, y los demás no conocerán la ayuda de quien puede ayudarlos. En esos casos su fortuna es la mayor desgracia, ya que les cerrará el camino hacia la única y verdadera posesión: La Gloria eterna. A quien más se le da, más se le pedirá. | No porque poseas alimentos en abundancia, podrás comer más de lo que quepa en tu estómago, ya que si así lo haces sufrirás el mal a tu exceso. No porque poseas bienes en abundancia podrás disfrutarlos, ya que los límites del hombre lo impedirán. Así quien no reparte su sobrante, no podrá aprovecharlo para sí y sufrirá las consecuencias de su egoísmo necio, cuando llegue el momento de llevar las manos llenas de bondades, amor y buenas obras para los otros hombres, él llevará sus manos vacías y presentará su vergüenza ante Quien Todo lo Puede. | La riqueza del hombre no es sólo su fortuna, sino los dones que poseen que lo diferencian de los demás hombres. Esa riqueza ha de compartirla con los otros hombres, ya que para ese fin le fue concedida. Si no lo hiciera, no cumpliría con los propios dones concedidos y se consumirían en su egoísmo estéril: A quien se le da, más se le exigirá. |
CDLXXIV |
CDLXXV |
CDLXXVI | | Nada es más valioso en el hombre que el afán por acercarse a Él. Sólo con querer acercarse, ya se acerca y sus faltas quedarán limpias y su corazón purificado. Para aproximarse al Señor del Universo, debe orar con la fuerza y la pasión del necesitado de auxilio. A través del Espíritu Santo, María o yo, el Hijo del Hombre, la oración sentida y angustiada llegará hasta Él y Él atenderá la súplica necesaria. | La vida no ha sido creada para sufrir, ni para mortificarse por propias o ajenas culpas, la vida está creada, para que se maravillen los seres vivos de ellos mismos y de lo que les rodea. La vida es más bien que mal y más disfrute que dolor, aunque existen el mal y el daño y nos hagan sentir su presencia. Alégrate por ti, ya que puedes hacerlo, y prepárate para cuando se acabe tu tiempo en este, tu maravilloso mundo terrenal. Si lo terreno no fuese valioso, ningún ser procrearía, ya que no desearían que sus descendientes sufrieran, y el planeta Tierra carecería de vida continua.
| Si os agrada lo que hacéis y os sentís gratificados por ello, no tiene mérito, pero si lo que hacéis, no queréis hacerlo porque os resulta desagradable o excesivo, por su trabajo o molestia, y no obtenéis por ello ninguna gratificación, eso sí es meritorio, ya que por ello os vencéis a vosotros, vencéis vuestros temores y vuestros escrúpulos y sois capaces de purificaros por vosotros mismos. Vuestra recompensa será cierta y os elevaréis por encima de los demás hombres en bondad y sacrificio. |
CDLXXVII |
CDLXXVIII |
CDLXXIX | | A ti peregrino de Luz que incansable recorres los rincones del mundo y combates la oscuridad de los hombres con tu Rayo de Verdad y esperaza eterna. | Mi agua no es la que va y viene, mi agua es la que permanece en mi, la que me conoce desde que nací. Mi agua sabe de mis células, las recorre una a una y conoce lo que les falta o sobra. Mi agua sabe de mis pensamientos. Sabe de mis flaquezas y de mis fortalezas. Mi agua soy yo. Cuando falte, mi agua se incorporará al mundo, el que la bebe, sabrá de mi. Y yo sabré de él. Mientras permanezca mi agua, aquí permaneceré. | Mis ojos vieron girar el mundo en un torbellino de estrellas. Vi nacer la Tierra y a todos sus seres, sin saber a donde iban. También giraban en un Universo en movimiento continuo fuerzas universales antagónicas que pugnaban por expresarse. Los choques eran continuos entre planetas, cometas, satélites, planetoides y estrellas que, como el Sol, brillan con luz propia y con sus rayos templan la frialdad de las sombras perpetuas. Y de todos los mundos elegí la Tierra para darme a conocer, y al hombre |
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